martes, 2 de octubre de 2012

LACIPO. Retrato de una ciudad Turdetana.

Las ruinas de la ciudad romana de Lacipo se encuentran localizados en la cumbre del cerro del Torreón, término municipal de Casares (Málaga), dentro del cortijo de Alechipe, nombre éste que a todas luces proviene de su antepasado latino.

Según los resultados de las distintas campañas arqueológicas llevadas a cabo en este yacimiento, el origen de Lacipo se remonta al siglo VI a.C. a modo de asentamiento ibero-turdetano muy influenciado por la cultura púnico-fenicia tal y como evidencia la metrología púnica de sus acuñaciones.
 
Este temprano origen no debe extrañarnos dado el gran valor estratégico de que goza el cerro del Torreón, a la sazón perfecta atalaya desde la que controlar el tránsito por los ricos valles del Genal y el Guadiaro así como el acceso a la costa desde la serranía de Ronda. Si a esto le unimos su considerable bondad defensiva, basada en unas pendientes considerables coronadas en una ancha meseta a buena altura, tenemos los elementos perfectos para conformar un emplazamiento francamente atractivo a los ojos de los antiguos pobladores de esta parte del litoral andaluz.
 
Muralla turdetana de Lacipo, labrada en una correcta mampostería, no pocas veces calificable de sillarejo, argamasada con barro.
 
El encuadramiento de Lacipo dentro del ordenamiento jurídico romano debió ser bastante temprano ya que la ciudad accede al privilegio de labrar moneda antes del comienzo de la era Cristiana. En cualquier caso Plinio –Historia Naturalis—la cita como ciudad estipendiaria con el nombre de Blacipo, lo que indica que al menos en la mitad del primer siglo de nuestra era y, desde luego, en tiempo de sus acuñaciones monetales Lacipo seguía sin ser un municipio libre.
 
La ciudad también es citada por Pomponio Mola y Ptolomeo. Este último, concretamente, no la ubica entre los turdetanos sino entre los bastetanos, dando las siguientes coordenadas: 10º 15´ de latitud Norte y 37º 20´ de longitud Oeste. La controversia no es tal habida cuenta los abundantes errores que cometiera el sabio de Alejandría en sus apreciaciones geográficas.

Un nuevo resto de la muralla ibérica sobresaliendo entre la exuberante vegetación del cerro.
 
Su importancia a nivel local debió ser sobresaliente, controlando el paso por varias de las calzadas locales que pasaban por sus proximidades, no así ninguna de las grandes calzadas romanas citadas en documentos como el Itinerario de Antonino o el Ravennate, más desplazadas hacia la costa así como bordeando la serranía de ronda por el este, huyendo de sus fragosidades, como por otra parte es normal (es el caso de la ruta VI, item a Malaca – Cadis --Ruta entre Málaga y Cádiz-- y la V, item a Castulone – Malacam --ruta entre Málaga y Cástulo--.)
 
Su carácter de asentamiento ibérico en altura, con un marcado carácter defensivo, debió traer consigo la presencia de fortificaciones desde prácticamente la fundación del asentamiento. Estas defensas debieron continuar en uso en época romana, si bien no hay que olvidar que el calificativo de estipendaria que tuviera Lacipo indica un cierto grado de resistencia a la penetración romana en tiempos de la conquista de la zona, lo que en último término hubiera podido conducir a un mayor o menor desmantelamiento de la muralla ibérica original.
 
Restos de la muralla romana de Lacipo. A la derecha el esquinazo de una posible torre de flanqueo.
 
Los restos arquitectónicos que se pueden observar en el Cerro del Torreón, algunos fruto de las últimas excavaciones, son bastante significativos, destacando la base de un edificio público labrado en sillería y dos grandes aljibes recubiertos de opus signinum en buen estado, uno de ellos parcialmente abovedado. No obstante el elemento más sobresaliente es la muralla que protegiera la plaza, de la cual han quedado restos lo suficientemente consistentes como para permitir su estudio y una aproximación a su cronología.
 
La cerca en cuestión puede verse en el frente occidental del cerro, asomada al valle. Sin duda debió ajustarse a la cumbre del cerro, aunque en la actualidad no se aprecian restos en el frente oriental y sólo algunos breves vestigios en el meridional y el septentrional.
 
Paredón de opus caementicium colocado por tongadas correspondiente a un antiguo edificio de uso civil (con connotaciones militares)  que se alza donde, en buena lógica, hubiera de estar la muralla de la ciudad.

El principal resto es un lienzo de muralla de unos treinta metros, aproximadamente rectilíneo, labrado en una correcta mampostería, en algunos casos sillarejo, aglomerada con barro. La fábrica conserva un alzado de poco más de un metro, siendo su espesor de 1,60 centímetros aproximadamente. Tipologicamente se trata de un buen ejemplo de muralla ibérica, de probable cronología temprana, si bien el empleo de muchos sillarejos nos pone tras la pista de reparaciones y reformas posteriores. Desde luego la fecha de sus construcción es anterior a la de los edificios romanos de la ciudad ya que éstos aparecen distribuidos sobre la cumbre del cerro en función de la muralla, adosándose a ésta e incluso superponiéndose en los tramos de factura más moderna. Podemos pues, asignarle, por paralelismos, una cronología entre los siglos III-II a.C.
 
Adicionalmente a esta muralla de mampostería aglomerada con barro, se observan pequeños fragmentos de lienzo realizados en mampostería aglomerada con mortero de cal según las técnicas del opus incertum romano y aún los restos de una torre rectangular, hueca, escasamente proyectada hacia el exterior. Sin duda corresponden a la fase romana de Lacipo, pudiéndose datar en el siglo I d.C. o en el siguiente. Así mismo hay puntos en que no se aprecian restos de la muralla ibérica, encontrándose en su lugar una base de opus caementicium, obviamente romana, que sin duda pertenece a la muralla de cronología romana antes citada. Incluso se conserva en este caso un paramento de de unos cuatro metros de altura si bien, por su esbeltez, no parece pertenecer a defensa alguna sino corresponder más bien el muro trasero de una casa, erigida bien extramuros, bien previo desmantelamiento de la cerca turdetana a su paso por ese sector del perímetro del cerro.
 
Torre o cubo de la muralla romana de Lacipo. Verificada en opus incertum, destaca sobremanera su reciedumbre.
 
Una posible explicación de este reforzamiento de las murallas de Lacipo (la muralla romana es de un empaque bastante superior al de la ibérica) puede encontrarse en la amenaza que, durante el reinado de Marco Aurelio (121-180), supusieran los ataques de las tribus mauritanas a la costa de la provincia romana de la Bética. Posiblemente fue a causa de este temor que se refortificó Lacipo, ciudad claramente expuesta a estos ataques dada su proximidad a la costa. En tal caso los aparejos de opus incertum (mampostería ligada con cal) del recinto amurallado de Lacipo habrían de ser datados en el segundo tercio del siglo II d.C.
 
Cerca del extremo septentrional del cerro se distingue con claridad, a pesar de estar prácticamente enterrada, la traza de la muralla, nuevamente la ibérica a juzgar por sus características constructivas.

Restos casi enterrados de la cerca ibérica cerca del frente septentrional del cerro del Torrejón.
 
Las excavaciones arqueológicas fechan el abandono de la ciudad en el siglo IV d.C. Nunca más se volvería a habitar, si bien su recuerdo continuaría en la memoria de las gentes. Así lo indica el empleo de su solar como necrópolis en época visigoda, detectado arqueológicamente.
 
Centrándonos ahora en las acuñaciones monetales de Lacipo, se puede adelantar que se reducen a una sola emisión de semises de un volumen medio tirando a reducido lo que explica su elevado grado de rareza en la actualidad. Su datación podemos fijarla alrededor del cambio de siglo entre el II y el I a.C., en un ambiente de uso generalizado del semis como moneda habitual así como bastante influenciado por las acuñaciones de raigambre púnica propias de las cecas cercanas.
 
Aljibe de la ciudad de Lacipo, el cual conserva en buen estado gran parte de su bóveda de medio punto y el revestimiento interno de opus signinum.
 
Aunque se trata de una única emisión, ésta se divide en dos series muy similares entre sí. La primera presenta, en anverso, un toro a derecha encima del cual podemos ver una estrella de ocho puntas. En el reverso se encuentra un delfín mirando a izquierda alrededor del cual se dispone la leyenda LACIPO en unos caracteres bastante toscos.
 
La segunda emisión, como dijimos muy similar a la primera, presenta también un toro en anverso, sólo que esta vez mirando a izquierda y con una estrella de cinco puntas (a veces cuatro: cruz) sobre él. El reverso es idéntico al de la primera emisión con  la curiosa variante de disponer la leyenda de ceca LACIPO en forma retrógrada: característica ésta perfectamente coherente con el ambiente púnico en el que se encuadra esta emisión.
 
Como se puede comprobar en ambas series, se trata de unos motivos de anverso y reverso literalmente copiados de cecas cercanas como Carteia (delfín) o Asido (toro): desde cualquier punto de vista mucho más prolíficas que Lacipo con lo que esto significa de evidencia de unas economías más potentes y, por tanto, influyentes que debían encuadrar a Lacipo dentro de su órbita comercial.
 
En las siguientes fotos podemos ver dos semis de esta ceca, el primero correspondiente a la primera serie y el segundo a la segunda.
 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

La ciudad hispanorromana de CARTEIA y su ceca monetal. 4ª Parte.

Conozcamos a continuación las últimas ocho emisiones de la célebre ceca andaluza de Carteia, correspondientes al periodo imperatorial e imperial temprano.
 
23ª Emisión. Hacia el año 40 a.C.
Esta emisión se divide en dos series de semises con un anverso común (el ya conocido de cabeza femenina torreada a derecha, con leyenda CARTEIA delante y tridente detrás), característica esta última habitual en las acuñaciones de esta ceca. En ambos casos fueron emitidas bajo los auspicios del cuartoviro Publius Falcidius, que como tal figura en el reverso de las monedas.
La primera emisión exhibe un interesante reverso, no inédito en su simbología si bien dispuesto de un modo algo más peculiar. En él se muestra un haz de rayos (símbolo de Júpiter, el dios máximo del panteón romano) tendido así como situado entre dos líneas. Por encima de este conjunto se encuentra el nombre del cuartoviro: P.FALCIDI, por debajo podemos leer su rango: IIIIVIR.
 
En cuanto a la segunda, aún siendo un semis emplea un motivo de reverso típico de los cuadrantes carteienses como son las armas de Hércules: el arco, la aljaba y especialmente la maza o clava, todo ello probablemente al objeto de resaltar el carácter religioso de que hace gala la iconografía de esta emisión, en este caso empleando la relación Júpiter-Hércules de bastante transcendencia en el sentir religioso romano. Concretamente las armas de Hércules aparecen en posición vertical, siendo flanqueadas a izquierda por el nombre del magistrado P.FALCIDIVS y a derecha por su rango IIIIVIR EX SC FC. Existe una variante de esta clase de reverso, más escasa y de peor factura técnica, en la que esta última leyenda aparece reducida a la expresión IIIIVIR FC. A continuación podemos contemplar un par de ejemplares del tipo principal de esta segunda serie.
 
 
24ª Emisión. Hacia el año 35 a.C.
Se trata de una única serie de semises aunque, eso sí, bastante voluminosa. En el anverso aparece de nuevo la cabeza femenina torreada identificable con la diosa feno-púnica Tyche, flanqueada a derecha por la leyenda de ceca CARTEIA y a izquierda por la expresión contraída EX D D: Ex Decretio Decurionum, en castellano “por Decreto de los Decuriones”, indicando así que esta emisión había sido ordenada por la asamblea de los decuriones de la ciudad: verdadero órgano de gobierno de toda urbe romana, compuesto normalmente por alrededor de un centenar de ciudadanos de entre los cuales se elegían los diferentos cargos de cuestor, edil, pretor, duumviro o cuartoviro. Aunque evidentemente todas las emisiones anteriores de Carteia también debieron ser ordenadas por la asamblea de decuriones, lo cierto es que es en esta moneda donde por primera vez se indica este hecho por medio de la expresión EX D D, por otra parte bastante habitual en la numismática hispana. El reverso de la moneda también resulta algo original pues emplea por primera vez el Caduceo, en este caso alado (símbolo de Mercurio), como elemento principal, ubicándolo para ello en una señalada posición vertical en pleno campo monetal. Flanqueándolo, dos líneas de leyenda verticales nos informan del  responsable (por supuesto un cuartoviro) de la buena marcha de la acuñación ordenada por los decuriones: C MAIVS C F POLLIO IIII VIR (este último VIR en horizontal justo debajo del caduceo). Se trata de una leyenda bastante peculiar dentro de su convencionalismo por dos motivos: primero por ser la única leyenda de magistrado que hace referencia a su progenitor: CF, probablemente Caius Filius y segundo por ser la única en la que se expresa el nombre completo del magistrado con su Praenomen, Nomen y Cognomen: C(aius) Maius Pollio. Las siguientes tres monedas corresponden a otros tantos ejemplares de esta interesante emisión.
 
 
25ª Emisión. Hacia el año 30 a.C.
La vigesimoquinta emisión consta de dos series de semises realmente interesantes toda vez que difieren bastante entre sí, incluido los anversos, manteniendo solamente en común, como es natural, el nombre de los dos cuartoviros responsables de la emisión: Lucius Atinius y Caius Nucia.
 
En anverso de la primera serie presenta toda una novedad en la numismática carteiense como es Cabeza de Victoria alada a derecha. El conjunto lo completa la  inscripción EX D D que ya apareciera en la emisión anterior y que en lo sucesivo encontraremos habitualmente en las acuñaciones de la ciudad. El reverso resulta más convencional al presentar una cornucopia tendida en medio del campo con las leyendas dispuestas alrededor de ella como sigue: arriba el magistrado L.ATINI, debajo el otro magistrado: C. NVCIA, a la derecha, justo donde empieza la cornucopia, el rango de éstos: IIIIVIR. Las siguientes fotografías corresponden a una pareja de bonitos ejemplares de esta serie.
 

La segunda serie también presenta un anverso inédito, siendo en este caso el dios Apolo su protagonista (busto diademado a derecha). Sí que se repite la inscripción EX D D si bien ubicada delante del busto a diferencia de la primera serie, donde se ubicaba detrás. En cuanto al reverso, nuevamente introduce una aportación inédita, de elevado valor estético además. Se trata de una elegante lira (emblema de Apolo) en posición vertical, flanqueada a izquierda y derecha por ambos magistrados (las leyendas son las mismas que las de la primera serie), cuyo rango se indica vía la habitual expresión IIIIVIR al pie de la lira citada. A continuación podemos contemplar dos semises de esta segunda serie en bastante buen estado de revista.
 
 
26ª Emisión. Hacia el año 25 a.C.
Esta emisión se caracteriza por no incluir los nombres de los magistrados monetales de la ciudad, los cuales de hecho ya no volverán a aparecer en las acuñaciones de la ciudad, quedando como únicos reflejos numismáticos de las instituciones carteienses el término (EX) D D: Decretio Decurionum y, no siempre, la marca de rango IIIIVIR.
 
Consta de tres series distintas: dos bastantes abundantes y una tercera mucho más escasa, en todo caso entendiendo que no presentan acusadas diferencias entre ellas. Por otra parte sus monedas son bastante reducidas de diámetro y peso (alrededor de 17 mm y 4,1 g), lo que parece indicar que se trata de cuadrantes y no de semises, sin que una inexistente marca de valor acuda a terminar de esclarecer el asunto (en realidad ninguna moneda carteiense posterior a la decimoséptima emisión lleva marca de valor). En cualquier caso no es raro encontrar monedas de esta emisión catalogadas como semises tanto en Internet como en los catálogos de subastas por más que su peso apunte, efectivamente, a una identificación como cuadrantes.
El anverso de las tres series es común y poco original a la postre: Cabeza femenina torreada a derecha, con leyenda CARTEIA delante y tridente detrás. Los reversos también son muy parecidos girando alrededor de un motivo novedoso hasta cierto punto como es el del Amorcillo cabalgando sobre delfín, en el cual se mezclan armónicamente la iconografía religiosa y la naval, como sabemos muy utilizadas por la ceca carteiense. La primera serie, muy común, presenta el amorcillo sobre delfín a derecha, con leyenda IIIIVIR arriba y leyenda EX D D debajo. La segunda, también bastante corriente, es idéntica salvo que suprime el IIIIVIR de arriba y reduce la leyenda de abajo a un escueto D D. En cuanto a la tercera serie, muy escasa, se distingue rápidamente por que el amorcillo sobre delfín mira hacia izquierda en lugar de hacia derecha, conservando por lo demás las leyendas de la primera serie lo que parece apuntar a una cronología intermedia entre la primera y la segunda series. El siguiente par de ejemplares pertenece a la primera serie de esta emisión, correspondiendo los otros tres a la segunda.


27ª Emisión. Reinado de Augusto.
Aunque no se puede saber con seguridad, debería poder datarse hacia el 20 a.C. con ocasión de la nueva elección de magistrados cada cinco años.

Se trata de una sola serie realmente voluminosa (es una de las monedas más corrientes de la ceca) de, a juzgar por su diámetro y peso, cuadrantes. Los motivos escogidos para anverso y reverso resultan sobradamente familiares si bien no tanto su disposición ya que por primera vez en una acuñación carteiense aparece el Delfín como motivo de anverso, en este caso a izquierda, con un tridente cruzado y la leyenda de ceca CARTEIA (lo que indica que éste es el anverso) debajo de él. El reverso sí que es, definitivamente, poco original con un Timón tendido a izquierda y las leyendas IIIIVIR y D D ubicados arriba y debajo respectivamente. A continuación podemos ver dos bonitos representantes de esta serie de cuadrantes.


28ª Emisión. Reinado de Augusto.
En esta emisión ya no aparece alusión alguna a los cuartoviros de la ciudad por lo que carecemos de referencias precisas para datar la moneda, si bien parece verosímil hipotetizar los años del cambio de siglo.

La vigésimo octava emisión es quizás una de las más buscadas por los coleccionistas no ya tanto por su rareza, que no es excesiva, sino por la curiosa figura que aparece en su reverso: un pescador ejerciendo tan digno oficio. Semejante motivo no es exclusivo de esta emisión pues aparecía también en la vigésima; no obstante la considerable escasez de esta última emisión provoca que lo normal sea el hallazgo y adquisición de un ejemplar de la vigésimo octava, razón que explica el hecho de que en el “imaginario colectivo” de los coleccionistas sea éste el “Carteia del pescador” por excelencia.



La emisión se divide en dos series, prácticamente idénticas entre sí. El anverso es común a ambas: Cabeza femenina torreada a derecha con leyenda CARTEIA delante. Aunque no se trata de un motivo de anverso novedoso sí que presenta un tipo de arte significativamente apartado del resto de “cabezas femeninas torreadas”, evidencia clara de la presencia de una nueva generación de acuñadores trabajando en los talleres de la ceca de Carteia. El reverso muestra al célebre pescador con sombrero de ala ancha, sentado sobre una roca, con el cesto a su vera y sosteniendo una caña de cuyo sedal pende un pez. Las monedas de la primera serie, bastante más comunes que las de la segunda, exhiben al pescador mirando a izquierda; las de la segunda serie lo hacen mirando a derecha. Ahí acaban las diferencias entre ambas series toda vez que la leyenda D D (una letra a cada lado del cuerpo del pescador) es común a la dos. El siguiente cuarteto de semises corresponde, tres a la variante con pescador a izquierda, y un cuarto a la menos común del pescador a derecha.


29ª Emisión. Reinado de Augusto. Primera década del siglo I d.C.
Quizás sea ésta la emisión más abundante de la ceca de Carteia, lo que redunda en que sea también la más conocida por los coleccionistas. Si a esto le unimos un tamaño y peso algo mayores de lo habitual en los semises carteienses así como una iconografía bastante atractiva obtenemos como resultado una moneda emblemática dentro de la numismática hispanorromana.
 
El motivo de anverso es idéntico al de la anterior emisión, incluido el arte, lo que indica sin apenas dudas que ambas emisiones fueron labradas por las mismas manos. El reverso sí que es bastante diferente (no así su arte que es virtualmente idéntico) y también novedoso ya que representa a Neptuno de cuerpo entero, mirando a izquierda, con un delfín en la mano derecha, un tridente en la izquierda y la pierna derecha apoyada sobre una roca. Delante se observa la leyenda D D, bastante separadas entre sí una letra de la otra. Contemplemos ahora tres semises correspondientes a esta emisión.
 
 
30ª Emisión. Reinado de Tiberio.
Acuñada probablemente a principios del reinado de Tiberio, tal y como indica la alusión a Germánico y Druso.
 
La trigésima y última emisión de Carteia será la única que incorpore una referencia a la familia imperial. Iconográficamente hablando la moneda es idéntica a otras de emisiones anteriores: Cabeza torreada femenina a derecha en anverso, Timón vertical en reverso. Incluso incorpora la interesante leyenda IIIIVIR CART, esto es: el Cuartoviro de Carteia, de la más pura raigambre ciudadana. Sin embargo el resto de la leyenda es puramente imperial: GERMANICO ET DRUSO en anverso y CAESARIBVS en reverso (a izquierda del timón, a derecha se ubica la leyenda IIIIVIR CART antes citada). Ni que decir tiene que esto es un claro indicio de los nuevos vientos que soplaban sobre la centenaria ciudad hispana, ya plenamente romanizada y por tanto sumisa a los designios del emperador de Roma. Sin duda alguna de haber acuñado más emisiones éstas habrían mantenido el carácter imperial con el que no deja de sorprendernos  esta trigésima emisión; mas como nunca sucedió tal cosa no procede nada mejor que dejar de elucubrar y dar por terminado este viaje por la numismática carteiense, no sin antes permitir al paciente lector que se regodee la vista con estos bonitos ejemplares de semises a nombre de los Césares Germánico y Druso.
 






 






sábado, 11 de agosto de 2012

La ciudad hispanorromana de CARTEIA y su ceca monetal. 3ª Parte.

Retornamos la descripción de las sucesivas emisiones de la ceca de Carteia. Estamos a principios del siglo I a.C., época tardorepublicana, a la sazón un periodo de gran esplendor para el centenario puerto del meridión hispano.

14ª Emisión. Hacia el año 85 a.C.

La decimocuarta emisión resulta bastante interesante toda vez que rompe con la tradición anterior, ya bastante asentada, de incluir las iniciales de los magistrados monetales en los reversos de las monedas. En su lugar esta emisión se inclina por un diseño sencillo al tiempo que típico, esto es recurriendo a la iconografía habitual de la ceca, lo que parece indicarnos una continuidad en el ámbito monetal carteiense.

Esta emisión se divide a su vez en dos series de semises, cuya acuñación debió ser coetánea. La primera serie exhibe el anverso típico de Jupiter a derecha; en cuanto al reverso muestra un delfín a izquierda con leyenda CARTEIA debajo. Dentro de esta serie contamos hasta 4 variantes, según la colocación de la marca de valor S (o la ausencia de ésta). Así, tenemos una primera variante con la S en el anverso, delante de Júpiter, otra que no la tiene, una tercera con la marca de valor tendida sobre el delfín de reverso y, por último, una cuarta con la S tendida por debajo de la leyenda de ceca CARTEIA en el tercio inferior del reverso monetal. Las dos primeras variantes son bastante comunes, la tercera de rareza media y la cuarta considerablemente escasa. En la siguiente fotografía podemos ver un bonito ejemplar de la variante con marca de valor S debajo de leyenda de ceca y otro, peor conservado, de la variante con la marca de valor en anverso, delante del busto de Júpiter.


La segunda serie, más escasa en general que la primera, resulta también más interesante toda vez que emplea una iconografía sino novedosa sí algo distinta a la habitual en la ceca. El anverso de estas monedas introduce por primera vez un elemento que volveremos a ver más veces en lo sucesivo y que es el marinero timón, en este caso tendido y a izquierda. Ni que decir tiene que se trata de una iconografía totalmente en línea con la tradición naval de la ciudad tantas veces reflejada en sus acuñaciones. Complementando este anverso aparecen la marca de valor S y la leyenda de ceca CARTEIA, existiendo dos variantes: una con ambas inscripciones encima del timón y la otra debajo. En cuanto al reverso exhibe la también muy marinera pero mucho menos novedosa proa de galera, en este caso a izquierda y con leyenda de ceca retrógrada (en el caso de la segunda variante) CART.

15ª Emisión. Hacia el año 80 a.C.
Consta de tres series monetales, todas ellas de semises, con unas cuantas variantes cada una, emitidas, al menos parcialmente, de forma consecutiva y no coetánea a juzgar por la yuxtaposición de motivos que se observa.

La primera serie parece continuar el estilo de la anterior emisión, proporcionando un moderadamente escaso volumen de semises con la marca de valor S y la leyenda de ceca CARTEIA como únicas inscripciones. La moneda sigue un patrón típicamente carteiense de Júpiter a derecha en anverso y proa de galera a derecha en reverso. La marca de valor aparece siempre detrás del busto de Júpiter y también, en algunas variantes, en el reverso sobre la citada proa. La leyenda CARTEIA la encontramos como es habitual en el exergo del reverso si bien existe una curiosa variante en la que aparece dos veces en el mismo reverso, encima y debajo de la proa de galera, con la diferencia adicional de que en esta variante concreta ambas leyendas de ceca llevan nexadas las letras T y E. La siguiente fotografía corresponde a una moneda de esta última variante de la primera serie.


La segunda serie es la que más información nos aporta acerca de la ceca de Carteia. Esto se debe a que incluye las iniciales de los magistrados monetales de la ciudad aunque sin especificar su rango. Probablemente fueran ediles como los últimos magistrados reseñados en las monedas (13ª emisión) de ahí que no se considerara necesario especificarlo como sí se hubiera hecho de haber habido un cambio en el rango de la magistratura monetal. Las iniciales de estos magistrados son L. MAR y M. CVR. El primero debía llamarse Lucius Marcius, probable descendiente del magistrado (seguramente cuestor) del mismo nombre que aparece en la 7ª emisión (año 104 a.C.). El segundo nos plantea una duda de difícil solución ya que la inicial CVR puede ser tanto de CVRVIVS como de CVRMANVS, familias ambas reseñadas con anterioridad en las emisiones carteienses (4ª y 6ª emisión respectivamente). Ninguna de las cuatro variantes de leyenda que hay nos sirve para resolver este enigma toda vez que no desarrollan el nombre más allá de ese escueto CVR. En cuanto a la disposición iconográfica, la moneda sigue de cerca el modelo de la serie anterior, con Júpiter a derecha con S detrás en anverso así como proa en reverso también a derecha. Varía algo más en la disposición de los textos, alternándose la leyenda de ceca y las iniciales de los magistrados monetales: en dos variantes encima de la proa, en las otras dos debajo de ésta. En la siguiente foto podemos contemplar un bonito ejemplar de la variante con leyenda de ceca CARTEIA arriba y magistrados L MAR M CVR abajo.


En cuanto a la tercera serie resulta especialmente interesante toda vez que en ella no aparece el busto de Júpiter sino uno de Hércules con la piel de león propia de este personaje mitológico. Aunque no es la primera vez que Hércules aparece en las monedas de Carteia, nunca lo había hecho en los anversos de los semises, limitándose antes bien a los divisores: cuadrantes y sextante. Como diferencias adicionales esta segunda serie lleva la leyenda de ceca reducida a la expresión CARTE (las dos últimas letras nexadas) así como encima de la proa de galera y no debajo. A continuación podemos ver un ejemplar de esta curiosa variante bien es que no demasiado respetado por el inclemente paso del tiempo.
16ª Emisión. Hacia el año 75 a.C.
Se trata de una muy breve (Leandre Villaronga, en su Corpus, la otorga una rareza 9 sobre 10) emisión de cuadrantes labrados en un cuanto menos poco habitual estilo. Así, el anverso muestra un “petasos” o sombrero alado, atributo propio del dios Mercurio, motivo éste que no utilizaba la ceca desde su primera emisión más de medio siglo atrás. La leyenda de ceca reducida CARTE, debajo de este petasos, completa el conjunto. En cuanto al reverso aparece un caduceo tendido a izquierda. Al igual que el petasos este motivo, nuevamente asociado al dios Mercurio, no aparecía desde el cuadrante de la primera emisión. Volveremos a encontrarlo en emisiones posteriores. Encima del caduceo nos encontramos las iniciales del magistrado monetal C. PE: probablemente iniciales de Caius Pedecaius, casi seguro descendiente de ese Quintus Pedecaius que protagonizara la 9ª emisión en el 102 a.C.  Debajo del caduceo vuelve a aparecer la leyenda de ceca CARTE sólo que invertida esta vez y, a su lado, la marca de valor “3 Glóbulos” propia de los cuadrantes.

17ª Emisión. Hacia el año 70 a.C.
Los magistrados monetales M. ARG (Marcus Argius) y NVM (¿Numinus, Numerius, Nummius?) son los protagonistas de esta nueva emisión (sólo semises) de mediano volumen tirando a escaso.

Consta de dos series, una para cada magistrado así como idénticas por lo demás. En el anverso encontramos un busto muy simplificado de sexo aparentemente masculino cubierto con casco empenachado  y mirando a derecha. La marca de valor S se ubica detrás de dicho busto. En el reverso vemos una proa de galera a derecha, nuevamente algo simplista de arte, con leyenda de ceca reducida CARTE debajo y nombre del magistrado, cada serie el suyo, arriba.

18ª Emisión. Hacia el año 65 a.C.
Aunque reducida a una sola serie, la decimoctava emisión es una de las más voluminosas que efectúa la ceca de Carteia. Su diseño, puramente carteiense, resulta simple pero elegante. El anverso muestra busto barbado a izquierda (no parece que se trate de Júpiter) de acusado estilo autóctono, bastante alejado del aire clásico propio de las acuñaciones de Carteia. El reverso presenta un grueso delfín a izquierda, con leyenda de ceca KARTEIA debajo e iniciales del magistrado encima. En este caso se trata de C. VIB (Caius Vibius), cuyo nombre aparece seguido de la inicial de su rango: AID, a la sazón una forma local del término AED àAedile àEdil. Seguidamente se muestran tres ejemplares de semises de esta emisión.

19ª Emisión. Hacia el año 60 a.C.
Nuevamente se trata de una serie aislada, aunque en este caso de cuadrantes, no de semises, así como muchísimo más escasa que la decimoctava emisión hasta el punto de otorgarle Leandre-Villaronga una rareza 8 sobre 10.

El anverso exhibe una cabeza con casco empenachado a derecho al estilo de las que aparecen en las monedas de la decimoséptima emisión. El reverso presenta un timón a izquierda, así como las iniciales del magistrado monetal P. MION arriba y el rango de éste, IIIIVIR, abajo. Constatamos, pues, que la responsabilidad de acuñación de moneda la ostenta ahora el magistrado conocido como Quattuorvirus o Cuartoviro. A juzgar por las evidencias en algún momento entre el año 65 y el 60 a.C. se dio carta de naturaleza a la institución del cuartorvirato en Carteia. Normalmente esta magistratura se estructuraba en dos escalas: el Quattuorvirum aedile y el Quattuorvirum iure dicundo. Este último era de mayor rango que el primero (una especie de edil superior frente al edil tradicional) y entre sus responsabilidades se encontraba la acuñación de moneda. Podemos por tanto afirmar que P. MION fue el primer Quatutorvirum iure dicundo nombrado por la ciudad de Carteia, motivo por el que aparece su nombre en esta decimonovena emisión.

Probablemente ésta sea la emisión más polémica de Carteia a nivel académico, siendo habitual que los autores pasen “de puntillas” por encima de ella a la hora de abordar la descripción del numerario carteiense. El nomen del magistrado –MION— no es conocido más allá de esta moneda lo que ha llevado a algunos autores a dudar de la lectura interpretada en los poquísimos ejemplares conservados. Chaves Tristán nunca vio ningún ejemplar en mano, teniendo que basarse forzosamente en referencias bibliográficas, la primera de las cuales, en lo que a esta moneda se refiere, se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII (Las medallas de las colonias, obra escrita por el padre Enrique Florez). Se ha llegado a proponer incluso (M· OCT IIIIVIR at Paestum, not P·MION IIIIVIR at Carteia: The intellectual history of a misattribution, Clive Stannard, Antonio Marques de Faria, Revista Suiza de Numismática, 2009) que el padre Florez confundió un presunto semis de Carteia con otro, mucho mejor conocido, acuñado en Paestum con leyenda de reverso M.OCT IIIIVIR que en algunos ejemplares deteriorados así como con ciertas particularidades de cuño puede efectivamente confundirse con P. MION IIIIVIR.

20ª Emisión. Hacia el año 55 a.C.
La vigésima emisión de Carteia se caracteriza por dar entrada al que es reconocido como uno de los elementos icónicos de esta ceca: la cabeza femenina torreada. Identificada con la diosa feno-púnica Tyche, se trata de una iconografía fuertemente autóctona –no olvidemos que Carteia es una ciudad de origen púnico—, profundamente enraizada en el espíritu ancestral de la ciudad así como alejada de los motivos de tipo romano o clásico imperantes, junto a los de tipo marítimo, en el numerario carteiense hasta ese momento.

Esta emisión consta de dos series probablemente coetáneas. La primera exhibe una única variante de reverso y es algo más común que la segunda, de la cual podemos encontrar dos  variantes menores de reverso. Los anversos son comunes en ambas series: cabeza femenina torreada a derecha con leyenda de ceca CARTEIA delante y pequeño tridente detrás. En cuanto al reverso de la primera variante tenemos un delfín tendido a derecha; las leyendas con los magistrados monetales, ambos cuartoviros, se disponen encima y debajo de él. Son C VIBI IIII VIR (Caius Vibius Quattuorvirus) y C MIN IIII VIR (Caius Minius Quattuorvirus). El primer magistrado debe ser el mismo que el de la decimoctava emisión donde aparecía con el rango de edil. Por su parte el reverso de la segunda serie resulta bastante más original toda vez que introduce otro motivo emblemático de la ceca de Carteia: el del pescador a izquierda, sentado, con sombrero de ala ancha, cesto al lado y sosteniendo una caña de cuyo sedal pende un pez. Las dos variantes de leyenda son por un lado: C. VIBI, junto al pez, y C MINIVS (nomen completo) IIII VIR debajo del magistrado y por otro: C. MINI IV C VIBI IV en dos líneas debajo del pescador y IIII VIR detrás de éste. Esta variante ofrece más información que la otra al incluir la sílaba IV, inicial de Iure Dicundo, a la sazón el cuartoviro responsable de la acuñación monetal como se dijera en un párrafo anterior. En las siguientes fotos podemos contemplar dos ejemplares de la segunda serie, el primero, bastante degradado pero legible, de la variante C. MINIVS y el segundo de la variante con sílaba IV delante de cada magistrado.


21ª Emisión. Hacia el año 50 a.C.
La emisión vigésimo primera es a todos los niveles una continuación de la vigésima hasta el punto de incluir a los mismos cuartoviros.

Nuevamente se divide en dos series coetáneas con un anverso común, a la sazón el mismo que en la anterior emisión: Tyche torreada a derecha, leyenda CARTEIA delante y tridente detrás. La primera serie es idéntica a la variante C MINI IV C VIBI IV IIII VIR de la segunda serie de la vigésima (acabamos de verla) con una breve pero muy interesante diferencia: la permuta de la inicial IV de Iure (Ivre) por la sílaba IT, inicial a su vez de Iterum. Esta palabra Iterum quiere decir que los cuartoviros que aparecen en esta moneda lo eran por segunda vez en el cargo (habían sido reelegidos), lo que de paso explica con algo de redundancia el que aparezcan de nuevo sus nombres en esta emisión.

La segunda serie recurre al timón naval en posición vertical como motivo de reverso. Delante de él aparece un cuartoviro: C VIBI IIII VIR y detrás el otro: C MINIVS IIII VIR. Además el acuñador se encarga de recordar al usuario que ambos magistrados son Quattuorvirum iure dicundo vía la inclusión de la inicial IV en pleno campo, a izquierda del timón, y que además es la segunda vez que ejercen ese cargo: inicial IT de Iterum en el campo a derecha del timón. La siguiente moneda es un bonito ejemplo de esta interesante serie de acuñaciones.


22ª Emisión. Hacia el año 45 a.C.
La presente emisión vuelve a contar con el magistrado Caius Minius como cuartoviro responsable de la acuñación, por segunda vez reelegido para el cargo por sus conciudadanos. En esta ocasión la ceca de Carteia emite una sola pero ciertamente voluminosa serie de monedas, de la cual los estudiosos han contado hasta tres variantes de leyenda poco aparatosas.

El anverso de esta emisión combina por primera vez motivos navales con religiosos al presentar un busto de Neptuno, el dios romano del mar, mirando a derecha. Detrás de la divinidad aparece un tridente; delante la leyenda IIII VIR TER que nos informa de que el magistrado monetal responsable de la acuñación es un Cuartoviro reelegido por segunda vez o lo que es igual: por tercera vez en el cargo, de ahí la sílaba TER inicial de Tertium (por tercera vez). En cuanto al reverso, retorna el delfín tendido a derecha con leyenda de ceca encima (CARTEI, CARTEI, CARTEIA son las posibles variantes) y nombre del magistrado debajo: C MINI seguido de las iniciales Q F (todo en la misma línea –se trata de la variante más común con mucha diferencia--, en dos líneas o con la Q en la primera línea y la F en una segunda). Seguidamente podemos ver 6 bonitos ejemplares de esta vigésima segunda emisión. Los cuatro primeros corresponden a la variante más común con la Q y la F en la misma línea que la leyenda de magistrado. Entre ellos difiere ligeramente la leyenda de ceca, encontrando, de arriba abajo, las siguientes variantes: CARTEI, CARTEIA, CARTE y CARTEI (T y E nexadas). La quinta y sexta monedas presentan la Q en la primera línea y la F aislada en una segunda línea. En ambos casos la variante de leyenda de ceca es CARTEI. Por fin, el séptimo y último ejemplar muestra tanto la Q como la F en una segunda línea. Esta variante es la más difícil de encontrar de las tres, siendo su leyenda de ceca, al menos en esta moneda, la variante CARTEI.


Con esta emisión cerramos esta entrada. Nos quedan todavía alrededor de 70 años de acuñaciones y un total de ocho emisiones que conoceremos en una entrada posterior.