miércoles, 28 de marzo de 2012

El MONTE ARGEO, la ciudad de EUSEBEIA/CAESAREA DE CAPADOCIA y su representación en la numismática. --3ª Parte--

Marco Aurelio, el emperador filósofo, fallece el 17 de marzo del 180 un mes antes de cumplir su sexta década. Finalizaban así veinte años de reinado caracterizado por una continua sucesión de problemas tanto internos (graves epidemias) como externos (intentos de invasión por parte de los bárbaros germánicos) que a buen seguro contribuirían a agriar su carácter ya de por sí tendente al pesimismo como buen estoico que era.

A diferencia de sus predecesores inmediatos en el cargo, que habían escogido a su sucesor de entre los más meritorios de sus súbditos, Marco Aurelio prefirió transmitir la púrpura a su hijo Cómodo a pesar de que, ya por aquel entonces, era de dominio público tanto su escasa inclinación por el estudio de las artes políticas como la excesiva afición que demostraba hacia todo lo relacionado con los juegos gladiatorios y venatorios. Comenzaría así la larga decadencia del imperio romano, el cual nunca llegaría a alcanzar, ni aún en los momentos más brillantes de los siglos posteriores, siquiera una fracción del esplendor vivido durante el reinado de “los cinco emperadores buenos”.

Pero si bien la entronización de Cómodo supuso un tan desagradable como agudo cambio a peor a ojos de la cúpula dirigente del imperio allá en Roma, en la lejana Caesarea de Capadocia el asunto debió vivirse de un modo mucho más indiferente, continuando, al menos de momento, mientras la economía aguantaba, la vida del mismo modo que durante el reinado de Marco Aurelio. Esta afirmación es fácil de confirmar en las emisiones numismáticas de la ciudad a nombre de Cómodo, similares a las de su antecesor. Así, los didracmas continúan exhibiendo, entre otros reversos menos frecuentes, la célebre representación del monte Argeo. Lo que sí que llama la atención es el relativo arcaismo de estos didracmas, volviendo a modelos de reinados anteriores a Marco Aurelio con leyenda de reverso larga (Consulado – Pater Patriae), distinción clara entre Erciyes mayor y menor, piedra sagrada de menor tamaño así como menos centrada y, en general, un arte bastante más oriental y por ende más esquemático que el de las monedas de Marco Aurelio o Lucio Vero. Esto parece indicar un relevo general en el personal de la casa de moneda caesarense por motivos que ignoramos aunque bien pudiera ser relacionados con el cambio de rumbo en la política romana impuesto por el polémico emperador Cómodo. Concretando aún más, parece claro que los nuevos artesanos debían ser personal local que imprimirían a sus cuños un marcado estilo oriental ausente en las monedas de Marco Aurelio y Lucio Vero, de un estilo muy occidentalizado. Esta diferencia de estilos alcanza su cenit en el caso del retrato imperial: mientras que los bustos de Marco Aurelio y Lucio Vero en los didracmas caesarenses no se diferencian mucho de los que podemos encontrar en los denarios romanos, los de Cómodo se parecen francamente poco entre sí más allá de los rasgos faciales básicos. ¿Indicaría esto que el personal de la ceca durante el reinado de Marco Aurelio era de origen occidental o al menos mixto?, tal vez sea mucho aseverar a falta de un estudio más profundo, pero lo que está claro es que el personal de época comodiana sí que debía ser mayoritariamente capadocio o al menos oriental de origen y formación artística. Las siguientes cuatro monedas corresponden a otros tantos ejemplos de didracma acuñado a nombre de Cómodo.


La ceca de Caesarea también acuñaría un abundante numerario de bronce durante el reinado de Cómodo. Se trata de unas emisiones de generoso tamaño (entre 27 y 30 mm de diámetro), de un arte bastante cuidado así como correctamente acuñadas con todo lo que ello conlleva de centraje, cospeles de tamaño y geometría adecuada, etc. Sin duda alguna nos encontramos ante unas monedas de alto o muy alto valor fiduiciario destinadas a cubrir el hueco entre los pequeños bronces de reinados anteriores y las monedas de plata. Si a esto le unimos el hecho de que los diadracmas de Cómodo son significativamente más escasos que los de su padre, Marco Aurelio, estamos en condiciones de hipotetizar una fuerte contracción en la masa de plata circulante por la región que se intentó paliar, a falta de nueva plata con la que suplir suficientemente las piezas amortizadas, vía la acuñación de grandes bronces más o menos sobrevaluados. El hecho de que dichos bronces no sólo sean grandes sino además muy bien elaborados, clara señal de un intento firme de facilitar al máximo su aceptación por el usuario final, constituye un argumento adicional a la hora de sostener la anterior hipótesis.

En las fotografías de más abajo podemos ver algunos ejemplos de estos interesantes bronces. El anverso, bastante clásico, exhibe un busto del emperador Cómodo de muy buen arte, superior incluso al de los didracmas contemporáneos (algo muy inusual en la numismática antigua donde lo normal es que a medida que ascendemos en nobleza de metal se ascienda también en la calidad de los diseños). La leyenda griega  A K M AV KOMODOC ANWNINO, enunciando sin más el nombre completo del emperador, también sigue unos parámetros plenamente convencionales pero no por ello menos libres de significado político a la hora de “dignificar” y por tanto “valuar” la moneda en cuestión. 


El reverso de estas monedas también fue diseñado con una clarísima intención de llamar la atención del usuario. Así lo indica, en efecto, la llamativa representación del Monte Argeo, símbolo por excelencia de Caesarea, en lo alto de un elaborado altar de tres piezas, trapezoidal la superior. El resultado de la composición resulta más llamativo que el del Monte Argeo a solas y, sobre todo, mucho más “imperial”, detalle éste de lo más indicado a la hora de afianzar la moneda en la mente de sus potenciales usuarios. Esta variante en la representación del monte Argeo, nunca utilizada hasta entonces, debió resultar bastante exitosa toda vez que volveremos a verla en las acuñaciones de épocas posteriores casi siempre ocupando los reversos de las monedas de mayor valor. En cuanto a la leyenda de reverso MHTPOPO KAICAPEI (existen variantes menores), traducible como METROPOLIS CAESAREA, nuevamente incide en potenciar el carácter oficial de la acuñación al anteponer la resonante palabra metrópolis, (interpretable como capital de provincia romana, en este caso Capadocia) al nombre de la ciudad. Por último, el año de reinado del emperador se indica en una breve inscripción (ET – año) dentro del altar del reverso (a veces fuera), cumpliendo así con una tradición secular en las monedas de Caesarea. El hecho de que los años que aparecen en estas monedas correspondan siempre a los últimos de reinado de Cómodo (del noveno en adelante, con primacía del decimotercero) nos permite esbozar un panorama económico para la provincia Capadocia que se ha ido deteriorando a lo largo de los años transcurridos tras la muerte de Marco Aurelio, con la subsiguiente (y harto documentada en los estudios sobre economía romana) salida de moneda de plata de los circuitos mercantiles, hasta el punto de forzar la acuñación de estas monedas en el noveno año del reinado de Cómodo y sucesivos.

Asesinado Cómodo el último día del año 192, el Imperio entra en uno de esos periodos de inestabilidad y emperadores fugaces que tanto contribuían a su debilitamiento y pérdida de prestigio tanto a nivel interno como externo. Habrían de transcurrir casi cinco años de conflictos civiles, asesinatos e intrigas hasta el advenimiento del africano Septimio Severo como dirigente único del Imperio.

No debió resultar, no obstante, demasiado traumática esta azarosa sucesión para los habitantes de Caesarea de Capadocia toda vez que desde un principio se encontraron bajo dominio de Septimio Severo (máximo general de las legiones orientales a la muerte de Cómodo) y por tanto nunca tuvieron que soportar la desdicha de abandonar el bando triunfador. Prueba de ello es que las emisiones monetales se sucederán con normalidad a partir del año 194 exclusivamente a nombre de Septimio Severo, en un volumen suficiente además, a juzgar por los ejemplares conservados, para poder excluir una situación de crisis grave del panorama económico regional.

En lo que a moneda de plata se refiere, Caesarea acuña tanto unidades –dracmas—como los dos principales múltiplos: didracmas y tridracmas. Aunque no en exclusiva, la gran mayoría de las emisiones en cualquiera de los tres valores representarán al monte Argeo en sus reversos. En las siguientes fotografías podemos ver tres magníficos ejemplares de dracmas a nombre de Septimio Severo.


Como se puede observar, el arte de las monedas difiere grandemente del de las acuñaciones comodianas, luciendo una estética moderadamente oriental y, desde luego, mucho más elaborada. Todo parece indicar que, al igual que sucediera a comienzos del reinado de Cómodo, nuevamente hubo cambios en el personal de la ceca de Caesarea, encontrándonos ahora con una plantilla especialmente conocedora de su oficio. En cuanto a la representación del monte Argeo, se reservará al dracma el símbolo estrella coronando la cúspide del monte, escogiéndose para el resto del conjunto iconográfico modelos similares a los de las acuñaciones de época de Marco Aurelio si bien con un arte considerablemente más fino y bien conseguido. Finalmente, la leyenda de reverso será METROPOLIS CAESAREA (en griego naturalmente), que apareciera por primera vez en los bronces comodianos, y el año de reinado en la zona del exergo de la moneda.

Tanto los didracmas como los tridracmas concidirán en ubicar la figura del dios Sol coronando la cúspide del Argeo, simbología ésta harto tradicional en las monedas de Caesarea. Si bien son idénticos a los dracmas en el resto de sus motivos y leyendas, lo cierto es que los tridracmas suelen exhibir un nivel de calidad artística elevadísimo, a la altura de la mejor moneda imperial lo mismo romana que grecorromana, lo que los convierte en monedas muy demandadas por los coleccionistas. Las siguientes monedas (un didracma la primera, tridracmas el resto) constituyen una excelente demostración de lo anterior.


Una novedad propia de las acuñaciones de este reinado aunque respetando la simbología clásica relacionada con el monte Argeo son los tridracmas con reverso del dios Helios sentado así como apoyado en una representación reducida del citado monte. Aunque muy diferente desde un punto de vista formal, no cabe duda que simbólicamente este reverso es exactamente idéntico y transmite el mismo mensaje que el convencional de monte Argeo coronado por imagen estante del dios Helios. Las siguientes cuatro monedas, de una calidad superlativa, servirán para ilustrar este tipo monetal.


También existe una variante del tipo general de tridracmas completamente novedosa en la que aparecen, allá en la cúspide del monte Argeo, no sólo el dios Helios –identificable por el cetro que porta en la mano izquierda—sino también tres figuritas humanas con el brazo levantado hacia Helios-Sol en clara actitud de saludo sumiso y devoto siendo la del centro significativamente más alta que las otras. La interpretación más lógica nos dice que estas figuras deben identificarse con los varones de la familia imperial, correspondiendo a Septimio Severo la figura central de mayor estatura y a sus hijos Geta y Caracalla las otras dos. En las siguientes fotografías podemos ver tres bellos ejemplos de esta curiosa variante.

Otro aspecto de sumo interés en las acuñaciones contemporáneas de la ceca son los bronces acuñados en los primeros años del reinado de Septimio Severo con idénticas características a los comodianos de final de reinado. A pesar de su ligeramente peor acabado técnico con toda probabilidad debieron ser acuñados con el mismo fin que aquéllos –paliar la escasez de moneda de plata--, dejando de emitirse a partir del año 196 probablemente por haberse mitigado el citado desabastecimiento. El siguiente ejemplar corresponde a esta clase de bronces.


Al igual que ocurre con las acuñaciones de época de Septimio Severo en la ceca de Roma, también la ceca de Caesarea emitirá plata a nombre de los demás miembros de la familia imperial: la emperatriz Julia Domna y los jóvenes príncipes Antonino, más conocido como Caracalla, y Geta (a partir del año 197 para los dos primeros, del 205 para el tercero). En el caso de la primera, tanto dracmas como tridracmas incluirán reversos en todo aspecto idénticos a los del emperador Septimio, siendo algo menos monótonos los anversos gracias a las múltiples variantes de peinado y hasta de busto que luce la emperatriz, diversidad ésta que también se puede encontrar en sus denarios. Las siguientes monedas son ejemplos de esto, las cuatro primeras dracmas y las demás tridracmas incluyendo un ejemplar del tipo dios Helios sentado sobre representación reducida del monte Argeo y otro de la variante con figuritas de la familia imperial en la cúspide del Argeo.


Será en los didracmas donde aparezca una variación considerable al escogerse como reverso el modelo de monte Argeo propio de los bronces comodianos, esto es encima de un altar de tres piezas, cruzado en ocasiones por una guirnalda. Los siguientes siete didracmas corresponden a este tipo monetal, en los que se puede apreciar la considerable libertad con la que trabajaban los abridores de cuño a la hora de decidir el aspecto de sus diseños.


Las emisiones a nombre de Caracalla se inician con unas acuñaciones del año 197 en las que aparece el joven príncipe (9 años de edad) representado por un busto de rasgos muy infantiles así como desnudo (sin laurea). Esto se debe a su condición de César, categoría usualmente representada en las monedas con busto desnudo. En esta ocasión Caesarea acuña dracmas con reverso convencional de monte Argeo surmontado por una estrella o incluso sin surmontar y una emisión bastante menor de tridracmas con Helios surmontando el Argeo. Veamos un par de ejemplos de la primera y otro más de la segunda.


En el año 198, con ocasión de la victoria definitiva de Septimio Severo sobre su rival en la lucha por el trono (Clodio Albino), Caracalla es promovido a la dignidad de Augusto lo que naturalmente habría de reflejarse en las acuñaciones a su nombre a lo largo y ancho del orbe romano.
   
En el caso concreto de Caesarea, la ceca de la ciudad cambiaría el busto infantil desnudo por otro aún infantil pero de rasgos más solemnes y por supuesto laureado que recuerda bastante al de los denarios contemporáneos de la ceca oriental de Laodikea ad Mare. En principio sólo acuñará dracmas con reverso propio de las monedas de Septimio Severo incluida la estrella sobre el monte Argeo. Las siguientes dos fotografías corresponden a esta emisión, del año 204 concretamente, la primera desde la emisión del 197 con busto infantil desnudo.


Posteriormente Caesarea introducirá al ya no tan niño Caracalla en su tipo de mayor valor: el tridracma, obviamente adecuando el busto a su edad tal y como se hacía en todas las cecas del mundo romano. Nuevamente los reversos serán los propios de su padre, incluyendo el tipo del dios Helios sentado y la variante de las figuritas imperiales sobre el monte Argeo. También se seguirán acuñando dracmas del tipo convencional con la estrella surmontada. Finalmente, en el decimotercer año del reinado de Septimio Severo, 205 de la era cristiana, se realiza una interesantísima a la par que escueta emisión de dracmas en cuyo anverso aparecen Septimio Severo y su hijo Caracalla mirándose frente a frente (reverso convencional de estrella surmontada). Este curioso anverso también puede encontrarse en monedas de otras cecas siendo en todos los casos bastante raro y desde luego buscado por los coleccionistas. En las siguientes fotos podemos ver: cuatro tridracmas de reverso convencional, un tridracma de reverso Helios sentado y otro con las figuritas imperiales. Resulta interesante comprobar la evolución en los bustos a medida que las emisiones se suceden y los abridores de cuño intentan reflejar fidedignamente la edad de Caracalla. A continuación dos dracmas de tipo convencional con busto algo más mayor y por último un ejemplar del tipo bustos enfrentados en anverso.


Las monedas a nombre de Geta son de todo punto idénticas a las de su hermano mayor con las lógicas diferencias de busto (que va evolucionando con el tiempo) y el hecho de sólo aparece laureado en las monedas posteriores al año 208 en que fuera nombrado Augusto por su padre. A continuación se muestran cuatro dracmas a nombre de Geta, seguidos de dos tridracmas de reverso convencional, otro más de la variante de las figuritas y un último con el tipo Helios sentado.

Caesarea también acuñará bronces bastante avanzado ya el reinado de Septimio Severo, tanto a nombre suyo como de los miembros de su familia. Como reversos se escogerán tanto el modelo básico de Monte Argeo, como el comodiano de monte sobre altar e incluso uno de nueva creación, de fuerte sabor oriental, como es el de monte Argeo flanqueado por dos canastos. En todos los casos serán monedas de módulo grande y buena factura técnica acuñadas con toda probabilidad para sustituir a los ejemplares de emisiones anteriores que iban siendo amortizados. En las siguientes fotos podemos ver cuatro de estas monedas a nombres de Septimio Severo (reverso convencional ligeramente modificado), Julia Domna, Caracalla (ambos con monte Argeo entre canastos) y Geta (reverso comodiano).


Muerto Septimio Severo en el año 211, heredan el trono imperial sus hijos Caracalla y Geta. Mas no tardará el primero en eliminar a su odiado hermano (el sentimiento, según los escritores latinos, era mutuo) y mandar borrar su nombre de todas las inscripciones a su alcance en lo que constituye un arquetípico ejemplo de damnatio memorie clásica. Daba comienzo así el reinado en solitario de Caracalla que se prolongaría hasta su muerte, asesinado, el 8 de abril de 217.

Caesarea abandonará la acuñación de dracmas durante el reinado de Caracalla, centrándose en los didracmas y tetradracmas (éstas últimas piezas, aunque de módulo y peso similares a los tridracmas severinos, suelen ser consideradas tetradracmas en los estudios especializados). Tanto unos como otros muestran el típico rostro barbado de Caracalla, de muy particular fisonomía, mirando a derecha. En ocasiones el busto aparece radiado sin que la metrología de la pieza invite a pensar que estemos ante un tipo monetal diferente al estilo del antoniniano romano contemporáneo. En cuanto al reverso, los didracmas muestran siempre el reverso comodiano de Monte Argeo sobre altar, pudiéndose encontrar una gran diversidad de variantes del tipo básico (con guirnalda ó sin ella, altar más o menos estilizado y/o alargado, etc). Por su parte el tetradracma exhibe la variante de Monte Argeo surmontada por el dios Helios (la habitual en los tridracmas) y la leyenda griega ANTW en el centro del campo, primeras dos sílabas del nombre del emperador: ANTONINO. Las siguientes monedas corresponden a 8 ejemplares de didracma (un par de ellos radiados) y dos de tetradracma (los últimos).


Con la muerte de Caracalla y la interrupción momentánea de la dinastía de los Severos cerramos esta entrada. En la próxima conoceremos las acuñaciones de Caesarea entre el año 217 y el 244, fecha de la muerte de Gordiano III, con cuyo reinado finalizan las emisiones monetales de esta ciudad.









sábado, 3 de marzo de 2012

La ciudad celtibérica de ARCÓBRIGA.

Los evocadores vestigios de Arcóbriga, ciudad celtíbero-romana, se encuentran en la cumbre de una extensa meseta llamada cerro Villar, dos kilómetros al oeste de la localidad zaragozana de Monreal de Ariza.


Aunque se han localizado abundantes vestigios de poblamiento prerromano (datables a partir del siglo VI a.C.) en los alrededores del cerro Villar, lo cierto es que, a día de hoy, no se posee ninguna evidencia arqueológica que confirme la existencia de una Arcóbriga celtibérica previa a la romana, de ahí que la ciudad deba ser considerada –de momento—una  fundación romana aunque con un fuerte sustrato indígena tal y como indica sin ir más lejos su nombre, de honda raigambre celta así como relacionado con un ancestral culto al oso por parte de los pueblos de la zona.

El Cerro Villar, con su extremo meridional en primera fila, donde se alzara una torre de flanqueo de la muralla a modo de atalaya avanzada.

El motivo de la fundación de este asentamiento debe relacionarse con su gran bondad estratégica al permitir el control del cauce alto del río Jalón, a la  sazón vía de comunicación de primer orden entre la meseta castellana, el levante peninsular y el valle del Ebro, al noreste. Consecuencia de esto es la cita a Arcóbriga como mansio de la rutas XXIV y XXV del Itinerario de Antonino, rutas ambas que enlazaban Mérida con Zaragoza o lo que es el igual el occidente con el oriente peninsular. En ambos casos la ciudad aparece mencionada entre los hitos de Segontia (Sigüenza, viniendo desde el sur) y  Aquae Bilbitanorum (Alhama de Aragón), hecho fácil de explicar habida cuenta que las rutas XXIV y XXV coinciden a partir de Complutum, la actual Alcalá de Henares, mansio situada a 92 millas romanas de Arcóbriga.

Arcóbriga. Vista general de un largo tramo rectilíneo del primer recinto de muralla.

Ptolomeo de Alejandría sitúa Arcóbriga entre los celtiberos, aportando las siguientes coordenadas: 13º 05´ N, 41º 25´ E. A juzgar por la ubicación concreta de la ciudad dentro del área celtibérica así como por los datos aportados por la célebre tesera de hospitalidad localizada en la ciudad, Arcóbriga perteneció a la etnia de los Belos.
  

La última fuente clásica, aunque escrita ya en una época bastante tardía (siglo VII, copiando un mapa romano del siglo IV), que menciona la ciudad de Arcóbriga es el anónimo de Rávena. Allí aparece con el nombre de Arcóbrica dentro de una ruta entre la meseta y el valle del Ebro coincidente con la del itinerario de Antonino antes comentada.

Sección longitudinal de la muralla del primer recinto, donde se aprecia claramente su gran espesor.

Arcóbriga alcanzaría el rango de municipio a consecuencia del edicto de Latinidad de Vespasiano (hacia el 73 d.C.), por el que se concedía la ciudadanía latina a todos los habitantes de Hispania. Así parece indicarlo la escasa epigrafía relacionada con la ciudad, en la que se menciona la adscripción de alguno de uno de sus naturales a la tribu Quirina (AE 1979, 430), a la sazón la escogida por Vespasiano para inscribir a los hispanos elevados a la condición de nuevos ciudadanos del imperio.
Las primeras excavaciones en el cerro Villar se remontan a comienzos del siglo XX. Realizadas bajo la dirección del marqués de Cerralbo, pusieron al descubierto buena parte de la ciudad antigua si bien empleando una metodología poco depurada, incapaz de extraer un caudal de información proporcional a la magnitud del esfuerzo realizado. En la actualidad se halla otra vez enterrado la mayoría de lo que entonces se encontró, si bien es aún reconocible en superficie.

Torre de flanqueo localizada en el extremo meridional del primer recinto o inferior.

Los restos más importantes localizados por el marqués y sus seguidores son, sin duda, los de las termas de la ciudad. Verificadas en sillarejo, aún pueden reconocerse las distintas estancias que componían todo complejo termal de la época. También son destacables las ruinas de una basílica, las del foro de la ciudad, con su templo y los cimientos de un edificio singular, precedido de una escalinata en muy buen estado de conservación.


Como la mayoría de las ciudades hispanorromanas, Arcóbriga estaba dotada de un sistema defensivo bastante potente, que ha llegado hasta nosotros en bastante buenas condiciones, siendo posible su estudio en una parte significativa de su perímetro.

Muralla del segundo recinto o superior de Arcóbriga, localizada en el sector de la acrópolis, de ahí la excelente factura de sus sillares.


Las murallas de Arcóbriga estaban dispuestas en dos anillos concéntricos, ceñidos al borde de otros tantos amesetamientos concéntricos en que se distribuye la topografía del cerro Villar.

El primer recinto o inferior en razón de ceñirse al borde del amesetamiento situado a cota más baja, es con diferencia el más largo de los dos. Engloba una superficie aproximadamente el triple de extensa que la del recinto superior. En su interior, ocupando la cumbre del primer amesetamiento, se observan múltiples cimientos de habitaciones rectangulares dispuestas sin mucho orden dentro de una difusa ortogonalidad. Se trata, pues, de la zona popular de la ciudad.

Detalle de la muralla del segundo recinto, en el sector de la acrópolis, caracterizada por su magnífica sucesión de tizones entre hiladas de largas sogas muy bien labradas.


La muralla del primer recinto, aunque irregular en su geometría al adaptarse al perímetro del amesetamiento, evoluciona mayoritariamente en tramos rectilíneos. Su fábrica sigue la típica técnica de triple hoja básica, con dos paramentos –externo e interno—y un núcleo central, macizo. Los paramentos fueron erigidos en una tosca sillería de tamaño variable, aunque de gran módulo por regla general, colocada en seco y con algunos ripios, no muchos. Su espesor medio es de tres metros, conservando en el mejor de los casos (caso del paramento externo) un alzado de un metro. El paramento interno y el macizado central –mezclas heterogénea de tierra y cascotes— se encuentran casi totalmente soterrados, sobresaliendo a duras penas en la superficie.

Erigida a modo de atalaya en el extremo meridional de este primer recinto se encuentran las ruinas de una torre cuadrangular de flanqueo, labrada en una sillería similar aunque algo mejor trabajada que la de la muralla contigua. Sus dimensiones aproximadas son de 5 x 5 metros. Sin duda es el elemento poliorcético más destacable con que cuenta esta cerca, lo que desde luego no es mucho.

Ruinas de la torre del flanqueo del vértice noroccidental del sector de la acrópolis.

El estudio de estas estructuras, en cuyo empleo se utilizaron técnicas de clara tradición indígena, indica una cronología temprana. Si a esto le unimos la escasa relevancia de los elementos poliorcéticos presentes –poco más que la torre anterior y los vestigios poco claros de una entrada en esviaje—podemos deducir el origen fundacional de la muralla (primera mitad del siglo I d.C. como se dijo), destinada por ende más a delimitar la ciudad que a protegerla.

El segundo recinto o superior envuelve el perímetro del segundo amesetamiento del cerro Villar, el cual coincide a grandes rasgos con el tercio norte de la cumbre del cerro. En su extremo septentrional se observa una tercera elevación, ligeramente amesetada, que debió hacer las veces de acrópolis del conjunto. Por lo demás, este recinto superior se encargaba de proteger la parte noble de la ciudad, con sus edificios públicos y monumentales. Esto explica la mejor talla de sus paramentos, constructivamente idénticos a los del recinto inferior más levantados con una sillería significativamente mejor labrada, sin apenas ripios dada la uniformidad de las hiladas resultantes, así como colocada siguiendo una alternancia irregular de sogas y tizones de evidente inspiración romana.

Curva realizada por la muralla del segundo recinto allá en su extremo septentrional.

La acrópolis del recinto estaba separada del resto de la ciudad por medio de un lienzo de muralla, bastante deteriorado. Una escalera, en regular estado de conservación, permitía el acceso desde el segundo amesetamiento a la acrópolis y viceversa. La muralla de la acrópolis, que coincide con la del segundo recinto en su frente septentrional, es la más gruesa de todo el recinto fortificado, alcanzando los cuatro metros de espesor. Aunque muy derruida, es evidente que se encuentra bastante bien preservada bajo la capa de escombros que la cubre.

El flanqueo del vértice noroccidental de la acrópolis, punto vulnerable de cualquier dispositivo defensivo, se verificaba por medio de una torre cuadrada, aparentemente maciza, cuya primera hilada puede observarse en superficie. Siguiendo hacia levante, la muralla realiza una amplia curva a fin de adaptarse a la geometría del amesetamiento, después prosigue de forma rectilínea en el que es, sin duda, el tramo mejor conservado de todo el perímetro amurallado, con sus cuatro hiladas del alzado y los restos de una torre cuadrada maciza asomándose al exterior.

Empalme, en ángulo recto, entre el primer y el segundo recinto.


La unión del segundo recinto con el primer recinto puede verse con claridad en el sector occidental de la muralla de la acrópolis. Allí enlaza la muralla inferior con la superior formando un ángulo recto, todo ello muy bien preservado afortunadamente.

Relacionado con los elementos defensivos de la acrópolis puede citarse el gran aljibe rectangular localizado por el marqués de Cerralbo hacia el centro del tercer amesetamiento. Excavado parcialmente en la piedra, luce muros de buena sillería espléndidamente conservados. Probablemente su cometido era el de servir de aprovisionamiento de agua a la guarnición de la ciudad en caso de asedio.

Aljibe de sillería de la acrópolis de Arcóbriga.


Arcóbriga conocería su esplendor en los siglos altoimperiales –I y II d.C.— al igual que el resto de las ciudades romanas de la zona y de Hispania entera en realidad. La decadencia vendría en la centuria siguiente, despoblando progresivamente la que fuera ciudad floreciente y hermosa. Según el marqués de Cerralbo, la muralla de Arcóbriga mostraba evidencias de haber sido castigada  con proyectiles de catapulta –algunos de estos últimos fueron de hecho encontrados durante las excavaciones de principios del siglo XX--. También se encontraron abundantes cenizas en los últimos niveles estratigráficos, lo que refuerza la hipótesis de una destrucción violenta de la ciudad.

El estudio de los materiales arqueológicos hallados en las excavaciones arroja una cronología del siglo III como fecha más tardía, si bien la pieza monetaria más moderna encontrada es del emperador Honorio --393 a 423-- esto es, al menos cien años más reciente. Quizás la plaza fuera expugnada durante las invasiones francas de la segunda mitad del siglo III. Desde luego Arcóbriga estaba en el camino seguido por los bárbaros en su mortífera marcha hacia el sur, estando probado que la destrucción alcanzó a lugares tan cercanos como Bílbilis o Caesaraugusta. Es posible que a pesar del daño recibido, la ciudad continuara habitada en forma de una ocupación residual, sin el menor pulso urbano, que iría languideciendo hasta su definitiva desaparición en algún momento impreciso de la Antigüedad Tardía. Probablemente nunca se sepa qué ocurrió en este lugar del valle alto del Jalón. Lo que sí parece seguro es que Arcóbriga ya llevaba mucho tiempo abandonada cuando el monarca aragonés Alfonso I el Batallador erigiera la cercana fortaleza de Monreal de Ariza en pleno medioevo (principios del siglo XII concretamente).

 
Sección longitudinal del segundo recinto de la muralla de Arcóbriga, en el sector de la acrópolis. Se distinguen claramente tanto el paramento interno de la estructura, hecho de sillería, como el núcleo macizo de tierra y cascotes. Al fondo se aprecia la torre de flanqueo cuadrangular con que contaba en este lado la muralla de la ciudad.