martes, 22 de mayo de 2012

Filipo I el Árabe y su primera emisión de Antoninianos. La Ceca Oriental desconocida.

La muerte de Gordiano III en febrero-marzo del año 244 d.C., instigada por el prefecto del pretorio Marco Julio Filipo, apodado “el Árabe” en razón de su origen, supuso la proclamación de éste como emperador de Roma. Su primera decisión importante fue el inicio de negociaciones de paz con los persas destinadas a concluir la guerra en las fronteras nororientales del Imperio, larga ya de cinco años, durante la cual las armas romanas habían sufrido varios reveses importantes. Tras unas semanas de conversaciones acerca de cuyo contenido no nos ha llegado testimonio escrito, Filipo firma una paz bastante desventajosa: 500.000 denarios de indemnización y una suma anual en concepto de tributo al monarca sasánida, Shapor. No en vano jugaban en contra de la causa romana tanto las relativas prisas del nuevo monarca en finalizar la guerra y partir para Roma a afianzar su trono, como la posición ventajosa obtenida por los persas tras una última campaña militarmente favorable.

Combate entre romanos y persas sasánidas. Los contendientes exhiben las armas y protecciones propias de las décadas centrales del siglo III d.C., siendo por tanto contemporáneas de la emisión monetal descrita en esta entrada.

No se harían esperar las primeras acuñaciones a nombre de este monarca tras su entronización. Así lo indica, en efecto, cierta emisión de antoninianos datada en la primavera-verano del 244 cuyos motivos de reverso, alusivos al tratado de paz firmado con los persas, no admiten lugar a dudas sobre su cronología. Aunque tradicionalmente se ha venido identificando Antioquía como la ceca emisora de estas series, lo cierto es que las significativas diferencias de estilo con los antoninianos de esta ceca acuñados a partir de 247 (y cuya pertenencia a esa ceca no puede negarse dada la similitud de sus bustos con los de los tetradracmas acuñados inequívocamente en dicha ceca) permiten albergar serias dudas sobre esta identificación. Hay que reconocer, no obstante, la clara semejanza de estilo con las emisiones de antoninianos de Gordiano III atribuidas a Antioquía entre los años 242 y 244, lo que es una prueba a favor de esta última como ceca emisora de los primeros antoninianos de Filipo. Ahora bien, existen estudios de tipo metalográfico que niegan a Antioquía como emisora de la mayor parte de los antoninianos de Gordiano atribuidos a esta ceca, apuntando en su lugar a una ceca no identificada, si bien indudablemente oriental a juzgar por su arte, como autora de estas monedas. En caso de ser esto último cierto, como parece probable a la luz de las evidencias científicas, lo sería también la atribución de los primeros antoninianos de Filipo el Árabe a esta ceca oriental no identificada, afirmación sostenible a la postre no sólo en base a la semejanza formal antes apuntada sino también a los citados estudios metalográficos que señalan evidentes paralelismos entre la aleación cobre-plata empleada en estas monedas y la de los antoninianos de Gordiano III antaño calificados como antioquenses.

Divisible en tres motivos de reverso distintos, esta temprana emisión posee dos leyendas de anverso, similares en lo esencial si bien provistas de interesantes matices que informan a su vez de dos fases sucesivas en su acuñación. En la primera fase (comienzos de la primavera del año 244) aparece la leyenda IMP IVL PHILIPPVS PIVS FEL AVG (IMPERATOR IVLIVS PHILIPPVS PIVS FELIX AVGVSTVS), completada con las letras P M (interpretables como PERSICVS MAXIMVS mejor que como la anacrónica PONTIFEX MAXIMVS) separadas y dispuestas bajo el busto del emperador. La leyenda de anverso de la segunda fase (primavera-inicios de verano de 244) es IMP C M IVL PHILIPPVS P F AVG P M (IMPERATOR CAESAR MARCVS IVLIVS PHILIPPVS PIVS FELIX AVGVSTVS PERSICVS MAXIMVS) todo en la misma frase. La cronología más temprana de la primera fase (por cierto bastante menor que la segunda en cuanto a volumen de amonedación se refiere) ha sido establecida en base a los términos PIVS FEL, a la sazón frecuentemente utilizados en las últimas emisiones de antoninianos de Gordiano III acuñadas en esta ceca oriental, sea Antioquía o no –he aquí una nueva prueba del carácter temprano de ésta emisión--. La segunda leyenda sería, pues, una derivación de la primera más próxima a la que sería leyenda habitual en la primera mitad del reinado de Filipo I el árabe IMP IVL PHILIPPVS AVG).

A.- Motivo de Reverso: VIRTVS EXERCITVS

Anv: IMP IVL PHILIPPVS PIVS FEL AVG (Busto radiado, a derecha, con paludamentum y coraza. Debajo de él las letras latinas P M.)
        IMPERATOR IVLIVS PHILIPPVS PIVS FELIX AVGVSTVS (PERSICVS MAXIMVS)

Rev: VIRTVS EXERCITVS (VIRTVS estante con el atuendo militar propio de esta alegoría, mirando a derecha. Sujeta una lanza invertida –la punta mirando hacia abajo-- en la mano derecha, la izquierda apoyada sobre un gran escudo ovalado situado a sus pies. En la cabeza, casco con penacho.) (el Coraje del Ejército)


Moneda perteneciente a la primera fase de esta emisión de antoninianos tal y como indica la leyenda de anverso y las letras P M debajo del busto del emperador.

El reverso hace referencia al coraje exhibido por las tropas romanas que combatieran contra los persas sasánidas. Comparándolo con otros reversos del mismo tipo, a la sazón bastante frecuente en los antoninianos del siglo III d.C.,  puede hipotetizarse su relación con alguna clase de donativo entregado a las tropas aparentemente en concepto de “premio” por su actuación en la campaña si bien con el objetivo real de “estimular” las buenas relaciones entre el ejército y el recién entronizado Filipo, tal y como era habitual en un mundo romano dominado por el estamento militar.

B.- Motivo de Reverso: PAX FVNDATA CVM PERSIS.

 Anv: IMP C M IVL PHILIPPVS P F AVG P M (Busto radiado, a derecha, con paludamentum y coraza.)
          IMPERATOR CAESAR MARCVS IVLIVS PHILIPPVS PIVS FELIX AVGVSTVS PERSICVS MAXIMVS

Rev: PAX FVNDATA CVM PERSIS (PAX estante, a izquierda. Porta un largo cetro en la mano izquierda dispuesto en dirección oblicua al cuerpo. Con la derecha, extendida, sostiene una rama, en alto.) (la Paz Sellada con los Persas).


Moneda especialmente atractiva de la numismática romana al proporcionar tanto un documento de primera mano acerca de la paz alcanzada con el monarca persa Shapor por el flamante emperador Filipo como una valiosa prueba de la verosimilitud de la Historia Augusta escrita por el historiador Zósimo donde se narran estos hechos. Si bien poco ventajoso en la realidad para los intereses romanos, este tratado fue presentado a la opinión pública imperial como el benéfico resultado de una campaña victoriosa; de ahí el calificativo de PERSICVS MAXIMVS de que hace gala el emperador en su monedas, convenientemente limitado, eso sí, a un escueto y con toda probabilidad intencionadamente ambiguo acrónimo a fin de soslayar eventuales conflictos diplomáticos con el muy orgulloso y a la postre objetivamente vencedor del conflicto, monarca sasánida.

La leyenda del anverso permite encuadrarla en la segunda fase de acuñaciones dentro de esta emisión a diferencia de la siguiente moneda, perteneciente a la primera fase:

Anv: IMP IVL PHILIPPVS PIVS FEL AVG (Busto radiado, a derecha, con paludamentum y coraza. Debajo de él las letras latinas P M.)
          IMPERATOR IVLIVS PHILIPPVS PIVS FELIX AVGVSTVS (PERSICVS MAXIMVS)

Rev: PAX FVNDATA CVM PERSIS (PAX estante, a izquierda. Porta un largo cetro en la mano izquierda dispuesto en dirección oblicua al cuerpo. Con la derecha, extendida, sostiene una rama, en alto.) (la Paz Sellada con los Persas).


C.- Motivo de Reverso: SPES FELICITATIS ORBIS.

Anv: IMP C M IVL PHILIPPVS P F AVG P M (Busto radiado, a derecha, con paludamentum y coraza.)
         IMPERATOR CAESAR MARCVS IVLIVS PHILIPPVS PIVS FELIX AVGVSTVS PERSICVS MAXIMVS

Rev: SPES FELICITATIS ORBIS (SPES estante, mirando a izquierda. Sujeta suavemente, con la mano derecha, levemente extendida, una flor abierta, mientras con la izquierda levanta un pliegue de su túnica.) (la Esperanza para la Felicidad del Mundo.)

Este reverso, evidentemente propagandístico, hace referencia a las esperanzas puestas en el nuevo soberano así como a la nueva época de “felicidad” que se abría para el Imperio a resultas de la firma de la paz con los persas sasánidas.

Al igual que la moneda anterior, la leyenda del anverso permite encuadrarla en la segunda fase de acuñaciones dentro de esta emisión.

















martes, 1 de mayo de 2012

SEGONTIA LANKA, la gran ciudad de los Arévacos.

Segontia Lanka es el nombre con el que fuera conocida en la antigüedad la mayor ciudad de los arévacos, pueblo prerromano del grupo de los celtíberos que tuvieron a bien levantarla junto a la ribera del Duero, muy cerca del lugar donde hoy se alza su heredera, la moderna villa de Langa de Duero.

Ubicada su situación desde los años veinte del siglo XX por el incansable Blas Taracena que excavara parte del asentamiento, sigue siendo muy fácil no perder de vista el punto exacto donde estuviera habida cuenta de la profusión de restos cerámicos de carácter celtibérico que afloran en los campos, sacados a la luz por las aguas y el arado.

El asentamiento de Segontia Lanka ocupaba una serie de cerros de baja altura en general –hay excepciones--, levantados por la naturaleza al pie del Duero, así como los campos anexos, a saber estrechas franjas de tierra encajadas a los pies de los distintos cerretes. Cultivadas hoy en día, estas franjas debieron estar edificadas en el pasado, no así los campos existentes al otro lado del Duero: carentes de registro cerámico significativo y que por ello nos hablan del lugar en que los arévacos tuvieran sus cultivos y ganado.


Paraje abierto, hoy dedicado al cultivo de cereales y girasoles, que en otro tiempo fuera solar de la antigua Segontia Lanka celtibérica.

La extensión de Segontia Lanka ha sido estimada por algunos autores en 60 hectáreas de superficie. Dicha cifra, que la convertiría en la más extensa con diferencia de las ciudades celtibéricas –su densidad de población, a buen seguro baja, es otra cosa--, debe obedecer a cálculos basados en la extensión de los restos cerámicos en superficie así como en los datos suministrados por Taracena (1000 metros en dirección N-S por 600 en dirección E-O) y no a la siempre clarificadora presencia de murallas. De hecho, esta ausencia de murallas tanto visibles en superficie como factibles de seguir con evidencia en la topografía del terreno ha llevado a afirmar que Segontia Lanka fue en el pasado una ciudad no amurallada: nada más lejos de la realidad tal y como demuestran las recientes excavaciones –otoño del 2002—donde se exhumaron fragmentos inequívocos de las fortificaciones con que un día contara la ciudad, a la postre en bastante buen estado de conservación lo que nos lleva a albergar serias esperanzas acerca de la posible monumentalidad de lo mucho que yace aún sepultado.

Entrando ahora en las características formales de los restos de fortificación exhumados, se trata por un lado de un pequeño lienzo de muralla y de otro de la primera hilada de una suerte de estructura circular con claras maneras de fortificación.
Pequeña colina donde se han excavado los escasos restos de la muralla de Segontia Lanka que han sido localizados. De hecho, no son raras las referencias bibliográficas a esta ciudad como lugar abierto, esto es carente de defensas.

La tipología de la muralla se corresponde con la habitual en las defensas celtibéricas, esto es un doble paramento ejecutado en sillería de buen tamaño, bien labrada en su cara vista así como colocada en seco, relleno al interior de tierra y mampuestos irregulares. En la actualidad tan sólo puede verse el paramento exterior de esta muralla, permaneciendo oculto tanto el paramento interno como la mayor parte del núcleo hasta el punto de no poderse hipotetizar nada acerca del espesor total de la fortificación. En realidad el lienzo excavado es bastante pequeño: dos metros y medio de altura –siete hiladas de sillería-- por un par de longitud, si bien es obvio que se continua a izquierda y derecha probablemente en tan buen estado de conservación como éste, ya desenterrado. Considerando asimismo la ubicación de este lienzo, es dable comentar que se encuentra a media ladera de un pequeño cerrete sin especial protección natural, lo cual permite sugerir su pertenencia a la antigua muralla de la ciudad, dispuesta a todo lo largo de su perímetro y no a una fortificación concreta de mayor envergadura, más o menos exenta, como sucede en el caso de la estructura circular que se describe a continuación.

Breve fragmento de muralla localizado en las excavaciones.

Se trata de una hilera de sillares dispuestos formando una suerte de línea curva factible de aproximarse a un arco de circunferencia tomando como centro de ésta el mismo de la cabeza del cerro en que se asienta. Apoyados directamente sobre la roca madre lucen una excelente labra en su cara vista, formando así una línea de gran elegancia geométrica. Hacia el interior de estos sillares su factura, aunque no del todo mala, es notablemente más tosca. Al igual que en el caso de la muralla anterior esta línea de sillares debe corresponderse con el paramento externo de una fortificación de doble paramento. No obstante su pobre estado de conservación –se insiste en que sólo queda la primera hilera—impide apreciar el sistema constructivo que un día se debió seguir en su erección. Por otro lado es de resaltar un aspecto muy importante de estos restos y que no es otro que el lugar en el que se hallan. Así, los encontramos en una suerte de meseta erguida sobre el valle del Duero, no más alta que los cerros que la rodean por el sur –donde estuviera el hábitat urbano de Segontia Lanka—pero sí mucho más aislada que éstos en razón de su condición peninsular: esto es circundada por un considerable desnivel de difícil acceso a excepción de por su frente meridional, donde un estrecho paso sirve de puente entre las elevaciones de la ribera meridional del Duero y esta meseta. Prolijo es comentar las posibilidades defensivas que tal configuración espacial supone, a la postre complementadas por la excelente ubicación estratégica del lugar: lo mismo válido para controlar el valle que los altos cercanos y por ello la ciudad en sí. Es por todo esto, sumando la calidad de la hilera conservada y la bondad de su ubicación, que parece razonable adjudicar un carácter de acrópolis a la fortaleza que un día se levantara en esta meseta: más o menos aislada del recinto amurallado principal, elevada a la condición de último y más robusto baluarte de resistencia y cuyos pobres restos son los que hoy día pueden contemplarse.

Sillar de la muralla de Segontia Lanka. Se aprecia la mejor calidad de su cara exterior respecto a las demás.

No mucho más es lo que a día de hoy puede ofrecer la que fuera orgullosa ciudad celtíbera a sus visitantes. Tan sólo algunos ladrillos de durísimo adobe dispersos por los campos, innumerables fragmentos de cerámica celtibérica pintada, no menos escorias de hierro–lo que nos habla de una intensa actividad metalúrgica en la ciudad—y, por último, ciertas peñas con claros vestigios de haber servido de canteras hace más de dos mil años.

En cuanto a la historia de Segontia Lanka, poco es lo que se conoce de ella en la actualidad. No en vano apenas se han realizado excavaciones modernas en el yacimiento, apareciendo también escasas de informaciones las fuentes antiguas en todo lo relativo a esta ciudad –Plinio, Aviano...—con la única excepción del libro de geografía de Ptolomeo donde se la ubica, como perteneciente a los arévacos, en los 12º 30’ de longitud Oeste y los 41º 40’ de latitud Norte. Sea como sea parece razonable asignarle un origen plenoceltibérico cuanto menos –siglo V. a.C.—evolucionando hasta época tardoceltibérica –siglo II a.C.—sin solución de continuidad ni de progreso hasta formar la gran ciudad que un día conquistaran los romanos probablemente tras la toma de Numancia el año 133 a.C.

Vista de la acrópolis de Segontia Lanka donde destaca el estrecho istmo que la separa del resto del cerro donde se asentaba la ciudad.

Dominada la zona por Roma, Segontia Lanka debió sobrevivir como ciudad de importancia si bien con la muralla desmantelada por imposición de los nuevos señores tal y como se constata en multitud de recintos contemporáneos. A esta época –último tercio del siglo II a.C.—pertenece el grueso de las acuñaciones monetales de la ciudad, a saber ases de bronce de módulo generoso (25/26 mm de diámetro por 10,68 grs –de media-), signo preciso de su relativa prosperidad así como de su incipiente romanización. Estas monedas resultan fácilmente identificables por la expresión SeGEAs  lAKs –SEKOTIAS LAKAS en alfabeto ibérico septentrional-- que aparece grabada en ellas (la segunda palabra en el anverso, la primera en el reverso) y que a pesar de la evidencia lingüística ha sido erróneamente relacionado por algunos autores con la ciudad lusona de Segontia, la actual Sigüenza en la provincia de Guadalajara. En las siguientes fotografías podemos ver dos bonitos ejemplares de esta acuñación, correspondientes a la variante más común con busto imberbe a derecha y peinado de rizos típicamente celtibérico. Existen otras dos variantes mucho más escasas: una con busto barbado y la otra con peinado a bandas, ambas de arte significativamente más degenerado: señal ésta de una cronología más tardía así como, probablemente, no consecutivas de la principal sino con un hiato temporal entre ellas. 


No debió ser escaso el protagonismo de la ciudad arévaca durante las guerras sertorianas (81 a.C. – 72 a-C.), obviamente, como ciudad celtíbera que era, del lado popular encabezado por Sertorio frente a los optimates de Cneo Pompeyo y Cecilio Metelo. Así lo indica su emisión de denarios, francamente breve así como de un arte bastante pobre pero que resulta suficiente para confirmar la condición de cabeza de comarca de Sekotias, encargada por ello de batir moneda con la que pagar a las tropas reclutadas en su área de influencia.

La derrota final de Sertorio tuvo que poner en una difícil tesitura a los pueblos y ciudades que le apoyaran. Sin duda Roma debió imponer con mucha más firmeza su voluntad sobre la díscola provincia, acelerando al máximo el proceso de romanización. Una buena prueba de esto último es la importante disminución en las emisiones típicamente indígenas, grabadas con caracteres ibéricos y no latinos, que se detecta a partir de ese momento. En el caso concreto de Sekotias Lakas, no sólo no volvería a acuñar moneda sino que incluso debió perder su antigua condición de cabecera de comarca (¿venganza romana?) entrando en un irreversible proceso de decadencia que la llevaría a desaparecer en algún momento indeterminado alrededor del cambio de milenio. Así parece indicarlo ciertamente la franca ausencia de cerámicas romanas –especialmente de terra sigillata—observable en la superficie del yacimiento, por otro lado plagado de material de estilo indígena. Además, la localización de varias villae romanas en las proximidades de Langa de Duero apunta también en esta dirección, coincidente a la postre con la hipótesis actual relativa a la evolución del poblamiento en esta parte de Celtiberia tras la conquista romana y que se puede resumir en una primera romanización de los asentamientos conquistados seguida del despoblamiento de algunos de éstos en beneficio de otros –Tiermes y la nueva Numancia—y la creación de una serie de villae rústicas que aseguraran la explotación de los campos así como la manutención de los habitantes de las ciudades supervivientes.

Cimentación de sillería correspondiente a una estructura de probable carácter defensivo en el interior de la acrópolis.

Desaparecida pues Segontia Lanka como entidad de primer orden, con lo que ello supone de influencia, prestigio y territorio bajo su control, parece ser que no lo hizo por completo físicamente. En efecto, como ya se dijo, la ciudad es citada por Ptolomeo allá por los años centrales del siglo II d.C; cosa que indica al menos la supervivencia del topónimo y, con bastante probabilidad, de un resto de población verosímilmente trasladado al lugar hoy ocupado por la actual Langa de Duero, siguiendo un uso romano muy extendido de obligar a los indígenas conquistados a dejar las alturas y bajar al llano. De hecho, el mismo nombre del pueblo moderno contiene un resto de su pasado clásico tan elocuente como es la voz Langa, claramente derivada de Lanka y que nos habla de la pervivencia del asentamiento en épocas bajoimperial, visigoda y musulmana –sin duda su especial situación estratégica en un vado del río Duero tuvo que ver con ello--, finalmente asegurada en época cristiana con la construcción del castillo cuya Torre del Homenaje puede admirarse todavía, a la sazón datable por su estilo en el siglo XIV aunque bien pudiera alzarse sobre los cimientos de una obra anterior, en cualquier caso no anterior a los años finales del siglo XI en que Alfonso VI cede Langa de Duero al Cid Campeador sin citar castillo alguno en el diploma correspondiente.


lunes, 9 de abril de 2012

LIBERATORI / RESTITVTORI VRBIS SVAE o la entrada de la ciudad de Roma en la órbita de Constantino.

La batalla del puente Milvio ocurrió el 28 de octubre del año 312 d.C. muy cerca del estribo septentrional del citado puente que, franqueando la corriente del Tíber, daba continuidad a la vía Flaminia hasta el corazón de las atestadas calles de Roma.

Busto de Majencio

En ella se enfrentaron el célebre emperador Constantino, César formal de occidente aunque Augusto de facto tras la muerte de Severo II en 307, y el asesino de este último, el usurpador Majencio: hijo del que fuera augusto de occidente Maximiano Hércules y que se había hecho proclamar emperador en Roma en 306, contándose entre sus dominios la península Itálica, Sicilia y la valiosísima, por su riqueza agrícola, provincia del África Proconsular. En juego se encontraba nada menos que la supremacía sobre la pars occidentalis, esto es la mitad occidental del Imperio romano, que había estado en entredicho prácticamente desde el mismo instante del fallecimiento de Constancio Cloro en 305, a la sazón padre de Constantino y el último de los Augustos de occidente “legítimos” o lo que es igual proclamados con arreglo al sistema sucesorio diseñado por el arquitecto del sistema tetrárquico, el gran Diocleciano.

Aunque la fuerza de los números favorecía a Majencio, que encabezaba un ejército de alrededor de 80.000 soldados frente a los poco más de 40.000 que alineaba su rival, lo cierto es que la victoria se inclinó del lado de Constantino.

Busto colosal de Constantino el Grande, el cual pertenecía a una enorme estatua del mismo ubicada en la basílica que había hecho construir su rival Majencio.

 Dejando para un trabajo más detallado posibles intervenciones divinas de carácter sobrenatural (“con este signo vencerás”), parece razonable hipotetizar como motivos últimos de la victoria constantinea tanto los graves errores tácticos cometidos por Majencio (dejar el río a su espalda, con un frágil puente provisional de madera –el Milvio había sido inutilizado unos días antes de la batalla—como única vía de escape a la ciudad en caso de apuro) como la diferencia de calidad entre las tropas de ambos ejércitos: curtidos y disciplinados legionarios de frontera en el caso del vencedor, aguerridos pero poco disciplinados pretorianos con el apoyo de las bien armadas pero poco fogueadas cohortes urbanas de Roma en el del derrotado.

Como muchos otros de sus soldados, Majencio se ahogaría cruzando el río Tiber en un desesperado intento de acogerse al amparo de las poderosas murallas de Roma que tan lejanas parecían ahora que el puente provisional, colapsado por el alocado trasunto de tanto fugitivo, se había derribado con estrépito en el peor momento de la batalla. Con su muerte se cerraba un reinado turbulento, muy probablemente no tan siniestro como lo retratan los escritores cristianos (carecemos de fuentes alternativas que nos informen) aunque sí funestamente lastrado por las graves dificultades económicas producto del aislamiento al que la condición de “fuera de la ley” de Majencio, rubricada por el resto de señores del Imperio en la conferencia de Carnuntum (308), lo abocara. Sea como sea podemos destacar como ejes principales de su gobierno tanto el hecho de que se inclinara por un paganismo moderadamente militante (no persiguió a los cristianos), incluyendo aquí el cultivo de las tradiciones religiosas romanas más ancestrales, como su decidido fomento de la promoción política de Roma: por aquel entonces una ciudad tan enorme como decadente que, privada de la inmensa mayoría de sus antaño descomunales poder e influencia, había visto reducido su papel a la condición de mera capital “espiritual” del Imperio. Prueba de esto último es la erección de edificios tan suntuosos como la basílica o el circo, el primero en el foro, el segundo a las afueras de la ciudad, o la magnífica restauración del celebérrimo templo de Venus y Roma, proyectos los tres concebidos por Majencio como buques insignias de una campaña de engrandecimiento de la  Ciudad Eterna como no se había conocido desde hacía muchas décadas.

Ruinas del Circo de Majencio, a las afueras de Roma, no lejos de la vía Apia.

Al igual que en tantos otros momentos de la historia de Roma particularmente oscuros, también en éste corresponde al estudio de la numismática del periodo ir un poco más allá de la información proporcionada por las escuetas fuentes escritas y/o arqueológicas. No en vano las acuñaciones a nombre de Majencio resultan especialmente interesantes tanto por su acusada peculiaridad (sus iconografías se suelen apartan bastante de los tipos habituales en el resto del Imperio) como por el hecho de reflejar con precisión el ambiente político en que fueran concebidas. Se trata sin duda de un tema del mayor interés pero que por su amplia dimensión escapa al reducido ámbito de este trabajo, el cual gira alrededor de una sola emisión: constantinea para más señas pero directamente emparentada con las emisiones de Majencio, en sentido ideológicamente contrario, eso sí, por más que formalmente sean muy similares. Volveremos sobre este tema más adelante; de momento sigamos asistiendo al desmoronamiento final del régimen de Majencio, suceso del cual poseemos un testimonio arqueológico de excepción: el hallazgo en 2005 de los estandartes imperiales de Majencio dentro de una corroída caja de madera (podemos verlos en las fotos siguientes) allá en una ladera de la colina palatina, donde fueron enterrados por sus derrotados partidarios la noche del 28 de octubre de 312 a fin de que no cayeran en poder del odiado Constantino.



Constantino hizo su entrada triunfal en Roma al día siguiente de la batalla del Puente Milvio. Atrás quedaba una noche de acongojado temor para los habitantes de la ciudad ante la incertidumbre acerca de la reacción del vencedor para con ellos. No era para menos, ciertamente, pues lo mismo el pueblo que el senado de Roma habían apoyado mayoritariamente a Majencio, lógicamente seducidos por el empeño de éste de devolver a Roma el liderazgo del Imperio así como de conservar el privilegio de exención de pago de impuestos del que gozaban los ciudadanos de Roma desde tiempo casi inmemorial (año 167 a.C. concretamente) y que recientemente había sido suprimido por el Augusto Galerio Maximiano en lo que constituía una prueba definitiva del cese de Roma como cabeza del poder imperial.

Interior del templo de Venus y Roma, construido en tiempos de Adriano y Antonino Pío y que fuera espléndidamente restaurado por Majencio.

Más aún, Majencio consideraba a Roma “su ciudad”, posicionándola por encima de cualquier otra urbe del universo romano, lo que naturalmente favorecía sobremanera su apreciación por parte del pueblo y el senado romanos. Conseguido de esta manera el cariño y la aprobación de los romanos, con todo su inmenso significado a nivel espiritual y de armonía con las pluriseculares tradiciones romanas, ya no parecía tan necesaria la legitimidad “oficial” de tipo tetrárquico que tan contundentemente le negaran a Majencio en la conferencia de Carnuntum. Dicho con otras palabras, la relación entre Roma y Majencio se puede describir como una interdependencia mutuamente beneficiosa por la cual la decadente pero todavía muy prestigiosa Ciudad Eterna se encargaba de compensar el déficit de legitimidad del que adolecía el régimen de Majencio que a su vez le devolvía el favor reponiéndola en su trono de capital imperial, cabeza del orbe romano, así como garantizando la perpetuación de los múltiples privilegios conseguidos en los tiempos de gloria de la ciudad. Magnífica prueba de todo lo anterior es el principal tipo de reverso que podemos encontrar en las monedas de Majencio en el cual aparece una alegoría de Roma divinizada (modelo básico del que existen variantes, siendo la principal la que aparece el propio Majencio, con atuendo militar, en actitud de venerar a la diosa Roma)  en el interior de un templo hexaestilo (en realidad se trata del templo de Venus y Roma: auténtico símbolo de la ciudad que como dijimos había sido espléndidamente restaurado por Majencio) todo ello rodeado por la leyenda extendida CONSERVATORES VRBIS SVAE, esto es “el Conservador/Protector de SU CIUDAD”. Como se ve, una contundente declaración de intenciones por parte de Majencio para con Roma sin apenas margen para la confusión o la mal interpretación. En las siguientes fotografías podemos ver un par de ejemplares de estas monedas, correspondiente el primero a la ceca de Aquileia y el segundo a la de Roma.


El caso es que para enorme alivio de los habitantes de la Ciudad Eterna Constantino no desató ninguna represión contra ellos, exponiendo en su comparecencia ante el senado, el mismo día de su entrada en Roma, su intención tanto de ser clemente con los que apoyaron a Majencio como de respetar la autoridad de tan prestigiosa como antigua cámara. En realidad, lejos de querer repetir la matanza de senadores protagonizada por Septimio Severo, su predecesor en la nómina de emperadores romanos que conquistaran la ciudad en el marco de una guerra civil, Constantino deseaba apuntalar su poder en la mitad occidental del Imperio (todavía en entredicho pues a ojos del augusto de oriente, Galerio, seguía siendo solamente César) convirtiendo a la hostil ciudad de Roma en aliada suya. Para ello no había mejor procedimiento que continuar, de alguna manera, la labor de Majencio permutando, eso sí, el protagonismo de éste por el suyo propio. Esto conllevaba la necesidad no sólo de mostrar clemencia sino que además era preciso tanto neutralizar el poder que pudiera restarle a la facción derrotada como, mucho más allá aún, suprimir de la conciencia de los romanos la idea de Majencio como benefactor y sustituirla por la de tirano.

Ruinas de la Basílica de Majencio en el foro de Roma.

El primero de tales objetivos lo cumplió sobradamente mandando disolver la guardia pretoriana –de lejos el principal sostén de Majencio desde el punto de vista militar—y enviando a todos sus integrantes a un incómodo destino en las frías y remotas fronteras del limes germano. Como quiera que el senado albergaba un profundo resentimiento hacia la guardia pretoriana --no en vano ésta había sido utilizada en demasiadas ocasiones como herramienta de coacción y castigo de aquél-- esta decisión de Constantino fue especialmente celebrada entre los senadores y le hizo ganar muchos adeptos para su causa.  En cuanto al segundo objetivo, en teoría más difícil de alcanzar en tanto en cuanto no bastaba con obligar sino que había que convencer, Constantino se puso inmediatamente manos a la obra, empleando para ello todos los medios al alcance de la muy depurada maquinaria propagandística romana. Así, sus proclamas levantaron una gran variedad de acusaciones sobre Majencio, calificándolo por ejemplo de perversor de las esposas de los senadores, alguna de la cual, mancillada en su honor, no había encontrado otra salida que el suicidio. También se dijo que había hecho asesinar a varios senadores al objeto de apoderarse de sus propiedades, siendo tan rapaz en su voracidad de acumular posesiones, entre ellas la comida, que había provocado la hambruna en la ciudad. Esto no era cierto toda vez que, si bien es verdad que hubo situaciones de grave carestía en Roma, no era Majencio el culpable de ellas sino la rebelión de Domicio Alejandro en el África Proconsular, a la sazón el lugar donde se cultivaba el trigo que servía para alimentar a la enorme ciudad de Roma. Tan inflamadas soflamas procuraron agudizar al máximo el carácter tiránico del finado emperador, recordando a la plebe la contundencia con que la guardia pretoriana sofocara las revueltas ciudadanas surgidas en respuesta a las hambrunas provocadas por la mencionada rebelión de Domicio Alejandro. Se llegó a cifrar en 6000 personas las fallecidas bajo el acero pretoriano, motivo éste más que suficiente para mudar el apelativo “Protector de Su Ciudad” –CONSERVATOR VRBIS SVAE—con el que tanto gustaba de definirse Majencio por el de “Asesino de su ciudad”.

Reconstrucción virtual de la Basílica de Majencio en la que se muestra con todo el esplendor que debió lucir en los siglos bajoimperiales.

Como es natural, si Majencio había sido un tirano, culpable de gravísimos crímenes contra el pueblo de Roma, procedía aplicarle uno de los más clásicos castigos “sociales” reservados a los gobernantes nefandos difuntos: la damnatio memoriae. No tardó pues el senado (puede que más guiado por el temor que por el convencimiento) en ordenar borrar el nombre de Majencio y de su hijo Rómulo de todas las inscripciones así como retirar sus estatuas y bustos.

En paralelo con todas estas actuaciones en perjuicio del ascendiente de Majencio sobre los que fueran sus súbditos, Constantino se empleó a fondo en suplantar a aquél en el corazón de los romanos. En efecto, su hábil mezcla de persuasión y amenaza consiguió del más pragmático que idealista senado el reconocimiento en su persona del mérito de erigir la imponente basílica y el de restaurar el templo de Venus y Roma. Más lejos aún, el dócil senado también se avino a levantar estatuas de Constantino por doquier, incluyendo una de oro: detalla éste de enorme importancia toda vez que este metal, el más noble de todos, se solía reservar exclusivamente para las estatuas de los dioses y no para las de los emperadores, que eran de mármol o bronce. Desde luego, Constantino estaba empeñado en mostrarse como el “libertador” de los romanos que había puesto fin al terrible reinado del tirano Majencio. Como tal libertador no había venido a cambiar esencia alguna sino a devolverle la dignidad al presuntamente vejado pueblo de Roma. Roma era tan “Su Ciudad” como lo había sido de Majencio (a pesar de que nunca había estado en ella con anterioridad, al menos oficialmente), con la diferencia de que él no era un tirano sino un soberano justo que había devuelto (restituido) la ciudad al buen orden y el dominio de la ley.

El Arco de Constantino, junto al Coliseo, muy cerca del foro romano.

Como era de esperar, no olvidó Constantino recurrir a la que quizás era la herramienta propagandística más potente al alcance de un emperador romano: la acuñación de moneda. Así es, todo el conjunto de ideas anteriormente descrito fue hábilmente desgranado en una interesantísima acuñación numismática a la cual ya nos hemos referido anteriormente y sobre la que ahora resulta oportuno volver. Formalmente, la emisión es una continuación total de la última emisión de Majencio con reverso de Roma en Templo hexaestilo. La intención es clara: si bien el anverso de la moneda ha cambiado (ahora aparece Constantino en él), el reverso indica en un primer vistazo que es una moneda hecha en Roma, por Roma y para Roma. Hacía falta un segundo vistazo un poco más detallado del reverso para empaparse plenamente del mensaje de la moneda. Se trata de las leyendas de reverso LIBERATORI VRBIS SVAE y RESTITVTORI VRBIS SVAE, empleadas alternativamente en esta emisión, y que identificaban sin la menor vacilación a Constantino como vencedor del tirano (Libertador) así como Restitutor de la paz y la justicia en una ciudad de Roma que a la postre reconocía como suya, del mismo modo que lo hacía Majencio en sus monedas. En las siguientes fotografías podremos ver dos monedas de éstas, cada una con una leyenda de reverso.



Constantino apenas permaneció un poco más de dos meses en Roma. Nada más terminar los juegos consulares, en enero del 313, abandonó la ciudad a la cabeza del grueso de sus tropas, dejando en ella una guarnición comandada por el prefecto Rufino. Su talla como estadista salta a la vista considerando como en un espacio de tiempo tan breve se las apañó para dar la vuelta al estado anterior de las cosas, definido por el apego de la ciudad a Majencio. Ni que decir tiene que en el momento de su partida semejante transición ideológica, bastante radical, aún no debía estar completada pero desde luego ya avanzaba en la dirección correcta. Así lo indica, entre otras evidencias, la construcción, ordenada poco después por el senado, del famoso Arco de Constantino (ver fotografía más arriba) en las inmediaciones del foro. En cuanto a la emisión constantinea con reverso de Roma en Templo de las que hemos hablado anteriormente, parece ser que finalizó nada más dejar el emperador la ciudad siendo continuada por varias otras (en paralelo o sucesivamente) con los tipos de reverso empleados habitualmente por el emperador en el resto de sus dominios (MARTI CONSERVATORI, SOLI INVICTO, etc). Esta hipótesis, lógica desde el punto de vista histórico –no hay que olvidar que el reverso de Roma en Templo era al fin y al cabo un diseño de Majencio que convenía abandonar una vez alcanzado el fin para el que se utilizó—resulta avalada por la gran rareza de la emisión en cualquiera de las dos variantes de leyenda. Concretando un poco más, el tipo LIBERATORI resulta, según el RIC, algo menos raro que el RESTITVTOR (R2 frente a R4) lo que se puede explicar considerando que éste último sólo se acuñó en la primera oficina --RP-- mientras que el primero lo hace en la segunda y tercera (RS y RT). Esto implica que, en teoría y simplificando un poco el asunto, el volumen de acuñación de LIBERATORI debió ser del orden del doble del de RESTITVTOR. Sea como sea, lo cierto es  que se conocen muy pocos ejemplares de  ambas leyendas, al contrario de cualquiera de los tipos inmediatamente anteriores o posteriores, bastante comunes en promedio. El hecho además de que esta emisión sólo se acuñara en Roma y no en el resto de las cecas italianas, todas ellas bajo control de Constantino, es un argumento adicional a favor de su brevedad y por ello escaso volumen, concebido según todos los indicios para consumo inmediato del pueblo de Roma como así sucedió.


miércoles, 28 de marzo de 2012

El MONTE ARGEO, la ciudad de EUSEBEIA/CAESAREA DE CAPADOCIA y su representación en la numismática. --3ª Parte--

Marco Aurelio, el emperador filósofo, fallece el 17 de marzo del 180 un mes antes de cumplir su sexta década. Finalizaban así veinte años de reinado caracterizado por una continua sucesión de problemas tanto internos (graves epidemias) como externos (intentos de invasión por parte de los bárbaros germánicos) que a buen seguro contribuirían a agriar su carácter ya de por sí tendente al pesimismo como buen estoico que era.

A diferencia de sus predecesores inmediatos en el cargo, que habían escogido a su sucesor de entre los más meritorios de sus súbditos, Marco Aurelio prefirió transmitir la púrpura a su hijo Cómodo a pesar de que, ya por aquel entonces, era de dominio público tanto su escasa inclinación por el estudio de las artes políticas como la excesiva afición que demostraba hacia todo lo relacionado con los juegos gladiatorios y venatorios. Comenzaría así la larga decadencia del imperio romano, el cual nunca llegaría a alcanzar, ni aún en los momentos más brillantes de los siglos posteriores, siquiera una fracción del esplendor vivido durante el reinado de “los cinco emperadores buenos”.

Pero si bien la entronización de Cómodo supuso un tan desagradable como agudo cambio a peor a ojos de la cúpula dirigente del imperio allá en Roma, en la lejana Caesarea de Capadocia el asunto debió vivirse de un modo mucho más indiferente, continuando, al menos de momento, mientras la economía aguantaba, la vida del mismo modo que durante el reinado de Marco Aurelio. Esta afirmación es fácil de confirmar en las emisiones numismáticas de la ciudad a nombre de Cómodo, similares a las de su antecesor. Así, los didracmas continúan exhibiendo, entre otros reversos menos frecuentes, la célebre representación del monte Argeo. Lo que sí que llama la atención es el relativo arcaismo de estos didracmas, volviendo a modelos de reinados anteriores a Marco Aurelio con leyenda de reverso larga (Consulado – Pater Patriae), distinción clara entre Erciyes mayor y menor, piedra sagrada de menor tamaño así como menos centrada y, en general, un arte bastante más oriental y por ende más esquemático que el de las monedas de Marco Aurelio o Lucio Vero. Esto parece indicar un relevo general en el personal de la casa de moneda caesarense por motivos que ignoramos aunque bien pudiera ser relacionados con el cambio de rumbo en la política romana impuesto por el polémico emperador Cómodo. Concretando aún más, parece claro que los nuevos artesanos debían ser personal local que imprimirían a sus cuños un marcado estilo oriental ausente en las monedas de Marco Aurelio y Lucio Vero, de un estilo muy occidentalizado. Esta diferencia de estilos alcanza su cenit en el caso del retrato imperial: mientras que los bustos de Marco Aurelio y Lucio Vero en los didracmas caesarenses no se diferencian mucho de los que podemos encontrar en los denarios romanos, los de Cómodo se parecen francamente poco entre sí más allá de los rasgos faciales básicos. ¿Indicaría esto que el personal de la ceca durante el reinado de Marco Aurelio era de origen occidental o al menos mixto?, tal vez sea mucho aseverar a falta de un estudio más profundo, pero lo que está claro es que el personal de época comodiana sí que debía ser mayoritariamente capadocio o al menos oriental de origen y formación artística. Las siguientes cuatro monedas corresponden a otros tantos ejemplos de didracma acuñado a nombre de Cómodo.


La ceca de Caesarea también acuñaría un abundante numerario de bronce durante el reinado de Cómodo. Se trata de unas emisiones de generoso tamaño (entre 27 y 30 mm de diámetro), de un arte bastante cuidado así como correctamente acuñadas con todo lo que ello conlleva de centraje, cospeles de tamaño y geometría adecuada, etc. Sin duda alguna nos encontramos ante unas monedas de alto o muy alto valor fiduiciario destinadas a cubrir el hueco entre los pequeños bronces de reinados anteriores y las monedas de plata. Si a esto le unimos el hecho de que los diadracmas de Cómodo son significativamente más escasos que los de su padre, Marco Aurelio, estamos en condiciones de hipotetizar una fuerte contracción en la masa de plata circulante por la región que se intentó paliar, a falta de nueva plata con la que suplir suficientemente las piezas amortizadas, vía la acuñación de grandes bronces más o menos sobrevaluados. El hecho de que dichos bronces no sólo sean grandes sino además muy bien elaborados, clara señal de un intento firme de facilitar al máximo su aceptación por el usuario final, constituye un argumento adicional a la hora de sostener la anterior hipótesis.

En las fotografías de más abajo podemos ver algunos ejemplos de estos interesantes bronces. El anverso, bastante clásico, exhibe un busto del emperador Cómodo de muy buen arte, superior incluso al de los didracmas contemporáneos (algo muy inusual en la numismática antigua donde lo normal es que a medida que ascendemos en nobleza de metal se ascienda también en la calidad de los diseños). La leyenda griega  A K M AV KOMODOC ANWNINO, enunciando sin más el nombre completo del emperador, también sigue unos parámetros plenamente convencionales pero no por ello menos libres de significado político a la hora de “dignificar” y por tanto “valuar” la moneda en cuestión. 


El reverso de estas monedas también fue diseñado con una clarísima intención de llamar la atención del usuario. Así lo indica, en efecto, la llamativa representación del Monte Argeo, símbolo por excelencia de Caesarea, en lo alto de un elaborado altar de tres piezas, trapezoidal la superior. El resultado de la composición resulta más llamativo que el del Monte Argeo a solas y, sobre todo, mucho más “imperial”, detalle éste de lo más indicado a la hora de afianzar la moneda en la mente de sus potenciales usuarios. Esta variante en la representación del monte Argeo, nunca utilizada hasta entonces, debió resultar bastante exitosa toda vez que volveremos a verla en las acuñaciones de épocas posteriores casi siempre ocupando los reversos de las monedas de mayor valor. En cuanto a la leyenda de reverso MHTPOPO KAICAPEI (existen variantes menores), traducible como METROPOLIS CAESAREA, nuevamente incide en potenciar el carácter oficial de la acuñación al anteponer la resonante palabra metrópolis, (interpretable como capital de provincia romana, en este caso Capadocia) al nombre de la ciudad. Por último, el año de reinado del emperador se indica en una breve inscripción (ET – año) dentro del altar del reverso (a veces fuera), cumpliendo así con una tradición secular en las monedas de Caesarea. El hecho de que los años que aparecen en estas monedas correspondan siempre a los últimos de reinado de Cómodo (del noveno en adelante, con primacía del decimotercero) nos permite esbozar un panorama económico para la provincia Capadocia que se ha ido deteriorando a lo largo de los años transcurridos tras la muerte de Marco Aurelio, con la subsiguiente (y harto documentada en los estudios sobre economía romana) salida de moneda de plata de los circuitos mercantiles, hasta el punto de forzar la acuñación de estas monedas en el noveno año del reinado de Cómodo y sucesivos.

Asesinado Cómodo el último día del año 192, el Imperio entra en uno de esos periodos de inestabilidad y emperadores fugaces que tanto contribuían a su debilitamiento y pérdida de prestigio tanto a nivel interno como externo. Habrían de transcurrir casi cinco años de conflictos civiles, asesinatos e intrigas hasta el advenimiento del africano Septimio Severo como dirigente único del Imperio.

No debió resultar, no obstante, demasiado traumática esta azarosa sucesión para los habitantes de Caesarea de Capadocia toda vez que desde un principio se encontraron bajo dominio de Septimio Severo (máximo general de las legiones orientales a la muerte de Cómodo) y por tanto nunca tuvieron que soportar la desdicha de abandonar el bando triunfador. Prueba de ello es que las emisiones monetales se sucederán con normalidad a partir del año 194 exclusivamente a nombre de Septimio Severo, en un volumen suficiente además, a juzgar por los ejemplares conservados, para poder excluir una situación de crisis grave del panorama económico regional.

En lo que a moneda de plata se refiere, Caesarea acuña tanto unidades –dracmas—como los dos principales múltiplos: didracmas y tridracmas. Aunque no en exclusiva, la gran mayoría de las emisiones en cualquiera de los tres valores representarán al monte Argeo en sus reversos. En las siguientes fotografías podemos ver tres magníficos ejemplares de dracmas a nombre de Septimio Severo.


Como se puede observar, el arte de las monedas difiere grandemente del de las acuñaciones comodianas, luciendo una estética moderadamente oriental y, desde luego, mucho más elaborada. Todo parece indicar que, al igual que sucediera a comienzos del reinado de Cómodo, nuevamente hubo cambios en el personal de la ceca de Caesarea, encontrándonos ahora con una plantilla especialmente conocedora de su oficio. En cuanto a la representación del monte Argeo, se reservará al dracma el símbolo estrella coronando la cúspide del monte, escogiéndose para el resto del conjunto iconográfico modelos similares a los de las acuñaciones de época de Marco Aurelio si bien con un arte considerablemente más fino y bien conseguido. Finalmente, la leyenda de reverso será METROPOLIS CAESAREA (en griego naturalmente), que apareciera por primera vez en los bronces comodianos, y el año de reinado en la zona del exergo de la moneda.

Tanto los didracmas como los tridracmas concidirán en ubicar la figura del dios Sol coronando la cúspide del Argeo, simbología ésta harto tradicional en las monedas de Caesarea. Si bien son idénticos a los dracmas en el resto de sus motivos y leyendas, lo cierto es que los tridracmas suelen exhibir un nivel de calidad artística elevadísimo, a la altura de la mejor moneda imperial lo mismo romana que grecorromana, lo que los convierte en monedas muy demandadas por los coleccionistas. Las siguientes monedas (un didracma la primera, tridracmas el resto) constituyen una excelente demostración de lo anterior.


Una novedad propia de las acuñaciones de este reinado aunque respetando la simbología clásica relacionada con el monte Argeo son los tridracmas con reverso del dios Helios sentado así como apoyado en una representación reducida del citado monte. Aunque muy diferente desde un punto de vista formal, no cabe duda que simbólicamente este reverso es exactamente idéntico y transmite el mismo mensaje que el convencional de monte Argeo coronado por imagen estante del dios Helios. Las siguientes cuatro monedas, de una calidad superlativa, servirán para ilustrar este tipo monetal.


También existe una variante del tipo general de tridracmas completamente novedosa en la que aparecen, allá en la cúspide del monte Argeo, no sólo el dios Helios –identificable por el cetro que porta en la mano izquierda—sino también tres figuritas humanas con el brazo levantado hacia Helios-Sol en clara actitud de saludo sumiso y devoto siendo la del centro significativamente más alta que las otras. La interpretación más lógica nos dice que estas figuras deben identificarse con los varones de la familia imperial, correspondiendo a Septimio Severo la figura central de mayor estatura y a sus hijos Geta y Caracalla las otras dos. En las siguientes fotografías podemos ver tres bellos ejemplos de esta curiosa variante.

Otro aspecto de sumo interés en las acuñaciones contemporáneas de la ceca son los bronces acuñados en los primeros años del reinado de Septimio Severo con idénticas características a los comodianos de final de reinado. A pesar de su ligeramente peor acabado técnico con toda probabilidad debieron ser acuñados con el mismo fin que aquéllos –paliar la escasez de moneda de plata--, dejando de emitirse a partir del año 196 probablemente por haberse mitigado el citado desabastecimiento. El siguiente ejemplar corresponde a esta clase de bronces.


Al igual que ocurre con las acuñaciones de época de Septimio Severo en la ceca de Roma, también la ceca de Caesarea emitirá plata a nombre de los demás miembros de la familia imperial: la emperatriz Julia Domna y los jóvenes príncipes Antonino, más conocido como Caracalla, y Geta (a partir del año 197 para los dos primeros, del 205 para el tercero). En el caso de la primera, tanto dracmas como tridracmas incluirán reversos en todo aspecto idénticos a los del emperador Septimio, siendo algo menos monótonos los anversos gracias a las múltiples variantes de peinado y hasta de busto que luce la emperatriz, diversidad ésta que también se puede encontrar en sus denarios. Las siguientes monedas son ejemplos de esto, las cuatro primeras dracmas y las demás tridracmas incluyendo un ejemplar del tipo dios Helios sentado sobre representación reducida del monte Argeo y otro de la variante con figuritas de la familia imperial en la cúspide del Argeo.


Será en los didracmas donde aparezca una variación considerable al escogerse como reverso el modelo de monte Argeo propio de los bronces comodianos, esto es encima de un altar de tres piezas, cruzado en ocasiones por una guirnalda. Los siguientes siete didracmas corresponden a este tipo monetal, en los que se puede apreciar la considerable libertad con la que trabajaban los abridores de cuño a la hora de decidir el aspecto de sus diseños.


Las emisiones a nombre de Caracalla se inician con unas acuñaciones del año 197 en las que aparece el joven príncipe (9 años de edad) representado por un busto de rasgos muy infantiles así como desnudo (sin laurea). Esto se debe a su condición de César, categoría usualmente representada en las monedas con busto desnudo. En esta ocasión Caesarea acuña dracmas con reverso convencional de monte Argeo surmontado por una estrella o incluso sin surmontar y una emisión bastante menor de tridracmas con Helios surmontando el Argeo. Veamos un par de ejemplos de la primera y otro más de la segunda.


En el año 198, con ocasión de la victoria definitiva de Septimio Severo sobre su rival en la lucha por el trono (Clodio Albino), Caracalla es promovido a la dignidad de Augusto lo que naturalmente habría de reflejarse en las acuñaciones a su nombre a lo largo y ancho del orbe romano.
   
En el caso concreto de Caesarea, la ceca de la ciudad cambiaría el busto infantil desnudo por otro aún infantil pero de rasgos más solemnes y por supuesto laureado que recuerda bastante al de los denarios contemporáneos de la ceca oriental de Laodikea ad Mare. En principio sólo acuñará dracmas con reverso propio de las monedas de Septimio Severo incluida la estrella sobre el monte Argeo. Las siguientes dos fotografías corresponden a esta emisión, del año 204 concretamente, la primera desde la emisión del 197 con busto infantil desnudo.


Posteriormente Caesarea introducirá al ya no tan niño Caracalla en su tipo de mayor valor: el tridracma, obviamente adecuando el busto a su edad tal y como se hacía en todas las cecas del mundo romano. Nuevamente los reversos serán los propios de su padre, incluyendo el tipo del dios Helios sentado y la variante de las figuritas imperiales sobre el monte Argeo. También se seguirán acuñando dracmas del tipo convencional con la estrella surmontada. Finalmente, en el decimotercer año del reinado de Septimio Severo, 205 de la era cristiana, se realiza una interesantísima a la par que escueta emisión de dracmas en cuyo anverso aparecen Septimio Severo y su hijo Caracalla mirándose frente a frente (reverso convencional de estrella surmontada). Este curioso anverso también puede encontrarse en monedas de otras cecas siendo en todos los casos bastante raro y desde luego buscado por los coleccionistas. En las siguientes fotos podemos ver: cuatro tridracmas de reverso convencional, un tridracma de reverso Helios sentado y otro con las figuritas imperiales. Resulta interesante comprobar la evolución en los bustos a medida que las emisiones se suceden y los abridores de cuño intentan reflejar fidedignamente la edad de Caracalla. A continuación dos dracmas de tipo convencional con busto algo más mayor y por último un ejemplar del tipo bustos enfrentados en anverso.


Las monedas a nombre de Geta son de todo punto idénticas a las de su hermano mayor con las lógicas diferencias de busto (que va evolucionando con el tiempo) y el hecho de sólo aparece laureado en las monedas posteriores al año 208 en que fuera nombrado Augusto por su padre. A continuación se muestran cuatro dracmas a nombre de Geta, seguidos de dos tridracmas de reverso convencional, otro más de la variante de las figuritas y un último con el tipo Helios sentado.

Caesarea también acuñará bronces bastante avanzado ya el reinado de Septimio Severo, tanto a nombre suyo como de los miembros de su familia. Como reversos se escogerán tanto el modelo básico de Monte Argeo, como el comodiano de monte sobre altar e incluso uno de nueva creación, de fuerte sabor oriental, como es el de monte Argeo flanqueado por dos canastos. En todos los casos serán monedas de módulo grande y buena factura técnica acuñadas con toda probabilidad para sustituir a los ejemplares de emisiones anteriores que iban siendo amortizados. En las siguientes fotos podemos ver cuatro de estas monedas a nombres de Septimio Severo (reverso convencional ligeramente modificado), Julia Domna, Caracalla (ambos con monte Argeo entre canastos) y Geta (reverso comodiano).


Muerto Septimio Severo en el año 211, heredan el trono imperial sus hijos Caracalla y Geta. Mas no tardará el primero en eliminar a su odiado hermano (el sentimiento, según los escritores latinos, era mutuo) y mandar borrar su nombre de todas las inscripciones a su alcance en lo que constituye un arquetípico ejemplo de damnatio memorie clásica. Daba comienzo así el reinado en solitario de Caracalla que se prolongaría hasta su muerte, asesinado, el 8 de abril de 217.

Caesarea abandonará la acuñación de dracmas durante el reinado de Caracalla, centrándose en los didracmas y tetradracmas (éstas últimas piezas, aunque de módulo y peso similares a los tridracmas severinos, suelen ser consideradas tetradracmas en los estudios especializados). Tanto unos como otros muestran el típico rostro barbado de Caracalla, de muy particular fisonomía, mirando a derecha. En ocasiones el busto aparece radiado sin que la metrología de la pieza invite a pensar que estemos ante un tipo monetal diferente al estilo del antoniniano romano contemporáneo. En cuanto al reverso, los didracmas muestran siempre el reverso comodiano de Monte Argeo sobre altar, pudiéndose encontrar una gran diversidad de variantes del tipo básico (con guirnalda ó sin ella, altar más o menos estilizado y/o alargado, etc). Por su parte el tetradracma exhibe la variante de Monte Argeo surmontada por el dios Helios (la habitual en los tridracmas) y la leyenda griega ANTW en el centro del campo, primeras dos sílabas del nombre del emperador: ANTONINO. Las siguientes monedas corresponden a 8 ejemplares de didracma (un par de ellos radiados) y dos de tetradracma (los últimos).


Con la muerte de Caracalla y la interrupción momentánea de la dinastía de los Severos cerramos esta entrada. En la próxima conoceremos las acuñaciones de Caesarea entre el año 217 y el 244, fecha de la muerte de Gordiano III, con cuyo reinado finalizan las emisiones monetales de esta ciudad.