Múnich
es la capital del estado alemán de Baviera, la tercera ciudad más populosa del
país germano y uno de sus principales centros industriales y económicos. Así
mismo es una ciudad culta y elegante donde no faltan hermosos despliegues
arquitectónicos y museos de alto nivel. Uno de estos museos es la Gliptoteca,
donde se conserva una nutrida colección de esculturas clásicas desde el periodo
griego arcaico al bajo imperio romano. Otro es el museo estatal de Antigüedades
donde destaca una valiosa colección de arte etrusco.
La
gliptoteca es probablemente el museo más célebre de la ciudad a nivel
internacional. Fue fundado por el monarca bávaro Luis (Ludwig) I (1786 – 1868),
en sus tiempos de príncipe heredero, a fin de alojar en ella la colección de
escultura clásica que estaba reuniendo (foto 1). Y es que no en vano el vocablo
Gliptoteca es un neologismo procedente de la unión de dos palabras griegas: el
verbo “glyphein” –esculpir—y el sustantivo “theke”: deposito. Se podría
interpretar, pues, la palabra Gliptoteca como “depósito de esculturas”.
Llevado por un profundo amor a la antigüedad clásica, Luis I ordenó el levantamiento de un conjunto edilicio en estilo clásico greco-romano en la Konigsplatz muniquesa. Uno de los edificios sería destinado a albergar su colección de esculturas (la gliptoteca), otro haría las veces de museo de antigüedades y el tercero, de tipo ornamental, era una representación del propileo de Atenas en su mejor época clásica.
