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sábado, 15 de octubre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 9. Hierápolis, 2ª Parte.

Nos encontramos fuera de la ciudad de Hierápolis, en su extremo septentrional, allá donde daba (y da) comienzo la principal necrópolis de la ciudad (punto 12 del mapa de la figura 1). La idea es entrar de nuevo en la urbe y, siguiendo las calzadas enlosadas, ir posando la atención solamente en los edificios tardorromanos y bizantinos. Conviene, pues, conocer de antemano la historia de Hierápolis correspondiente a tan turbulentos periodos, los cuales se extienden desde el comienzo de la anarquía militar (año 235) hasta el abandono de la ciudad en el pleno Medioevo.

Figura 1.- Plano simplificado del yacimiento de Hierápolis.

El siglo que engloba la segunda mitad del siglo III y la primera del siglo IV constituye una etapa de “tranquilo estancamiento” para Hierápolis que si bien por un lado se ve económicamente afectada por la caída de la prosperidad en todo el Imperio romano, por otro tiene la suerte de no sufrir los saqueos y depredaciones perpetrados por invasores bárbaros en diversas zonas de Asia Menor. Prueba de su relativa bonanza en época bajo imperial es la restauración de la escena del teatro atestiguada por vía epigráfica en el año 352. Desgraciadamente las cosas empeorarían bastante en la segunda mitad del siglo IV d.C. a raíz del grave deterioro causado en los monumentos de la ciudad por un nuevo terremoto. Si bien algunos edificios fueron reparados –es el caso del teatro--, otros no tuvieron tanta suerte, detalle éste que señala la incapacidad económica de la Hierápolis tardorromana a la hora de costear reconstrucciones de gran alcance. Es el caso paradigmático de la majestuosa ágora adrianea: abandonada en este momento y cuyas ruinas, ricas en materiales de calidad como mármoles y travertinos, serían sistemáticamente expoliadas durante los siglos posteriores. 

Tramo de la plateia localizado

Tramo de la plateia meridional
Fotos 1 y 2.- Tramo de la plateia localizado entre la puerta de Frontino y la puerta bizantina (Calle de Frontino). En la foto de arriba (1) vemos la mitad septentrional de éste y en la de abajo (2) la meridional.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 9. Hierápolis, 1ª Parte.

Pamukkale es una ciudad más bien pequeña que podría calificarse de turística dado el elevado número de hoteles que hay en ella, algunos de elevada categoría, pero que desde luego no lo es según los baremos occidentales ya que, fuera de los hoteles, exhibe un urbanismo algo degradado, con abundancia de bloques de viviendas muy humildes, calles estrechas, algunas mal asfaltadas, y escasos locales comerciales. 

El motivo principal de que haya tantos hoteles es la ciudad no es la proximidad de las ruinas de la ciudad grecorromana de Hierápolis sino la presencia de varias piscinas de aguas termales y las formaciones geológicas de travertino blanco que han hecho célebre a Pamukkale: desde luego muy curiosas y bonitas de ver, sobre todo al amanecer y al atardecer (foto 1).      

       Foto 1.- Vista de la ladera de la colina de Hierápolis, cubierta de blanco travertino.   

Nuestra intención era, como se puede suponer, visitar la mencionada Hierápolis. No obstante no dejamos de ver tampoco las formaciones de travertino aunque sólo fuera porque es necesario pasar por ellas, a pie y descalzo (a fin de no ensuciar las níveas superficies), para alcanzar las ruinas. Resulta una experiencia peculiar caminar descalzo por las lisas superficies de travertino blanco, no diremos que agradable sobre todo porque a finales de otoño la piedra está bastante fría. En principio intentamos caminar por las zonas secas pero pronto comprobamos que era mejor ir por en medio de las corrientes de agua termal (ricas en sales calcáreas cuya precipitación da lugar a las formaciones de travertino) no sólo por que se pasaba menos frío sino porque la propia pisada resultaba más cómoda y relajada. La subida a la colina donde se alza la ciudad, aproximadamente quinientos metros con una pendiente considerable, hay que hacerla de esta manera. Lo bueno es que la piedra no resbala en absoluto a pesar de su lisa superficie; de lo contrario los accidentes serían forzosamente frecuentes y tal ruta de acceso estaría con toda probabilidad prohibida. Sea como sea existe otra forma más convencional de llegar a las ruinas, incluso en coche, a la postre la que utiliza la mayoría de la gente.  

Figura 1.- Monedas de bronce acuñadas en Hierápolis durante el periodo imperial. De izquierda a derecha y de arriba abajo: 1.- AE16 semiautónomo del siglo II, 2.- AE18 en nombre del emperador Claudio, 3.- AE21 en nombre de la emperatriz Crispina, esposa de Cómodo, 4.- AE24 semiautónomo. Época de Filipo I el Árabe.