Nos encontramos fuera de la ciudad de Hierápolis, en su extremo septentrional, allá donde daba (y da) comienzo la principal necrópolis de la ciudad (punto 12 del mapa de la figura 1). La idea es entrar de nuevo en la urbe y, siguiendo las calzadas enlosadas, ir posando la atención solamente en los edificios tardorromanos y bizantinos. Conviene, pues, conocer de antemano la historia de Hierápolis correspondiente a tan turbulentos periodos, los cuales se extienden desde el comienzo de la anarquía militar (año 235) hasta el abandono de la ciudad en el pleno Medioevo.
El siglo que engloba la segunda mitad del siglo III y la primera del siglo IV constituye una etapa de “tranquilo estancamiento” para Hierápolis que si bien por un lado se ve económicamente afectada por la caída de la prosperidad en todo el Imperio romano, por otro tiene la suerte de no sufrir los saqueos y depredaciones perpetrados por invasores bárbaros en diversas zonas de Asia Menor. Prueba de su relativa bonanza en época bajo imperial es la restauración de la escena del teatro atestiguada por vía epigráfica en el año 352. Desgraciadamente las cosas empeorarían bastante en la segunda mitad del siglo IV d.C. a raíz del grave deterioro causado en los monumentos de la ciudad por un nuevo terremoto. Si bien algunos edificios fueron reparados –es el caso del teatro--, otros no tuvieron tanta suerte, detalle éste que señala la incapacidad económica de la Hierápolis tardorromana a la hora de costear reconstrucciones de gran alcance. Es el caso paradigmático de la majestuosa ágora adrianea: abandonada en este momento y cuyas ruinas, ricas en materiales de calidad como mármoles y travertinos, serían sistemáticamente expoliadas durante los siglos posteriores.
Figura 1.- Plano simplificado del yacimiento de Hierápolis.
El siglo que engloba la segunda mitad del siglo III y la primera del siglo IV constituye una etapa de “tranquilo estancamiento” para Hierápolis que si bien por un lado se ve económicamente afectada por la caída de la prosperidad en todo el Imperio romano, por otro tiene la suerte de no sufrir los saqueos y depredaciones perpetrados por invasores bárbaros en diversas zonas de Asia Menor. Prueba de su relativa bonanza en época bajo imperial es la restauración de la escena del teatro atestiguada por vía epigráfica en el año 352. Desgraciadamente las cosas empeorarían bastante en la segunda mitad del siglo IV d.C. a raíz del grave deterioro causado en los monumentos de la ciudad por un nuevo terremoto. Si bien algunos edificios fueron reparados –es el caso del teatro--, otros no tuvieron tanta suerte, detalle éste que señala la incapacidad económica de la Hierápolis tardorromana a la hora de costear reconstrucciones de gran alcance. Es el caso paradigmático de la majestuosa ágora adrianea: abandonada en este momento y cuyas ruinas, ricas en materiales de calidad como mármoles y travertinos, serían sistemáticamente expoliadas durante los siglos posteriores.
Fotos 1 y 2.- Tramo de la plateia localizado entre la puerta de Frontino y la puerta bizantina (Calle de Frontino). En la foto de arriba (1) vemos la mitad septentrional de éste y en la de abajo (2) la meridional.




