Iznik-Nicea
amanece bajo un cielo plomizo que amenaza lluvia. El gris de las nubes se
contagia a las aguas del lago Ascania, cuya superficie rizada por pequeñas olas
genera un rumor sordo y agradable. Este lago, hoy en día también llamado Iznik,
aparece mencionado con relativa frecuencia en las crónicas antiguas.
Ciertamente es muy grande y majestuoso. Su horizonte se extiende ininterrumpido
hacia el oeste sin que se pueda divisar tierra, al norte y al sur sí se divisa
la línea de costa pero a muy cumplida distancia. Sobre sus aguas revolotean
grandes bandadas de aves. Realmente se asemeja a un océano en miniatura (foto
1). Desde luego resulta comprensible que este accidente natural no haya pasado
nunca desapercibido.
Foto 1.- Vista del lago Ascania, actualmente conocido como lago Iznik.
Junto
al hotel donde nos hemos alojado, muy cercano al lago, se alzan las ruinas de
un par de torres de la muralla romana de Nicea y del paredón que las unía (foto
2). En el pasado se alzaba por aquí una de las puertas de la muralla –así lo
recuerda un cartel—, de la cual no quedan hoy en día más que unos pocos
sillares in situ.
Foto 2.- Ruinas de la muralla romana en las inmediaciones de la puerta septentrional del recinto. Destacar la torre cuadrada al fondo.

