jueves, 18 de febrero de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 3. Apollonia ad Rhyndacum.

Hace muy buen día en Bursa aunque ha amanecido con algo de niebla. La habitación donde hemos dormido es moderna de diseño aunque poseyendo ciertos detalles llamativos como una esterilla, una especie de rosario de plástico y una brújula (para determinar la dirección de la Meca). Será el único alojamiento de nuestro viaje donde veamos esos objetos a disposición del creyente musulmán. Y es que no sólo Bursa sino, en general, la región por donde nos estamos moviendo parece bastante tradicional, con gran número de mujeres veladas (muchísimas más desde luego que en la costa del Egeo) y ausencia casi total de turismo foráneo.

Bursa es la antigua Prusia ad Olympum, fundada en época helenística y fue relativamente importante en la antigüedad. En la actualidad carece de vestigios de su pasado clásico más allá de algunos fragmentos de muralla romano-bizantina bastante alterados, si bien sí que posee numerosos edificios de época otomana temprana ya que no en vano fue la capital del sultanato otomano hasta la conquista de Constantinopla en 1453. Dado que nosotros priorizamos la exploración del pasado clásico de la zona y que además se trata de una gran ciudad donde resulta complicado moverse en coche, decidimos abandonar Bursa y dirigirnos hacia el oeste, camino de la pequeña localidad de Gölyazi. Resulta muy fácil llegar hasta allí: no más de tres cuartos de hora por una carretera en buen estado (la E881) así como convenientemente señalizada. De hecho lo que más nos cuesta es salir de Bursa debido a que al dichoso GPS no se le ha ocurrido un camino mejor que atravesando una gran área hospitalaria próxima al hotel, llena de stops, pasos de cebra, ambulancias, enfermeros llevando a personas en silla de ruedas y demás. Curioso (o no) destacar que el ambiente coincide totalmente con el que se podría encontrar en un área hospitalaria española; hasta los bares de la zona, cuyo principal negocio es atender al personal del área hospitalaria y a los familiares de los pacientes, están contagiados del mismo aire de impersonal funcionalidad que se observa en sus homólogos hispanos.


Figura 1.- Plano de Apollonia ad Rhyndacum. Por S. Aybek y A.K. Öz (2004)

Gölyazi se encuentra en una pequeña isleta inmediata a la costa septentrional del lago Ulubat, Apolloniatis de los textos latinos y griegos. Su nombre antiguo es Apollonia ad Rhyndacum (castellano: Apolonia del Rindacos). Apollonia por Apolo, el dios griego de la luz, la música, las artes, la verdad y la sabiduría. La ciudad de Apolo la podríamos llamar, empleándose el acusativo latino ad Rhyndacum para diferenciarla de las demás Apolonias del mundo antiguo, en este caso recurriendo a su proximidad a la desembocadura del río Rindacos en el lago Apoloniatis. Acabamos de salir de Bitinia y penetrado, aunque muy poco, en otra de las antiguas regiones en que se dividía el Asia Menor clásica: Misia. El paisaje que nos rodea resulta francamente bonito: verde,  ligeramente ondulado, pobladas las colinas de olivares no muy espesos y de vegetación de marisma las zonas llanas contiguas a las aguas del lago. Hay muchas barquitas de pescadores en el lago: de madera, modestas y no muy modernas, la mayoría sin motor fueraborda. De hecho el nombre turco de Gölyazi se puede traducir como “la Pescadora”, habiendo sido la pesca, junto con la producción de aceite de oliva, el motor tradicional de la economía local. 

El Lago Apoloniatis a la luz del atardecer. Foto cedida por El prisma de Lara.

sábado, 6 de febrero de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 2. Nicea.

Iznik-Nicea amanece bajo un cielo plomizo que amenaza lluvia. El gris de las nubes se contagia a las aguas del lago Ascania, cuya superficie rizada por pequeñas olas genera un rumor sordo y agradable. Este lago, hoy en día también llamado Iznik, aparece mencionado con relativa frecuencia en las crónicas antiguas. Ciertamente es muy grande y majestuoso. Su horizonte se extiende ininterrumpido hacia el oeste sin que se pueda divisar tierra, al norte y al sur sí se divisa la línea de costa pero a muy cumplida distancia. Sobre sus aguas revolotean grandes bandadas de aves. Realmente se asemeja a un océano en miniatura (foto 1). Desde luego resulta comprensible que este accidente natural no haya pasado nunca desapercibido.

Foto 1.- Vista del lago Ascania, actualmente conocido como lago Iznik.

Junto al hotel donde nos hemos alojado, muy cercano al lago, se alzan las ruinas de un par de torres de la muralla romana de Nicea y del paredón que las unía (foto 2). En el pasado se alzaba por aquí una de las puertas de la muralla –así lo recuerda un cartel—, de la cual no quedan hoy en día más que unos pocos sillares in situ. 

Foto 2.- Ruinas de la muralla romana en las inmediaciones de la puerta septentrional del recinto. Destacar la torre cuadrada al fondo.

viernes, 29 de enero de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 1. Nicomedia.

Amanece en la orilla oriental del Bósforo. Hemos pernoctado en un hotel muy próximo al aeropuerto internacional Sabiha Gokcen, situado en la orilla asiática de la gran ciudad de Estambul, no muy lejos de su extremo oriental. Este aeropuerto viene muy bien para lanzarse a recorrer Asia Menor sin tener que pasar la dura prueba de atravesar, volante en mano, una urbe famosa por su densísimo tráfico, capaz de exasperar al más bravo de los conductores.

Conducimos rumbo sureste en una mañana sólo moderamente luminosa debido a la capa de nubes blancas que cubre el cielo. A la izquierda de la moderna autovía (E80) que enlaza la capital turca, Ankara, con la mayor ciudad del país –Estambul— se alza una sucesión de sierras cubiertas de verde que descienden hacia el mar de Mármara por un lado y hacia el mar Negro por el otro. A su derecha, muy cercanos ya al Mármara, el terreno llanea significativamente, concluyendo en abiertas ensenadas donde se concentra la población de la zona. Hoy en día es una comarca fuertemente urbanizada e industrializada cuyo paisaje no difiere especialmente del que pueda encontrarse en múltiples lugares de la rivera norte del Mediterráneo. 


Figura 1.- Estatua de Hércules.

jueves, 14 de mayo de 2015

Aeternitas Numismatics en Facebook

Hace unos días que tenemos cuenta en Facebook 

Ahí publicaremos noticias relacionadas con la historia, hallazgos arqueológicos, monedas que estén a la venta en nuestras tiendas, fotografías y enlaces a lugares que hayamos visitado recientemente y que queremos compartir con vosotros.

Como siempre, será un placer y un honor contar con vuestra visita. ¡Os esperamos también allí!


martes, 10 de febrero de 2015

INDVLGENTIA AVGG IN CARTH. Septimio Severo y África.


Una de las emisiones más populares de Septimio Severo, con lo que esto implica de óptima combinación de atractivo numismático y relativa abundancia –al menos en lo que a
Busto de Septimio Severo.
denarios se refiere--, es aquélla que lleva por reverso INDVLGENTIA AVGG IN CARTH. Vamos a dedicar esta entrada a conocerla un poco más.     

En el año 197 de nuestra Era, las legiones romanas, encabezadas por su emperador, el africano Septimio Severo, coronaban una exitosa campaña contra el imperio parto con la toma y saqueo de la capital enemiga, Ctesifonte. Merced a esta gran victoria el imperio romano recuperó el control del área mesopotámica, que había resultado muy disputada desde su primera captura por Roma, en tiempos de Trajano, ochenta años atrás.


Concluidos los combates, Septimio Severo dejaría provisionalmente a un lado la armadura y se enfrascaría en una extensa labor administrativa destinada a reorganizar todo el oriente romano, lo que por supuesto incluía encuadrar la nueva provincia mesopotámica dentro de este marco político-económico. Transcurrieron así cuatro largos años al término de los cuales el emperador estimó concluida su labor en Asia y decidió trasladarse a Egipto. Corrían, pues, los primeros meses del año 202 cuando Septimio Severo entrara en la gran ciudad de Alejandría: la principal ciudad del Egipto romano y segunda ciudad de la época, sólo superada por Roma en número de habitantes.
 
 Antiguo grabado decimonónico en el que aparecen las ruinas de un puente-acueducto perteneciente al sistema de traída de aguas a Cartago, cuya construcción es posible que se realizara gracias a la generosidad de Septimio Severo para con Cartago.

martes, 30 de septiembre de 2014

El Castro de Villasviejas del Tamuja y su ceca monetal (TAMUSIA).

El castro de Villasviejas del Tamuja se encuentra a unos 3 kilómetros de la localidad cacereña de Botija, pudiéndose llegar a él por una pista de tierra en buen estado. Destacar que buena parte de sus materiales y aún de sus estructuras han sido reutilizadas para la construcción de corrales para el ganado ovino propio de la zona.

 Ruinas de la muralla exterior del Castro de Villasviejas del Tamuja.

Ubicado en la superficie de una colina ancha pero de escasa altura, la suave pendiente de sus laderas no ofrece especiales ventajas desde el punto de vista de la fortificación con la única excepción de su frente occidental, bastante más agreste al discurrir por su parte inferior la delgada corriente del río Tamuja.

 Recintos inferior (exterior) y superior (interior) del castro.

lunes, 21 de julio de 2014

El recinto amurallado tardorromano de Bernardos (Segovia).

El recinto amurallado de Bernardos se ubica en la cumbre de un ancho cerro no excesivamente prominente en altura si bien dominante en relación con las demás elevaciones de los contornos. Para llegar a él hay que coger un camino que tierra que abandona el pueblo segoviano del anterior nombre en dirección norte y seguirlo siempre hacia arriba, tomando como referencia las indicaciones que conducen a una explotación de pizarras contigua al cerro en cuestión, a la sazón denominado en el pueblo con el clarificador apelativo de “Cerro del Castillo”, y aparcar el coche junto a la Ermita de la Virgen del Castillo, de moderna factura así como situada a pocos pasos del yacimiento arqueológico.

Derrumbadas en buena parte de su perímetro, si bien perfectamente visibles en todos los lados del antiguo recinto salvo en el del norte, las poderosas cortinas de pizarra están siendo parcialmente excavadas con gran éxito tanto desde el punto de vista científico como desde el cada vez más importante turístico dada la espectacularidad de las estructuras resultantes una vez desescombradas, limpiadas y consolidadas. 

Frente occidental del Cerro del Castillo, con su cerca torreada de clara tipología romana.

jueves, 15 de mayo de 2014

VOLUCE. Un recuerdo de Celtiberia.

Con este nombre se conoce a un antiguo oppidum arévaco localizado con cierta controversia a muy poca distancia de la soriana Calatañazor, en el llamado Cerro de los Castejones.

Sabemos de su existencia gracias a las menciones de dos fuentes clásicas: el itinerario de Antonino y el libro de geografía de Ptolomeo.

El cerro de los Castejones, antaño solar de la arévaca Voluce.

Es a través de Ptolomeo que conocemos su situación entre los arévacos, si bien él la nombra Veluca. Las coordenadas de la ciudad celtibérica, según el geógrafo de Alejandría, serían 11º50´ de latitud norte y 41°55´de longitud oeste, estando situada, de este a oeste, entre Tucris (localización desconocida) y Segortia –Segontia—Lanka (en las inmediaciones de Langa de Duero).

El itinerario de Antonino la incluye como Voluce en su Item ab Asturicam per Cantabria Caesaragusta, esto es la ruta entre Caesaraugusta (Zaragoza) y Astúrica Augusta (Astorga) pasando por una Cantabria que no debemos identificar con la Montaña costera. Concretamente la sitúa como sexta parada o mansio partiendo de Caesaraugusta, estando precedida hacia el este por la celebérrima Numancia –Numantia—y seguida (hacia poniente) por un asentamiento llamado Vasamam, identificable con la famosa ciudad de Uxama Argaela, cuyos restos se hallan muy cerca del actual Burgo de Osma.

Muralla principal de la antigua Voluce, en su frente oriental.

lunes, 17 de marzo de 2014

El Castillo de Moros. Quintana de la Serena (Badajoz). Un ejemplo de Castellum romano de cronología temprana.

Por el sugerente nombre de “Castillo de Moros” son conocidos los restos de un recinto amurallado localizados en un berrocal granítico muy cerca de la carretera que une las localidades pacenses de Quintana de la Serena y Valle de la Serena.

Resulta destacable su proximidad al recinto romano de época republicana (siglo I a.C.) de Hijovejo – 1, del cual no le separan en línea recta más de doscientos metros, flanqueando a la sazón uno por cada lado la citada vía. No obstante su emplazamiento es ligeramente distinto toda vez que Hijovejo – 1 se halla prácticamente en llano, aprovechando unos bolos graníticos poco relevantes, mientras que el Castillo de Moros utiliza un cerrete de escasa entidad pero considerablemente más destacado en el paisaje para ganar algo más de valor defensivo. Sea como sea, en ambos casos se trata de emplazamientos poco apropiados desde el punto de vista defensivo dada su evidente accesibilidad.

Vista general del emplazamiento del Castillo de Moros.

DESCRIPCIÓN DEL RECINTO Y SU EMPLAZAMIENTO. El estado de los restos conservados es bastante malo, al menos en lo referente a las estructuras visibles en superficie. Casi ocultos por la vegetación, apenas se aprecian algunos paramentos exteriores correspondientes a lienzos de muralla, mientras que el intradós de dichos lienzos aparece completamente soterrado. Para colmo la mayor parte del perímetro que indudablemente tuviera en el pasado esta fortificación se encuentra perdido en la actualidad, bien porque yazca sepultado bajo tierra, bien porque simplemente haya desaparecido engullido por los múltiples trabajos agrícolas y ganaderos sufridos por el emplazamiento desde entonces (entre los cuales no faltan algunos cercados próximos verificados con un material pétreo idéntico al del Castillo de Moros). Es por ello que, llegado el momento de reconstruir la traza de este recinto, es preciso dejarse guiar más por la lógica y el sentido común que por la siempre más segura evidencia arqueológica. 

Como ya se dijera anteriormente, el Castillo de Moros se yergue sobre un cerrete granítico de escasa relevancia, similar a muchos otros de la zona. Una primera vuelta alrededor del emplazamiento permite distinguir dos zonas distintas, dispuestas de forma aterrazada según un modelo innumerablemente repetido en lasa fortificaciones de la Antigüedad. Así, elevándose unos dos metros sobre la llana dehesa encontramos en primer lugar una suerte de plataforma (figura 1), con sus taludes poco pronunciados. Esta plataforma, de forma ovoidal y unas dimensiones aproximadas de 20 x 10 metros, rodea la segunda zona del cerrete, a saber un bolo granítico, quedando un espacio transitable en su coronamiento variable entre los cinco y los siete metros de ancho. No obstante dicha circunvalación no es completa, limitándose a los flancos occidental, oriental y meridional del citado bolo, cuyo flanco septentrional, privado de plataforma, se apoya directamente en el suelo de la dehesa. Por su parte, el bolo granítico puede describirse como una reducida afloración pétrea de planta aproximadamente rectangular –unos 10 X 3 metros—orientada en sentido Este-Oeste. Sin acceso sencillo desde la plataforma dada la verticalidad de sus paredes naturales, resulta evidente su carácter de acrópolis diminuta, sin duda utilizado en la antigüedad para incrementar el valor militar del recinto.

Fig. 1.- Plataforma del Castillo de Moros vista desde su sector suroriental. A la izquierda se yergue el bolo granítico.

jueves, 23 de enero de 2014

TRITIUM AUTRIGONUM. La Romanización en los confines de Hispania.

Ciudad de los autrigones (no es raro referirse a ella como Tritium Autrigonum) conocida por Plinio y las referencias del itinerario de Antonino. Se la localiza en el paraje conocido como El Alto de Rodilla, un kilómetro escaso al este de la localidad burgalesa de Monasterio de Rodilla, sobre un altozano cultivado de cereal en la actualidad.

El lugar, conocido de antiguo[1], nunca ha sido excavado aunque sí prospectado con notable éxito tanto desde el punto vista numismático como epigráfico y ceramológico. En el siglo XIX se desenterraron algunas canaletas de opus caementicium hoy desaparecidas.


ciudad autrigona de Tritium, Burgos
Vista general del emplazamiento de la ciudad autrigona de Tritium.

Parece ser que la ciudad romana fue antes un asentamiento autrigón, conquistado por los romanos en el marco de las guerras celtibericas. El registro cerámico, caracterizado por abundante presencia de terra sigillata hispánica y sudgálica, indica que la romanización de Tritium da comienzo en época de Escipión (hacia el 130 a.C.), prolongándose sin solución de continuidad hasta el siglo V d.C. en que, al parecer, se abandona sin que se vuelva a ocupar el asentamiento.

Vista área del Alto de Rodilla donde se aprecian claramente, por crecimiento diferencial del cereal cultivado, las trazas de las edificaciones de época clásica soterradas.

lunes, 23 de diciembre de 2013

La ciudad de CONSABURA (Consuegra). El paso de Roma por la Carpetania.

Los orígenes de Consabura (actual Consuegra, en Toledo) se remontan al siglo VI a. C., momento en que la arqueología detecta la presencia de un oppidum –poblado fortificado—en la cumbre del Cerro Calderico, hoy ocupado por el célebre castillo de la localidad y sus no menos afamados molinos de viento. 

Perteneciente a la etnia prerromana de los carpetanos, el asentamiento fue conquistado por las tropas romanas en algún momento situado entre el 192 a.C. –fecha de la conquista romana de Toledo por el pretor de la Ulterior M. Fulvio Nobilior—y el 182 a.C. –fecha de la conquista del oppidum de Contrebia Cárbica por el pretor de la Citerior Fulvio Flaco--, con preferencia hacia la primera de estas fechas dada la proximidad geográfica entre Toledo y Consuegra así como la ausencia de accidentes geográficos relevantes entre ambas.

Presa romana de Consuegra/Consabura. Lado de aguas arriba (embalse).

Parece ser que la Consabura carpetana no se entregó de grado a los nuevos señores de la región, toda vez que Plinio el Viejo la cita como Ciudad Estipendiaria, esto es sujeta al pago de un tributo –el stipendium—al pretor romano de la Citerior. Sea como sea, la ausencia de referencias en los textos latinos contemporáneos induce a pensar que bien la plaza se entregó sin excesiva resistencia, bien era demasiado pequeña como para representar un desafío importante a las águilas romanas, digno por tanto de reflejarse en las crónicas.

lunes, 11 de noviembre de 2013

La Presa de Alcantarilla. Un ejemplo de ingeniería romana muy poco conocido.

Los restos de la que fuera una enorme presa romana, comparable en monumentalidad a los más egregios logros de la técnica latina, se encuentran en la finca “La Alcantarilla”, de la que toma el nombre, sita a la sazón dentro del término municipal de Mazarambroz, provincia de Toledo, al sur del núcleo urbano de dicha población.

Para llegar a ella es preciso tomar el primer camino que nos encontramos a la izquierda nada más salir del pueblo en dirección a Cuerva y continuar por él durante cuatro kilómetros aproximadamente hasta llegar a un cruce de cierta entidad en comparación con los ramales que a un lado y a otro desembocan en la senda principal. Doblando entonces a la derecha, esto es abandonando dicha senda principal, conduciremos durante algo menos de un kilómetro hasta divisar la casa de labor de la finca y a su lado las imponentes ruinas que nos atañan. Al tratarse de una propiedad privada es preciso solicitar permiso en la casa para realizar la visita.

Vista del estribo izquierdo de la presa observado desde el vaso del embalse: hoy completamente seco.

sábado, 19 de octubre de 2013

AUGUSTÓBRIGA de los Pelendones. Una fundación romana en plena Celtiberia.

La antigua ciudad romana de Augustóbriga se localiza en el actual Muro de Agreda (Soria), en cuyo núcleo urbano han aparecido los escasos restos materiales que conservamos de esta civitas.

Al igual que tantos otros núcleos latinos lo poco que conocemos de Augustóbriga se debe a las escuetas menciones de los itinerarios –en este caso tanto el Ravenate como el de Antonino—y al geógrafo Ptolomeo. No obstante, el análisis de algunos factores como su nombre, emplazamiento físico y el contexto histórico de la comarca en que se encuentra constituye una fuente de información bastante verosímil si bien, no hay que olvidarlo, de tipo conjetural ante la falta de documentación escrita.

Como a simple vista se aprecia el nombre del asentamiento procede de la unión de dos palabras: una latina, Augusto, a la postre el cognomen del primer emperador romano, y otra céltica, briga, traducible como fortaleza, castro o, en general, lugar fortificado. “La fortaleza de Augusto” sería el significado etimológico de la palabra Augustóbriga, lo que nos pone tras la pista de un asentamiento, ya fundado, ya renombrado, en época augustea, setenta años después de la conquista romana de Termancia (96 a.C.) y el final de las Guerras Celtibéricas. Considerando por un lado que Augustóbriga se encontraba emplazada en un llano de pobres condiciones defensivas y, por otro lado, el hecho conocido de que los romanos, tras la victoria final, obligaron a las tribus celtíberas a desalojar la gran mayoría de sus poblados –castros—y ciudades fortificadas, casi siempre localizadas en altos de fácil defensa, asentándolas en las llanuras aledañas donde eran mucho más sencillo su control, se puede colegir que Augustóbriga fue uno de estos nuevos asentamientos en llano. Desde luego el nombre del lugar, significativamente oficialista, apunta en esta dirección, siendo posible ir un poco más lejos y afirmar el carácter campamental de la nueva plaza, al menos en los primeros años de su existencia. Dicho todo esto parece razonable datar la fundación de Augustóbriga en algún momento del último tercio del siglo I a.C.

Muralla de Augustóbriga al pie de la pequeña colina en que se alza el castillo de Muro de Ágreda.

viernes, 9 de agosto de 2013

METELLINUM (Medellín). De campamento a ciudad romana.

La Metellinum romana se corresponde con la actual Medellín, provincia de Badajoz, en cuyo casco urbano e inmediaciones se encuentran los escasos pero significativos vestigios que el pasado clásico nos ha legado.
 
Los orígenes de la antigua ciudad romana, hoy población extremeña, se encuentran en cierto asentamiento prerromano localizado en la cumbre del cerro del castillo de Medellín, donde hoy se alza la gran fortaleza medieval que da nombre a este accidente geográfico.

Muralla romana de Metellinum, con su esbelto paramento externo de mampostería regular en hiladas.
 
En el año 79 a.C. desembarca en Hispania Quinto Cecilio Metelo Pío (Quintvs Caecilivs Metellivs Pivs en latín), nuevo procónsul de la Ulterior. Su misión era derrotar al rebelde Sertorio, que bajo su dirección de cuño romano había independizado de facto una gran parte de la península ibérica.
 
Al mando de dos legiones, Metelo se dirige a la provincia Lusitania, en plena efervescencia bélica por aquel entonces al hallarse bajo control de Sertorio todos los territorios al norte del Guadiana. Decidido a afianzar el dominio romano sobre la zona, Metelo establece dos grandes campamentos a manera de puntos fuertes y un número indeterminado pero considerable de puntos fortificados menores. Estos dos campamentos fueron Castra Caecilia (identificado con el yacimiento de Cáceres el Viejo, en las proximidades de Cáceres capital) y Castra Metellinum, la actual Medellín, que iniciaba así su andadura por la senda de la Historia.
 
Sección transversal de la muralla romana de Metellinum donde se observa claramente el paramento externo de mampostería por hiladas y el núcleo de argamasa de cal y mampuestos sin desbastar.
 
La plaza campamental de Metellinum sobreviviría al final de las guerras sertorianas, concluidas en el año 71 a.C. con la derrota del líder rebelde. Reducida en extensión, se extendía por la cumbre del cerro del castillo y su ladera meridional, dejando sin ocupar las otras laderas sin duda ante el temor a las inundaciones provocadas por los frecuentes desbordamientos del Guadiana en época de crecida. No obstante, su importancia político-administrativa era grande al tratarse del mayor asentamiento romano en bastantes kilómetros a la redonda. Este hecho, unido a la existencia de varios epígrafes que indican la pertenencia de los naturales de Metellinum a la tribu Sergia (en menor porcentaje, a la Galeria), permite aseverar el ascenso del asentamiento a la condición de colonia durante el gobierno de César (las colonias cesarianas solían ser inscritas en la tribu Sergia). Nos encontramos, pues, ante una de las colonias romanas más antiguas de la península Ibérica, algo que por otra parte no debe extrañarnos dado que se trataba de una plaza de fundación romana, de cuya lealtad por tanto no había motivos de duda.
 
Metellinum conocería un periodo de gran esplendor durante el periodo republicano tardío y los primeros años del imperio (segunda mitad del siglo I a.C.). Sin embargo, la fundación de la Colonia Augusta Emérita en el año 25 a.C., veinticinco kilómetros aguas abajo del Guadiana, y su rápido crecimiento posterior iban a eclipsar en poco tiempo a la ciudad de Metelo. A pesar de todo Metellinum conservaría un considerable vigor urbanístico a lo largo del periodo Julio-Claudio (14-68 d.C.) tal y como atestigua el culto imperial detectado en la epigrafía, el patronazgo de personajes principales como Druso, hijo de Germánico, o Gaius Caesar, hijo adoptivo de Augusto y, sobre todo, los restos del gran puente sobre el Guadiana, arrasado por una riada a comienzos del siglo XVII y del que sólo quedan las bases de las pilas, así como las ruinas del teatro de la ciudad, erigido en el siglo I d.C. aprovechando la pendiente de la ladera del cerro del castillo.
 
Sección longitudinal de la muralla de Metellinum.
 
Conocemos poco acerca del devenir de Metellinum en los siglos siguientes a su fundación y desarrollo temprano. La falta de excavaciones arqueológicas se une en este caso al escaso volumen de referencias en los textos latinos para componer un panorama en exceso esquemático si bien probablemente correcto. Así, lo más que se puede decir es que no parece que la ciudad pasara nunca de entidad urbana más bien pequeña, sobre todo en comparación con la cercana y mucho más fastuosa Emérita. Sí que poseía, no obstante, un territorium independiente del de Emérita en el que florecían grandes villas agrícolas dependientes de la ciudad, la mayoría de las cuales han sido estudiadas con metodología arqueológica o al menos prospectadas de tal manera que se ha podido reconstruir con bastante precisión los límites de dicho territorium.
 
Muralla romana de Metellinum, en el área del teatro, con el recrecimiento de tapial de época almohade.
 
Los únicos autores antiguos que citan a Metellinum en sus obras son, como suele ser habitual en estos casos de parquedad documental, Plinio el Viejo y Ptolomeo. El primera la cita como Metellinensis Colonia, el segundo como Caecilia Gemellina en las coordenadas 8º 40´ O -- 39º 30´N. La ciudad también es mencionada en el itinerario de Antonino como mansio de la ruta XI que enlazaba las grandes urbes de Emérita y Córduba, la última antes de llegar a Emérita. De hecho, la construcción del puente romano sobre el Guadiana, hoy casi desparecido como se dijo, fue acometida con el objetivo de dar continuidad a esta ruta a su paso por Metellinum. Por último añadir que también aparece citada en el anónimo de Rávena con el nombre de Metilinon.
Aunque la ciudad nunca pudo superar la imponente competencia que suponía la proximidad de la capital de la diócesis hispánica, lo cierto es que a diferencia de muchas otras urbes hispanorromanas no sucumbió a la crisis del siglo III o a las turbulencias de finales del imperio, ni tan siquiera a la invasión musulmana que tantos núcleos antiguos yermara para siempre. Probablemente sea la existencia del puente sobre el Guadiana, imprescindible a la hora de asegurar las comunicaciones entre la capital del emirato y la siempre levantisca Mérida, la razón última de éste éxito, por otra parte motivo de que en lo alto del cerro del castillo haya lucido siempre su estampa una recia fortaleza.
 
Restos, casi arrasados, de una de las puertas de la muralla de Metellinum.
 
Aparte de los maltrechos restos del puente y las no mucho mejor conservadas ruinas del teatro, el único vestigio de la antigua Metellinum que nos ha llegado son unos pocos fragmentos de su muralla y los vestigios, muy degradados, de una posible puerta (aparentemente de acceso directo con una torre de flanqueo a la izquierda). De lo poco que queda de la muralla se puede entresacar una factura simple, poco monumental  --opus incertum--, de formas rectilíneas y con escasa profusión de elementos poliorcéticos como por ejemplo torres. Muestra un aparejo de triple hoja, siguiendo los preceptos del emplecton romano. Los paramentos externos fueron levantados con mampuestos sin tallar aunque de tamaño y forma bastante uniformes lo que permitió una regularización en hiladas ciertamente armoniosa. Todo el conjunto está ligado con un mortero de cal de muy buena calidad, fiel indicio de su origen romano. El núcleo interno, por su parte, lo forma la habitual mezcla heterogénea de tierra y mampuestos, nuevamente ligados con mortero de cal de alta calidad. En la actualidad conserva un alzado máximo de algo más de 2,5 metros en el mejor de los casos. Su espesor, más bien moderado, no alcanza los dos metros. Considerando en conjunto todas estas características, resulta bastante verosímil atribuirle una cronología temprana a esta muralla, de tipo más simbólico que defensivo por tanto. Probablemente se construyera con ocasión del ascenso de la ciudad a la categoría de Colonia, acontecimiento éste datable en algún momento entre los años 63 y 40 a.C., fechas respectivas del nombramiento de Julio César como cuestor de la Hispania Ulterior y de la batalla de Munda.
 
Ruinas del teatro romano de Metellinum. La bóveda de ladrillo se corresponde con uno de los dos accesos principales al edificio.
 
La muralla romana de Metellinum siguió siendo utilizada en los siglos medievales como defensa principal de la plaza, al menos mientras pudo  soportar el embate de los siglos y los conflictos de los hombres. Sin embargo hubo un momento, posiblemente hacia finales del siglo XII, en que los viejos lienzos romanos estaban tan arrasados que ya no podían proporcionar una defensa adecuada. Debió ser entonces cuando se recrecieran con un tapial de cal y canto de mediana calidad, observable todavía en la mayoría de los lugares donde se ha conservado la muralla de Medellín y que, a juzgar por su morfología, debe ser obra almohade.
 
Ruinas de la parte baja de la cávea del teatro romano de Metellinum.


lunes, 3 de junio de 2013

ARATISPI. Una ciudad romana de provincias en la Bética.

Con este nombre fue llamada una antigua ciudad romana, de moderada importancia, cuyos restos se encuentran en el paraje conocido como Cauche el Viejo, tres kilómetros al sur de la pedanía de Villanueva de Cauche, dependiente de Antequera, en la provincia de Málaga.
 
El solar que ocupa es un cerro de escasa altura, breve pendiente y limitada superficie que obviamente nunca pudo albergar una ciudad grande. No es de extrañar, pues, que Aratispi no aparezca citada en ninguna fuente clásica, habiendo de agradecer la noticia de su pretérita existencia a las diferentes menciones que figuran en las inscripciones localizadas en el Cerro del Cauche, hoy visibles empotradas en el campanario de la vecina Villanueva de Cauche. En efecto se trata de tres alusiones directas a una ciudad nombrada Aratispi y dos más en las que se hace referencia a otros tantos naturales de este asentamiento.
 
Restos, bastante degradados, de la muralla de la Res Pvblica Aratispitana romana.

La primera de ellas es la CIL 5730 y en ella se lee: “RES PVBLICA ARATISPITANORVM / DECREIT DIVO DEDICAVIT. La segunda, igual de clara, está clasificada con el número 5731 del CIL: RES P. ARATISPITANA / D.D. Por su parte la tercera inscripción, publicada por Corell en epigraphica 66 (1994) 60 hace referencia a un pacto de hospitalidad entre un tal Q. Lucius Fenestella y el “SENATV POPVLOQVE CIVITATIS ARATISPITANAE”. Los otros dos epígrafes citan respectivamente a un ARATISPITANO (CIL 5733) y un ARATISPITANVS (CIL 5734). No parece, pues, haber sitio para la polémica a la hora de identificar los restos urbanos localizados en Cauche el Viejo con la antigua Aratispi romana.

Las excavaciones arqueológicas realizados en la cumbre del cerro de Cauche el Viejo han permitido datar los primeros indicios de poblamiento en el remoto Calcolítico (hacia el 3000 a.C.), prolongándose éste sin sucesión de continuidad hasta la época ibérica. A este momento histórico pertenecen los restos de la muralla de la ciudad, destruida, según el parecer de los investigadores, durante la conquista romana de la comarca si bien es seguro que fue reconstruida posteriormente para servir de defensa al asentamiento ya romanizado.

Aparejo de sillarejo alternando con auténticos sillares en la muralla de Aratispi.
 
El motor principal de esta modesta ciudad, posiblemente dependiente en algún modo de la cercana Anticaria (la actual Antequera, once kilómetros hacia el norte), debió ser su proximidad a la ruta entre Cástulo (Linares, Jaén) y Málaca, que ponía en comunicación el interior de Andalucía (y más allá lógicamente) con la actual capital de la costa del Sol, de cuyo puerto podían salir por barco toda clase de productos y muy especialmente los recursos metalíferos del curso alto del río Guadalquivir, cuya capital administrativa era la citada Cástulo, muy apreciados en la cuenca mediterránea desde tiempos inmemoriales. Esta importante ruta, aunque no aparece reflejada en textos como el itinerario de Antonino, sí que figura en el anónimo de Rávena –concretamente es la número IV—figurando sucesivamente las estaciones de Anticaria, Nescania (Cortijo de Escaña, Valle de Abdalajís) y Málaca, plazas las tres más o menos cercanas a nuestra Aratispi.
 
Aparte de sus competencias comerciales y logísticas, Aratispi también basaría su economía en la agricultura de secano propia de la zona, sazonada con una producción olivera cuyo recuerdo nos ha llegado en la forma de una prensa de aceite encontrada durante las excavaciones.
 
Torre cuadrada de la muralla de Aratispi, la única conservada de todas las que pudiera poseer en sus buenos tiempos.

La ciudad romana desbordaría los estrechos límites del asentamiento ibérico hacia el siglo I d.C., descendiendo al valle inmediato, más o menos llano. El siglo II d.C. sería el de mayor esplendor de la ciudad. Así lo atestigua tanto la abundancia de cerámica sigillata localizada en los estratos correspondientes  como el hecho de que los cinco epígrafes conservados estén fechados en dicha centuria. Incluso se puede concretar un poco más restringiendo este periodo al primer tercio del siglo, cuando se tallaran sendas inscripciones honoríficas respectivamente dedicadas a los emperadores Adriano (117- 138) y Trajano (98 – 117) en las que se hace mención expresa a los magistrados de la ciudad, fiel indicio de su vigor como entidad urbana.
 
Tabernae excavadas en el frente meridional del cerro de Cauche el Viejo, en el lugar otrora ocupado por la muralla de la ciudad, que debe ser por tanto cronológicamente anterior.
 
El siglo III conocería un periodo de profunda decadencia, común a toda la provincia bética, y que sin ningún problema puede concretarse en la minería del alto Guadalquivir, muy paralizada por entonces con lo que ello significaba de merma de la riqueza disponible a lo largo de la ruta Cástulo-Málaca antes mencionada. En el año 262 de nuestra Era, reinando en Roma el emperador Galieno, se produce la invasión de Hispania por parte de una gran horda de francos y alamanes, pueblos bárbaros los dos procedentes del norte de Europa que, previamente, han pasado por la Galia, saqueándola y devastándola. Según el rastro de destrucciones detectado por la moderna arqueología los bárbaros fueron avanzando hacia el sur siguiendo la vía Hercúlea que bordeaba el Mediterráneo así como avanzando por el interior a través de las calzadas que comunicaban el valle del Ebro con la meseta. Llegados a la bética sufren sus efectos Baelo Claudia, Gadis y probablemente Málaca antes de pasar a la Mauritania Tingitania, donde prosiguen sus raids de saqueo. También se ha sugerido su paso por Antequera y Singilia Barba, urbes muy cercanas ambas a Aratispi, lo que unido al hecho de la probable devastación de Málaca nos permite hipotetizar el empleo de la ruta Castulo – Málaca por parte de francos y alamanes, detalle éste que en último extremo permite atestiguar la destrucción de Aratispi en algún momento entre los años 262 y el 267, fecha esta última considerada límite de la presencia germánica en Hispania antes de pasar a África. El corte en las exportaciones de aceite de oliva a Roma, provocado según los investigadores por la invasión bárbara, supondría la puntilla a una situación ya muy deteriorada aún antes del ataque norteño a causa del cese de la actividad minera y el retraimiento general del mundo urbano característico de este periodo del Imperio romano. Sí que parece cierto que Aratispi retuvo algún tipo de población residual --sin duda carente de dinamismo urbano ni con toda probabilidad instituciones públicas-- ya que en época musulmana alberga una pequeña población fortificada que perduraría a duras penas hasta la conquista cristiana de Antequera (1410) en que se despuebla para siempre.
 
Inscripción 5730 del CIL esculpida en honor del emperador Trajano por la RES PVBLICA ARATISPITANORVM.

Los principales restos conservados de Aratispi son una serie de tabernae, erigidas en una sobria mampostería cogida con mortero de cal, donde no falta algún que otro ejemplo de pavimento verificado en opus spicatum. También pueden contemplarse algunos vestigios de viviendas en la cumbre del cerro de Cauche el Viejo y la prensa olearia mencionada anteriormente así como algunos tramos de la vieja muralla ibero-romana que pasamos a describir a continuación.
 
Se trata de una muralla poco imponente de trazado rectilíneo, cuyos breves restos pueden observarse hoy en sector meridional del cerro, el más vulnerable al presentar una pendiente menor, a una cota ligeramente inferior a la de su cumbre.
Está ejecutada empleando la habitual técnica de triple hoja, paramento interno, paramento externo y núcleo interior heterogéneo y macizado. Su paramento externo muestra un correcto sillarejo no isódomo, en ocasiones sillería de calidad variable, que proporciona un aparejo sólido y de agradable apariencia. Como aglomerante se utilizó un mortero de barro de buena calidad, especialmente destacable en los puntos donde la falta de linealidad en las hiladas obligó al empleo de calzos de regularización. El paramento interno se encuentra hoy soterrado por lo que no se puede decir nada de él.
 
Un nuevo lienzo, algo más tosco que el anterior, de la muralla aratispitana.
 
El elemento más destacable que podemos contemplar en esta muralla es una torre rectangular maciza de aproximadamente 3,5 metros de ancho por 2 de lado. Lo más probable es que todo el frente meridional del recinto amurallado estuviera flanqueado por torres como ésta.
 
La escasa similitud de los materiales y técnicas empleados en esta muralla en relación con los propios del resto de las estructuras excavadas en Aratispi, de clara cronología imperial, así como el hecho de verse interrumpida a partir de cierto punto de su traza por las tabernae citadas, permite fechar esta muralla en época republicana, posiblemente siguiendo la traza de la muralla ibérica. Estamos hablando por tanto del siglo II a.C., no mucho después de la destrucción de la muralla ibérica encuadrable en el marco de la conquista de la zona y el subsiguiente comienzo de la romanización.
 
Restos de pavimentos romanos desenterrados durante las excavaciones. Opus Spicatum (en espina de pez) a la izquierda, Opus Testaceum (ladrillo) a la derecha.