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sábado, 4 de mayo de 2019

Descubriendo Asia Menor II. Día 8, 2ª Parte. Iasos.

Kiyikislacik es un pequeño pueblo pesquero con escaso ambiente fuera de la temporada veraniega. Su desarrollo económico se encuentra lastrado por su excéntrico emplazamiento en relación con la ruta principal más cercana y por estar comunicado con el resto de Turquía por un par de carreteras estrechas y con mucha curva, bastante incómodas de recorrer. Es evidente que poca gente va a Kiyikislacik de ordinario y de hecho apenas encontramos tráfico tanto en el trayecto de llegada como en el de salida. 



Foto 1 (arriba).- Torre cuadrada de la fortaleza del istmo perteneciente a la construcción original del siglo VII d.C. Foto 2 (centro).- Gran torre semicircular localizada en el frente meridional de la fortaleza del istmo. Obra de comienzos del siglo XV. Foto 2bis (abajo).- Fragmento de la muralla hecatómnida de Iasos sobre la que se apoya un sector del frente meridional de la fortaleza del istmo.

sábado, 27 de octubre de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 8, 1ª Parte. Euromos.

Salimos de Milas en dirección oeste. El sol de la mañana luce alegre sobre nuestro pequeño opel alquilado. La carretera, bien conservada y mantenida, avanza pegada a las primeras estribaciones de una sierra cubierta de árboles. A nuestra izquierda se extiende un valle no muy ancho parcelado en cultivos de varias clases. No llevamos mucho tiempo conduciendo cuando a lo lejos divisamos una airosa columnata de inconfundible factura clásica que rápidamente identificamos como perteneciente al gran templo de Zeus Lepsinos. “Es ahí” comentamos: las ruinas de la antigua ciudad de Euromos, nuestro primer objetivo del día, acaban de ser localizadas. Sólo queda estacionar el auto, pagar al guarda la minuta de entrada (5 liras turcas por persona) y comenzar a explorarlas. Pero antes vamos a conocer, como de costumbre, un poco su historia…

Fotos 1.- Vista general de la gran tumba localizada en la necrópolis meridional de Euromos.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 7, 2ª Parte. Labraunda.

13 kilómetros al norte de Milas, en un recóndito paraje de las montañas cercanas, se alzan las ruinas del santuario de Labraunda, que fuera centro de máxima devoción para carios y licios. Es un lugar de gran hermosura no sólo por la belleza intrínseca de los restos antiguos, que no es poca, sino por su magnífico paisaje, resumible en un inmenso bosque de pinos desafiando la gravedad allá en sus enriscados lechos de roca y arena. He aquí el objetivo trazado para la tarde de nuestro séptimo día de viaje por Asia Menor.


Foto 1 (arriba).- Detalle de la fábrica de sillería empleada en todas las estructuras de época hecatómnida existentes en el santuario de Labraunda. Foto 2 (abajo).- Muro de contención del primer aterrazamiento.

sábado, 9 de junio de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 7, 1ª Parte. Estratonicea.

Como viene siendo habitual en este viaje amanece soleado y sin frío, invitando al amante de la historia clásica a subirse al auto y partir en busca de algún lugar antiguo, pleno de aroma y sabor a siglos, que aspirar y degustar.



Figura 5 (arriba).- Croquis del complejo gimnástico-termal de Estratonices. Foto 1 (centro).- Vista general de dicho complejo. Foto 2 (abajo).- Exquisito paramento de sillería marmórea empleado en la construcción del complejo. 

Hoy nos toca adentrarnos un poco más en el corazón de Caria. 30 kilómetros al este de Milas, concretamente, allá donde se alzan las ruinas de Estratonicea, confundidas en el entramado urbano de su heredera, la localidad turca de Eskihisar. La carretera es muy cómoda y moderna, una autovía con amplios carriles y escasa pendiente a pesar de discurrir por un área montuosa, cubierta de bosques de pinos. No tardamos por tanto más que una veintena de minutos en llegar al yacimiento y estacionar el coche en sus inmediaciones. Conozcamos la historia del lugar antes de seguir adelante…

domingo, 13 de mayo de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 6, 2ª Parte. Alinda.

Nuestro siguiente destino es la localidad de Karpuzlu, veinte kilómetros al oeste de Alabanda, esto es bastante cerca. El trayecto resulta, no obstante, un poco accidentado toda vez que buena parte del terreno entre ambos lugares es abrupto y la carretera estrecha. Pero bueno, el caso es que media hora después nos encontramos aparcando el coche en una pequeña plazoleta en el centro urbano de un pueblo humilde, poco desarrollado, al cual desde luego todavía no ha llegado la relativa modernidad que se observa en la costa turca del Egeo.


Foto 1 (arriba).- Terraza sostenida con paramento de sillería de época helenística. Foto 2 (abajo).- Vista general del Mercado de Alinda.

Karpuzlu es la heredera de una antigua ciudad caria llamada Alinda. Sus ruinas se localizan en la cumbre de la colina que se alza a poniente del pueblo. De hecho las casas modernas llegan casi hasta las primeras estructuras antiguas. Aunque Alinda nunca ha sido excavada (su necrópolis sí que ha recibido alguna intervención arqueológica) lo cierto es que sus vestigios están bastante bien conservados, mereciendo el calificativo de monumentales en algunos puntos. Nos apetece, pues, visitarlos, de manera que, tras aprovisionarnos de agua en una pequeña tienda, tiramos por la primera calle que parece encaminarse hacia arriba. No es del todo sencillo orientarse en el laberinto de callejas, flanqueadas por casas de dos ó tres pisos, algunas en ruinas. Que la dirección es correcta salta a la vista pues no es rara la presencia de elementos clásicos reutilizados en las paredes de dichas casas, mas al final decidimos preguntar a un chico joven, con la buena suerte de que sabe algo de inglés y nos proporciona información precisa y útil. Poco después divisamos los primeros paredones grecorromanos y unos cuantos minutos más tarde estamos bajo su sombra. Es hora, pues, de conocer la historia de Alinda antes de seguir avanzando.

miércoles, 18 de abril de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 6, 1ª Parte. Alabanda.

Dejamos Aydin a primera hora de la mañana de un nuevo día soleado. La carretera transcurre hacia el sur, adentrándose en el interior de Caria. El paisaje a los lados es más o menos llano, algo amarillento a causa de la sequía que, al parecer, está aquejando a esta región de Turquía desde comienzos de año. A la altura de la localidad de Çine aparece un cartel que nos desvía hacia el oeste. Enseguida rodamos por la carretera que conduce a Doğanyurt (también llamada Araphisar): una pequeña aldea heredera de la que en otros tiempos fuera rica y famosa ciudad de Alabanda, cabecera de convento romano y diócesis episcopal durante el dominio bizantino. 7 kilómetros después atisbamos en la lejanía las primeras evidencias de yacimiento clásico (restos de paredones argamasados con mortero romano). La visita está a punto de comenzar de manera que vamos a repasar un poco la historia de Alabanda antes de poner el pie en tierra y echar a andar…

Foto 1.- Necrópolis oriental de Alabanda. Marcas de sepulcros.

Aunque se han realizado algunas excavaciones en el yacimiento, lo cierto es que la historia de Alabanda no se conoce demasiado bien debido a la sorprendente escasez de inscripciones localizadas. Ya en 1841, Charles Fellows, el primer explorador occidental del yacimiento, destacó esta pobreza epigráfica la cual, lamentablemente, ha sido confirmada por las sucesivas intervenciones arqueológicas. Debemos, pues, apoyarnos en la información proporcionada por las fuentes escritas completementada con la obtenida del análisis de los edificios exhumados, el material mueble relacionado con éstos (cerámica, monedas, etc) y, por supuesto, los diferentes registros estratigráficos.

domingo, 25 de marzo de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 5,2ª Parte. Tralles.

Conducimos durante algo más de media hora por el interior de Jonia hasta cruzar el límite de provincia moderna (Aydin) y el de región antigua: a partir de un cierto punto ya estamos en Caria. Aydin, la capital provincial, una floreciente ciudad de 200.000 habitantes, es nuestro siguiente destino. Concretamente queremos visitar las ruinas de su antepasada: la otrora célebre ciudad de Trales (Tralles en latin, Tralleis en griego).

Foto 1.- Vista general del complejo gimnástico-termal de la antigua Trales.

Aunque tenemos cierta idea de donde se encuentran las ruinas (en la cima de una alta escarpadura al pie de la cual se alzan los edificios de la actual Aydin) y aún llevamos un mapa básico lo cierto es que nos tiramos un buen rato yendo de un lado para otro de la ciudad sin acertar a dar con la senda que conduce al yacimiento. Y eso que divisamos algunos vestigios de la ciudad antigua en lo alto, pero del camino que hasta ellos conduce nada de nada. Probamos a dirigirnos monte arriba con la esperanza de dar con alguna indicación, mas lo único que conseguimos es presentarnos, por error, en el control de acceso a un cuartel del ejército turco, lo que no dejaba de tener su emoción. En honor a la verdad nos trataron bastante bien y, a pesar de las dificultades idiomáticas, nos proporcionaron algunas referencias acerca de la manera de llegar al yacimiento. Lamentablemente no nos fueron de utilidad así que otra vez de vuelta a la ciudad, un montón de paseos más, algún que otro “engaño” por parte del GPS (nos lleva a un jardín de infancia llamado “Tralleis”) y, por fin, casi a la desesperada pues la tarde avanzaba ya peligrosamente y nos quedábamos sin luz, tomamos una carretera algo cutre que conduce al sector noroccidental de la ciudad. Ahí la suerte nos sonríe de una buena vez en forma de cartel indicativo. Desde ese punto ya no resulta difícil llegar al solar de la antigua Trales. Estar atentos al resto de señales indicativas y poco más. La carretera serpentea monte arriba, bordeando los terrenos militares que ocupan la cumbre del monte, hasta llegar a la valla metálica que delimita el yacimiento. Ahí aparcamos y nos disponemos a explorar la ciudad de Trales. Pero antes, cómo solemos hacer en este blog, vamos a conocer un poco su historia.

sábado, 24 de febrero de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 5,1ª Parte. Magnesia ad Maeandrum.

Dejamos Kusadasi, en la costa del Egeo, a primera hora de la mañana de un día soleado e incluso cálido para finales de otoño. La carretera avanza hacia levante, internándose por la retaguardia de Jonia, camino de la frontera con la vasta región de Lidia. Conducimos durante tres cuartos de hora. El interior de Jonia es montuoso, las sierras pobladas de pinos se suceden; el paisaje no está demasiado bien preservado y la sequedad del año tampoco contribuye precisamente a embellecerlo, mas con todo resulta agradable de contemplar. Por fin, en un punto de la vía que une las localidades de Söke y Ortaklar, muy cerca ya de esta última, al pie de la serranía antaño conocida como el monte Tórax, divisamos en lontananza unos imponentes paredones con evidente aire de fortificación antigua. Son los restos de la muralla bizantina de la antigua Magnesia del Meandro, nuestra primera visita de hoy. Es por ello que aparcamos a un lado de la entrada al yacimiento y, tras cumplimentar al guarda de la puerta, penetramos en el interior del recinto vallado. Conozcamos un poco la historia de esta ciudad antes de descubrir sus misterios…


Foto 1 (arriba).- Templo de Artemisa Leucofriene. Último escalón del estilóbato, peristilo y cella al fondo. Foto 2 (abajo).- Esquina enlosada del peristilo muy bien conservada.

Los orígenes de Magnesia del Meandro (Magnesia ad Maeandrum en latín) se encuentran ocultos tras la bruma de la leyenda. Conocemos bien el mito de su fundación gracias a cierta inscripción localizada en el año 1892 dentro del recinto del ágora de Magnesia. Al parecer los primeros colonos procedían de Tesalia, en la Grecia continental, de donde partieran en época remota siguiendo las indicaciones de una profecía dictada por Apolo. Tras recalar en Creta, donde permanecieron por espacio de 80 años, Apolo volvió a facilitarles su ayuda, guiándoles hasta este rincón de Jonia, junto a la copiosa corriente del río Meandro, entonces llamado Manthios. Comandados por un notable guerrero llamado Leukipos, los recién llegados entraron en contacto con Mandrolytos, soberano de una ciudad nombrada Mandrolytia en su honor. Este Mandrolytos tenía una hija llamada Leucofriene, la cual quedó tan prendada de Leukipos que no dudó en traicionar a su propio pueblo, abriendo las puertas de la ciudad a fin de que los tesalios pudieran apoderarse de ella. Así sucedió, en efecto, y tal fue la matanza causada por Leukipos y sus hombres entre los habitantes de Mandrolytia que Leucopriene, presa de los remordimientos, se suicidó. Los victoriosos tesalios decidieron asentarse en la recién conquistada ciudad, cuyo nombre mudarían por Magnesia. Hasta aquí el mito fundacional. 

sábado, 27 de enero de 2018

Descubriendo Asia Menor II. Día 4. Metrópolis.

Nuestro destino de hoy se encuentra en las inmediaciones de la pequeña ciudad de Yeniköy, 54 kilómetros al norte de nuestro alojamiento en la costera Kusadasi. Nos estamos refiriendo a la antigua ciudad de Metrópolis, situada en pleno corazón de Jonia: una pequeña joya de la Antigüedad muy poco conocida fuera del ámbito local. Llegar al yacimiento no es demasiado complicado pues está señalizado aunque en ocasiones hay que agradecer la ayuda del GPS a la hora de orientarse en Yeniköy, ciudad que por tener una vía ferroviaria atravesándola no es muy intuitiva de recorrer. Una vez allí la visita es muy fácil de acometer pues se trata de un yacimiento puesto en valor, con su aparcamiento, señalización interna, senderos en buen estado, etc.



Fotos 1, 1bis y 1tris.- Vistas generales del Teatro de Metrópolis.

La palabra Metrópolis significa “Ciudad de la Diosa Madre”. En efecto, Cibeles, la suprema deidad femenina del mundo griego, fue especialmente venerada en esta ciudad como también lo fue Ares, el dios de la guerra, al cual se le encomendara la protección de aquélla frente a las agresiones externas. 

jueves, 3 de agosto de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 3, 2ª Parte. El santuario de Claros.

El santuario de Claros se encuentra a 4 kilómetros al norte de Notion. El paisaje que lo rodea es llano; su clara tierra aparece cubierta por una verde capa de árboles frutales, sobre todo naranjos y mandarinos. Dada la fecha, finales de noviembre, los frutos están maduros y listos para la recogida. La verdad es que tienen una pinta excelente.

Tras un corto paseo por el campo llegamos hasta la valla que delimita el emplazamiento del antiguo complejo sacro. Nos encontramos a punto de conocer el que fuera uno de los santuarios oraculares más importantes del mundo helénico. Merece, pues, la pena pagar la entrada al yacimiento y penetrar en su interior.

Foto 1.- El propileo del santuario de Claros visto desde el interior de éste.

sábado, 27 de mayo de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 3, 1ª Parte. Notion.

Salimos de Kusadasi en dirección hacia el norte. La mañana ha amanecido soleada y con una agradable temperatura propia de fechas más tempranas. Conducimos por una briosa carretera muy cerca de la orilla del mar. 31 kilómetros nos separan de la pequeña localidad costera de Ahmetbeyli, al este de la cual se encuentran las ruinas de la antigua ciudad griega de Notion. El lugar está malamente señalizado pero no obstante tiene poca pérdida para el que ha hecho los deberes antes de salir: cierto cerro de buen empaque y altura, majestuosamente erguido frente a las aguas azules del Egeo, al pie del cual pasa la carretera, alberga, sin duda alguna, el yacimiento que estamos buscando. Es por ello que aparcamos en un descampado cercano y nos disponemos a descubrir un nuevo tesoro de Asia Menor.


Foto 1 (arriba).- Paramento externo de la muralla de Notion con su bonito despiece de sillería. Foto 2 (abajo).- Sección longitudinal de la muralla donde se observa el relleno tosco de cascotes y tierra habitual en las estructuras defensivas. 

viernes, 28 de abril de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 2, 2ª Parte. Teos.

Llegamos a Sigacik, en la costa del Egeo, comenzando la tarde. Indagamos por la dinámica localidad –hay muchos establecimientos de tipo turístico al pie de la carretera principal— hasta llegar adonde un confuso cartel parece enviar hacia las ruinas de la antigua ciudad de Teos. Como el camino es de tierra y no en muy buen estado a partir de ese punto preferimos dejar el coche junto a una de las últimas casas del pueblo e ir andando. La tarde es luminosa y nada fría lo que invita a caminar y relajarse con el paisaje campestre.

Foto 1.- Losa rectangular con curiosa decoración en forma de círculos unidos por un tramo central.

No estamos seguros del todo que se vaya a Teos por ahí, de hecho durante un largo trecho no vemos ni carteles, ni vallas, ni excavaciones, nada. No obstante los indicios de habitación antigua que detectamos apuntan a que hemos escogido sino la mejor de las vías que conducen al yacimiento, al menos sí una de ellas. Así parece confirmarlo finalmente la localización de lo que parecen los restos de la muralla de la ciudad antigua: apenas sobresalientes unos pocos centímetros sobre la maleza amarilla que cubre el terreno. No mucho después encontramos el primer cartel explicativo. La visita a Teos está a punto de comenzar. Conozcamos un poco la historia de esta ciudad antes de embarcarnos en ella…


Fotos 2 y 2Bis.- Vista general del teatro de Teos desde el frente (arriba) y desde una de sus esquinas (abajo).

domingo, 12 de febrero de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 2, 1ª Parte. Erythrai.

La costa del Egeo es un lugar muy agradable en la mañana del segundo día de viaje por Asia Minor. El sol ilumina las abruptas colinas que salpican el interior de la península de Çesme. Se trata de una zona cuya población se concentra mayoritariamente en la costa, dejando el interior en un estado semi-salvaje. Pequeñas carreteras locales avanzan paralelas a la costa conectando los diferentes pueblos. Tomamos una que conduce hacia el norte en dirección a Ildiri, antaño llamado Lithri y más antaño aún, mucho más, Erythrai: la antigua Erythrai, a la sazón el objetivo de la primera visita del día.

Domus romana excavada en las inmediaciones
Foto 1.- Domus romana excavada en las inmediaciones del puerto de Ildiri.

Ildiri es un pueblo costero no muy grande ni especialmente próspero. Dispone de un puerto razonablemente bien equipado para el tráfico menor, el cual constituye el principal motor económico de la localidad. Sus edificios se alzan en mismo solar donde se alzara la antigua Erythrai –nunca despoblada-- lo que inevitablemente dificulta los trabajos arqueológicos. Demos un breve repaso a la historia de esta ciudad griega antes de continuar.

Erythrai (Erythrae en latín, Eritras en castellano) fue fundada en una época bastante remota, anterior al periodo arcaico griego. Pausanias nos dice que el nombre procede de su fundador Éritros, hijo del rey Radamanto de Creta, siendo sus primeros habitantes una mezcolanza de cretenses, panfilios, licios y carios: esto es gentes nativas de Anatolia con la sola excepción de los cretenses, que harían las veces de élite dirigente de la ciudad. En algún momento de la primera mitad del siglo IX a.C. sería recolonizada por griegos continentales, entrando así en la historia de la civilización griega propiamente dicha. Según Estrabón el nombre Erythrai se debe a la ciudad natal de estos colonos griegos: Erythrai de Beocia. 

Domus romana

Vistas de la domus romana de Ildiri
Fotos 2 y 3.- Vistas de la domus romana de la foto 1 donde se aprecia la riqueza de los materiales utilizados.

domingo, 22 de enero de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 1, 2ª Parte. Kyme.

Media hora escasa de conducción nos trasladan hasta la costa de la Eólida, concretamente al tramo dominado por la ciudad de Aliağa. Se trata de un área fuertemente industrializada, donde destacan dos grandes áreas portuarias surcadas por abundante tráfico pesado tanto marítimo como terrestre. Un cartel situado en la autovía general que recorre la fachada occidental de Turquía nos indica la salida que hay que tomar para visitar las ruinas de la antigua ciudad de Kyme. Lamentablemente ésa es la única señalización existente de manera que nos perdemos varias veces, preguntamos otras tantas –con escaso aprovechamiento dadas las barreras idiomáticas—y sólo al cabo de cuarenta minutos de trayecto errático, tras el minucioso examen de una foto aérea descargada de internet, damos con la entrada de una pista de tierra que, previsiblemente, conduce hasta las inmediaciones del yacimiento. Nos veíamos ya pateando la ciudad antigua cuando advertimos que nuestras “desdichas” aún no habían concluido. En efecto, apenas llevábamos avanzados unos cientos de metros por la citada pista cuando la pésima calidad del firme –puro barro interrumpido por charcos de ignota profundidad— aconsejó detener el vehículo y reflexionar un poquito… ya que no era plan de quedarse atascados en el barro y camino íbamos de ello. El caso es que decidimos dar la vuelta al coche –maniobra bastante laboriosa dada la gran estrechez de la vía—y deshacer el camino hasta llegar adonde una pequeña explanada permitía dejar el coche estacionado sin bloquear la vía. El resto del camino hasta Kyme había que hacerlo a pie y contrarreloj, casi a paso ligero, dado que la tarde ya estaba avanzada y el sol había empezado a declinar en el cielo. No es que fuera mucha distancia: tal vez un poco más de un kilómetro pero dado que ni siquiera estábamos totalmente seguros de que el yacimiento estuviera por ahí se nos hicieron bastante largos. De hecho íbamos a darnos ya la vuelta cuando divisamos en la distancia lo que parecía ser un cartel explicativo. Y lo era. Y Kyme estaba, de hecho, al lado sólo que a contraluz, razón por la que no veíamos sus ruinas desde lejos.

Aliaga, Turquía, Turkey
Foto 1.- Restos del puerto antiguo de Kyme.

La historia de Kyme (Cyme en latín, Cime en castellano) es larga como pocas. Fue fundada por colonos griegos procedentes de la ciudad de Locris en algún momento del siglo VIII a.C. El asentamiento prosperó grandemente hasta el punto de conformar una suerte de emporio local enfocado al comercio marítimo, con escasa relación con el interior de Anatolia. Con el correr del tiempo sería considerada la mayor y más importante de las ciudades eolias: una apetecible presa, por tanto, para el imperio persa que la conquistara en el año 540 a.C. 

Aliaga, Turquía, Turkey
Foto 2.- Entrada al castillo bizantino localizada en su esquina NO. Cuerpo de guardia anejo.

jueves, 5 de enero de 2017

Descubriendo Asia Menor II. Día 1, 1ª Parte. Aigai.

Un día soleado, no muy fresco, algo cálido para lo que correspondería a una fecha de finales de otoño, nos recibe en el hotel próximo al aeropuerto de Izmir donde hemos pasado la noche procedentes de un largo vuelo desde Madrid, con escala en Estambul incluida.


Fotos 1 y 2.- Sarcófagos grecorromanos localizados en la necrópolis de Aigai.

Tras recoger el coche alquilado, no sin superar algunos inconvenientes con la dichosa tarjeta de crédito, enfilamos rumbo al norte. Otra vez nuestros pasos nos han llevado a recorrer las antiguas tierras de Asia Menor. Otra vez la magia de los siglos nos llama desde lo alto de los cerros, en lo profundo de los valles, al pie de las azules aguas del Egeo… allá vamos, pues, no sea cosa de que lleguemos tarde a la cita.

Restos de una tumba de tipo túmulo en la necrópolis de Aigai
Foto 3.- Restos de una tumba de tipo túmulo en la necrópolis de Aigai.

Nuestra primera visita es Aigai, en tierras de Eolia, cien kilómetros al norte de Izmir. Aunque nuestra idea es visitar las ciudades antiguas de Jonia y Caria, esto es al sur y sureste de Izmir, acudimos primero aquí pues no pudimos hacerlo el año pasado, cuando exploramos la Eólida, por falta de horas de luz.


Calzada de acceso a Aigai.
 Fotos 4 y 5.- Calzada de acceso a Aigai. Flanqueada en algunos tramos por muros de contención tal y como se puede ver en la foto 5.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 3ª Parte. Nysa.

La autovía prosigue hacia el oeste, camino del mar Egeo. Treinta kilómetros calzada adelante llegamos al desvío que manda a la localidad de Sultanhisar. Lo tomamos y, siguiendo la cartelería existente, dejamos atrás la ciudad y enfilamos la carretera local que conduce, monte arriba, a las ruinas de la antigua ciudad de Nysa (Nisa en castellano).

Fragmento de la galería porticada que rodeaba la palestra del Gimnasio de Nysa

Muro posterior de la anterior palestra
Foto 1 (arriba).- Fragmento de la galería porticada que rodeaba la palestra del Gimnasio de Nysa. Foto 2 (abajo).- Muro posterior de la anterior palestra.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 2ª Parte. Antiochia ad Maeandrum.

Tras dejar Laodicea conducimos hasta las inmediaciones de Denizli, la capital provincial, tomando ahí la carretera D-320 en dirección oeste. Avanzamos a buen ritmo por dicha vía, heredera de la importantísima calzada que, con cabecera en Éfeso, se adentraba en el interior de Anatolia, pasando por Laodicea ad Lycum (lo vimos en el post anterior), camino de Siria, del Éufrates y, más allá, de las remotas tierras del interior de Asia. Hoy en día la antigua ruta no tiene tanta importancia como antaño si bien continua siendo una vía relevante, con dos carriles en cada dirección, bastante cómoda por tanto de transitar.

Nuestro siguiente hito es la antigua ciudad de Antioquía del Meandro, que fuera fundada como Antiocheia y llamada Antiochia ad Maeandrum en tiempos del Imperio romano. Para llegar a él hay que salirse de la D-320 en el desvío que lleva a la localidad de Kuyucak, a unos 65 kilómetros de Denizli y seguir las poco claras indicaciones que hay por allí. No obstante hay que advertir que dichas indicaciones son totalmente insuficientes para localizar el yacimiento: localizado en la cumbre de una monótona colina perdida en el interior de una zona despoblada así como cubierta de arboleda poco espesa. Si nosotros lo conseguimos es porque tenemos bastante desarrollado el olfato arqueológico, de lo contrario nos lo hubiéramos pasado con toda seguridad. Quien quiera saber la manera exacta de llegar que nos lo diga e intentaremos ayudarlo.

Se trata de un asentamiento muy poco conocido, tanto por estar totalmente sin excavar como por no figurar apenas en las crónicas clásicas. Sabemos que fue fundada por el monarca seleúcida Antíoco I (281-261 a.C.), quien la puso su nombre y el de su madre (Antíoca). Estéfano de Bizancio cuenta que no fue una fundación exnovo ya que en el lugar ya existía una ciudad llamada Pithópolis. Plinio el Viejo relata lo mismo aunque cambiando este último nombre por Cranaos. 

Geográficamente era una ciudad de Caria aunque próxima a la frontera con Frigia. Prosperó razonablemente gracias a su ubicación en el curso medio del río Meandro, muy pocos kilómetros al sur de la anteriormente mencionada ruta Este – Oeste que comunicaba Éfeso (y el Egeo) con el interior de Asia Menor y el resto del oriente mediterráneo. También le vino muy bien la gran fertilidad de la comarca circundante (bien regada por las aguas del Meandro y de su afluente el Orsino) y el hecho de que fuera construido en sus inmediaciones un puente sobre el Meandro: muy utilizado durante los largos siglos en que se alzara en pie y que por tanto atraía a la ciudad toda clase de comerciantes, funcionarios imperiales, militares, artesanos y demás usuarios. 

En el año 189 a.C. el cónsul romano Cneo Manlio Vulsón pasó por la ciudad, camino del este, en el marco de su campaña contra los pueblos gálatas del interior de Anatolia narrada por el historiador Tito Livio.

paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval

paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval

paramentos de mampostería correspondientes a la muralla

Antiochia ad Maeandrum
Fotos 1, 2, 3 y 4.- Diferentes paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval de Antioquía del Meandro.

sábado, 29 de octubre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 1ª Parte. Laodicea ad Lycum.

Un nuevo día de sol nos recibe al amanecer del décimo día de viaje por Asia Menor. Estamos teniendo mucha suerte en lo que al tiempo climatológico se refiere, la verdad. Pamukkale se está empezando a desperezar cuando nosotros lo abandonamos por la carretera que conduce hacia el sur, en dirección a Denizli la capital provincial. No llevamos ni un cuarto de hora de travesía cuando un pequeño cartel marrón nos indica cómo llegar a las ruinas de la antigua Laodicea ad Lycum: la primera parada de un día que promete ser largo y muy cargado de historia.

Torre de flanqueo de la Puerta Oriental
Foto 1.- Torre de flanqueo de la Puerta Oriental de la muralla tardorromana de Laodicea.

El yacimiento de Laodicea, aunque conocido desde hace muchas décadas, lleva en excavación solamente unos cuantos años: tiempo que ha sido suficiente para exhumar un conjunto urbanístico de considerable monumentalidad, elocuente testigo de la gran riqueza e importancia que poseyera la ciudad en sus buenos tiempos. Nosotros nos disponemos a visitarlo previo abono de la tarifa correspondiente en la taquilla del yacimiento. Eso sí, antes vamos a conocer un poco su historia a fin de poder interpretar mejor lo que veamos cuando estemos dentro.

Sillar labrado con inscripción griega
Foto 2.- Sillar labrado con inscripción griega localizado en el paramento externo de la torre de la foto 1.

sábado, 15 de octubre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 9. Hierápolis, 2ª Parte.

Nos encontramos fuera de la ciudad de Hierápolis, en su extremo septentrional, allá donde daba (y da) comienzo la principal necrópolis de la ciudad (punto 12 del mapa de la figura 1). La idea es entrar de nuevo en la urbe y, siguiendo las calzadas enlosadas, ir posando la atención solamente en los edificios tardorromanos y bizantinos. Conviene, pues, conocer de antemano la historia de Hierápolis correspondiente a tan turbulentos periodos, los cuales se extienden desde el comienzo de la anarquía militar (año 235) hasta el abandono de la ciudad en el pleno Medioevo.

Figura 1.- Plano simplificado del yacimiento de Hierápolis.

El siglo que engloba la segunda mitad del siglo III y la primera del siglo IV constituye una etapa de “tranquilo estancamiento” para Hierápolis que si bien por un lado se ve económicamente afectada por la caída de la prosperidad en todo el Imperio romano, por otro tiene la suerte de no sufrir los saqueos y depredaciones perpetrados por invasores bárbaros en diversas zonas de Asia Menor. Prueba de su relativa bonanza en época bajo imperial es la restauración de la escena del teatro atestiguada por vía epigráfica en el año 352. Desgraciadamente las cosas empeorarían bastante en la segunda mitad del siglo IV d.C. a raíz del grave deterioro causado en los monumentos de la ciudad por un nuevo terremoto. Si bien algunos edificios fueron reparados –es el caso del teatro--, otros no tuvieron tanta suerte, detalle éste que señala la incapacidad económica de la Hierápolis tardorromana a la hora de costear reconstrucciones de gran alcance. Es el caso paradigmático de la majestuosa ágora adrianea: abandonada en este momento y cuyas ruinas, ricas en materiales de calidad como mármoles y travertinos, serían sistemáticamente expoliadas durante los siglos posteriores. 

Tramo de la plateia localizado

Tramo de la plateia meridional
Fotos 1 y 2.- Tramo de la plateia localizado entre la puerta de Frontino y la puerta bizantina (Calle de Frontino). En la foto de arriba (1) vemos la mitad septentrional de éste y en la de abajo (2) la meridional.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 9. Hierápolis, 1ª Parte.

Pamukkale es una ciudad más bien pequeña que podría calificarse de turística dado el elevado número de hoteles que hay en ella, algunos de elevada categoría, pero que desde luego no lo es según los baremos occidentales ya que, fuera de los hoteles, exhibe un urbanismo algo degradado, con abundancia de bloques de viviendas muy humildes, calles estrechas, algunas mal asfaltadas, y escasos locales comerciales. 

El motivo principal de que haya tantos hoteles es la ciudad no es la proximidad de las ruinas de la ciudad grecorromana de Hierápolis sino la presencia de varias piscinas de aguas termales y las formaciones geológicas de travertino blanco que han hecho célebre a Pamukkale: desde luego muy curiosas y bonitas de ver, sobre todo al amanecer y al atardecer (foto 1).      

       Foto 1.- Vista de la ladera de la colina de Hierápolis, cubierta de blanco travertino.   

Nuestra intención era, como se puede suponer, visitar la mencionada Hierápolis. No obstante no dejamos de ver tampoco las formaciones de travertino aunque sólo fuera porque es necesario pasar por ellas, a pie y descalzo (a fin de no ensuciar las níveas superficies), para alcanzar las ruinas. Resulta una experiencia peculiar caminar descalzo por las lisas superficies de travertino blanco, no diremos que agradable sobre todo porque a finales de otoño la piedra está bastante fría. En principio intentamos caminar por las zonas secas pero pronto comprobamos que era mejor ir por en medio de las corrientes de agua termal (ricas en sales calcáreas cuya precipitación da lugar a las formaciones de travertino) no sólo por que se pasaba menos frío sino porque la propia pisada resultaba más cómoda y relajada. La subida a la colina donde se alza la ciudad, aproximadamente quinientos metros con una pendiente considerable, hay que hacerla de esta manera. Lo bueno es que la piedra no resbala en absoluto a pesar de su lisa superficie; de lo contrario los accidentes serían forzosamente frecuentes y tal ruta de acceso estaría con toda probabilidad prohibida. Sea como sea existe otra forma más convencional de llegar a las ruinas, incluso en coche, a la postre la que utiliza la mayoría de la gente.  

Figura 1.- Monedas de bronce acuñadas en Hierápolis durante el periodo imperial. De izquierda a derecha y de arriba abajo: 1.- AE16 semiautónomo del siglo II, 2.- AE18 en nombre del emperador Claudio, 3.- AE21 en nombre de la emperatriz Crispina, esposa de Cómodo, 4.- AE24 semiautónomo. Época de Filipo I el Árabe.