Concluida
la visita a Cízico, dejamos la península de Kapu Dagh y retornamos a las vastas
extensiones turcas. Una vez en la autopista, conducimos en dirección a la
localidad costera de Çanakkale, al pie del Helesponto. 200 kilómetros de costa
del Mármara separan de ella. La carretera es buena y se consumen los kilómetros
rápidamente, siempre hacia poniente. En un momento dado, como a mitad de camino
o algo menos, aparece un cartel que envía hacia las ruinas de Priapos. Aún
queda algo de luz. Calculamos que podemos llegar justo antes de que anochezca,
justitos pero llegamos.
El yacimiento se halla a unos veinte kilómetros por carreteras secundarias, junto a la pequeña localidad pesquera de Karabiga, en
el interior de una ancha bahía con hermosas vistas (foto 1). Los últimos rayos de sol se
están posando sobre los desvencijados muros cuando por fin los alcanzamos,
tiñéndolos de un intenso tono anaranjado. Dichos muros pertenecen a una muralla
urbana jalonada de torres cuadradas que, aunque hoy en día se halla bastante
maltrecha, antaño tuvo que ser realmente poderosa a juzgar por la gran envergadura
de las torres (foto 2) y el enorme espesor de los lienzos de mampostería (fotos
3 y 4). Recorremos una parte del perímetro de muralla, la que más a mano nos
pilla. Tenemos entendido que existen restos de estructuras habitacionales en el
interior del yacimiento pero la noche se nos está echando encima y ya no da
tiempo a más. Ha sido una visita relámpago aunque no por ello menos
interesante.
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| Foto 1.- La hermosa bahía de Karabiga, vista desde las inmediaciones de la ciudad antigua de Priapos, a la luz del atardecer. Foto cedida por El prisma de Lara. |
Foto 2.- Ruinas de un torreón perteneciente a la muralla tardo-bizantina de Pegai/Priapos.

