martes, 17 de mayo de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 6. Assos.

El sol brilla alegre sobre la tranquila superficie del mar Egeo: apenas rizada por una suave brisa en esta mañana del sexto día de viaje. A lo lejos, destacándose en el luminoso horizonte, se alza la gran mole de la isla de Lesbos (Foto 1). Una apacible calma anida en este rincón de la costa meridional de la Tróade, envolviéndonos a medida que conducimos, carretera arriba, en demanda de las ruinas de la antigua ciudad de Assos (Aso en castellano).

Foto 1.- La costa del Mar Egeo con la isla de Lesbos al fondo, sobresaliendo entre la bruma.

Aunque las ruinas greco-romanas se diferencian claramente de las calles y casas de la actual Berhamkale, ocupando emplazamientos anejos pero distintos, lo cierto es que en sentido estricto se trata de una única ciudad toda vez que Assos nunca se ha despoblado, siendo la villa turca la continuadora natural de la ciudad clásica sólo que con otro nombre, a su vez procedente de aquél por el que fuera conocida en época tardo-bizantina: Makhram. Se puede, pues, afirmar que Assos, fundada en siglo X a.C. por colonos eolios procedentes de la cercana isla de Lesbos, es uno de los asentamientos más longevos de Asia Menor con casi tres mil años de historia a sus espaldas.

Foto 2.- El teatro de Assos.

Assos fue construida en la ladera meridional de una elevada colina pétrea erguida a gran altura sobre uno de los pocos puertos naturales de cierta calidad existentes en todo el sector de la costa de la Tróade que se asoma al golfo de Adramyttium. Esto la confería una importante capacidad defensiva al tiempo que un elevado valor estratégico-comercial, ventajas éstas que explican la gran prosperidad del asentamiento durante los periodos arcaico, clásico y helenístico de la civilización griega.

Foto 3.- Restos de una calle enlosada junto al teatro de Assos.

La ciudad sería conquistada en el año 560 a.C. por el rey Creso de Lidia junto al resto de ciudades de la mitad occidental de Asia Menor. No mucho después, en 546 a.C., los persas destruyen el reino de Lidia, apoderándose de sus dominios. El yugo persa sobre Assos perduraría hasta el triunfo griego en la segunda guerra médica (479 a.C.), una de cuyas consecuencias fue la independencia de la mayoría de las colonias griegas de la costa asiática del Egeo. Por aquellos tiempos Assos tenía aproximadamente 4500 habitantes, una cifra bastante importante para la época. Esto explica que aparezca en la lista de ciudades fundadoras de la liga de Delos (478 a.C.): encabezada por Atenas y cuyo objetivo era el control del mar Egeo en oposición a los intereses de Esparta y del imperio persa.

Foto 4.- Los baños romanos de Assos (parte superior de la foto) vistos desde el coronamiento de las caveas del teatro.

Las primeras acuñaciones de Assos corresponden a este periodo de alianza con Atenas (478-404 a.C.). Se trata de emisiones en plata cuya iconografía gira alrededor de tres imágenes: grifo alado, cabeza de león y busto de Atenea de tipo arcaico: similares, pues, a los de las emisiones del resto de ciudades de la liga de Delos. En la figura 1 podemos contemplar dos de éstas monedas.

Figura 1.- Óbolos de plata pertenecientes a las primeras acuñaciones de Assos.

A mediados del siglo IV, Assos alcanzó un nivel de prosperidad tal que permitió a su rey, llamado Hermeias, invitar a varios de los filósofos más importantes del mundo griego a instalarse en su ciudad y crear una escuela de filosofía. Entre los filósofos que acudieron a esta llamada se encontraba Aristóteles, que de hecho era amigo de Hermeias, al que había conocido durante la estancia de éste en la Academía de Platón, antes de ser rey. Una vez en Assos, Aristóteles se convirtió en uno de los principales dignatarios del rey, asesorándole con eficacia en las tareas de gobierno. Su famosa obra “Política” fue escrita precisamente aquí, en Assos, probablemente en el marco de su labor como consejero del rey. En agradecimiento por sus servicios Hermeias le entregó la mano de su nieta Pythia, con quien el celebérrimo filósofo tuvo una hija. 

Foto 5.- Ruinas de la "iglesia occidental" de Assos.

Lamentablemente la invasión persa del año 341 a.C. habría de echar por tierra el meritorio proyecto del rey Hermeias de dirigir Assos mediante el uso de la razón y la ética filosófica. En efecto, la ciudad fue tomada en ese año por las huestes aqueménidas y su bienintencionado monarca torturado y asesinado, teniendo que escapar todos los filósofos de la ciudad a la cercana isla de Lesbos a fin de evitar el mismo destino que su señor. En cualquier caso los persas no dominarían demasiado tiempo la ciudad: en 334 a.C. son derrotados en la batalla del Gránico por los macedonios de Alejandro Magno, perdiendo la mayor parte de Asia Menor a resultas de la debacle, Assos incluída.

Foto 6.- La necrópolis de Assos vista desde lo alto de las murallas.

El periodo helenístico temprano de la ciudad se caracterizaría por un ambiente de cierta inestabilidad, cada vez más aguda a medida que las luchas entre los diadocos y sus sucesores, los epígonos, se recrudecían. La invasión de los gálatas –pueblo céltico de origen galo--, primero de Grecia y luego de Asia Menor, se aprovechó de este río revuelto, apoderándose de varios enclaves importantes, entre ellos Assos. La ciudad permanecería en su poder durante sesenta años hasta que en 241 a.C. el rey Átalo I de Pérgamo logra quebrar la resistencia gálata y expulsarlos definitivamente al interior de Anatolia, donde formarían pequeños reinos independientes en la región que con el correr del tiempo sería denominada Galacia. Desde ese año hasta el 133 a.C., fecha de la anexión del reino de Pérgamo por la república romana, Assos prosperaría en gran medida. Prueba de ello son los numerosos edificios que se construyeron o engrandecieron en esta época y las abundantes series de tetradracmas de buena plata acuñados en la ciudad, un ejemplo de los cuales es la moneda de la figura 2. 

Figura 2.- Tetradracma helenístico acuñado en Assos a nombre de Alejandro Magno (a título póstumo) durante el periodo atálida de la ciudad.

Los dos primeros siglos de dominación romana serían también un periodo de esplendor para Assos. Numerosos comerciantes romanos se instalaron en la ciudad, dinamizándola. 

Foto 7.- Sarcófagos tallados de la necrópolis de Assos. Época romana.

En el año 18 d.C., el césar Germánico, hermano del emperador Tiberio, visita la ciudad junto a su esposa Agripina la Mayor. Germánico había sido nombrado cónsul en reconocimiento a su victoria sobre las tribus germánicas el año anterior y concedido el gobierno de las provincias orientales. En consecuencia realizó un largo viaje por el oriente romano, beneficiando con generosos donativos y disposiciones a un gran número de ciudades. Es en el marco de este viaje donde debemos encuadrar la vista a Assos que acabamos de mencionar, culminada con la erección de una estatua de Germánico, costeada por los habitantes de la ciudad, en agradecimiento por su visita. Junto al matrimonio viajaba también su joven hijo Cayo Germánico, el futuro emperador Calígula, quien pronunciara un discurso dirigido al pueblo de Assos. Dicha efeméride sería recordada años después, con motivo del ascenso al trono imperial de Calígula, por parte de una embajada enviada a Roma a participar en los festejos de proclamación. Todo esto lo sabemos gracias a cierta inscripción hallada entre los restos del Bouleterion de Assos y que dice lo siguiente: QUE SEA PROMULGADO POR EL SENADO Y LOS COMERCIANTES ROMANOS ESTABLECIDOS ENTRE NOSOTROS Y POR EL PUEBLO DE ASSOS, QUE SEA NOMBRADA UNA EMBAJADA AL PRIMERO Y MEJOR DE LOS ROMANOS Y GRIEGOS A FIN DE PRESENTARSE A ÉL Y FELICITARLE, Y PARA ROGARLE QUE CONSERVE NUESTRA CIUDAD EN SU RECUERDO Y BAJO SU PROTECCIÓN, TAL Y COMO EL MISMO PROMETIO CUANDO, JUNTO A SU PADRE GERMÁNICO, TOMÓ POR PRIMERA VEZ EL GOBIERNO DE NUESTRA CIUDAD.

Foto 8.- La tumba monumental del romano Publio Varo Áquila.

Hacia el 57 d.C. San Pablo visitó Assos en el curso de su tercer viaje misional, procedente de Alexandria Troas. Había cubierto a pie la distancia entre las dos ciudades (unos 60 kilómetros) mientras que sus acompañantes, entre los que figuraba el evangelista San Lucas, prefirieron desplazarse en barco, costeando la Tróade. Una vez reunidos todos en Assos, se embarcaron juntos en dirección a Jerusalén.

Foto 9.- Sector occidental de la muralla de Assos. Paramento datado a comienzos del siglo IV a.C.

En la segunda mitad del siglo I d.C. el puerto de Assos empezó a perder tráfico en beneficio del de su vecina, la emergente ciudad de Alexandria Troas. A medida que asta última crecía en tamaño e importancia, Assos menguaba hasta el punto de quedar reducida en los siglos siguientes a la condición de puerto de segundo orden, subsidiario del de Troas. No obstante en todo momento conservó una cierta vitalidad y pulso urbano. Prueba de ello es la participación del obispo de la ciudad en el primer concilio de Nicea (325 d.C.) y el hecho de que la ciudad llegara a contar hasta con cinco iglesias en épocas tardorromana y bizantina temprana. De hecho Assos fue una ciudad profundamente cristiana en la antigüedad, estando constatada la destrucción de símbolos paganos a comienzos del siglo V probablemente en cumplimiento de la proscripción de los ritos no cristianos decretada por el emperador Teodosio I (edicto de Tesalónica) en el año 392.

Foto 10.- La muralla de Assos flanqueada por torres cuadradas con base maciza.

La ciudad sería capturada por los turcos selyúcidas en el año 1080. Recuperada por los bizantinos, su puerto seguía conservando un tráfico considerable a comienzos del pleno Medioevo, el cual se iría incrementando a medida que la colmatación, ya muy avanzada, del puerto de Alexandria Troas iba dejándolo inservible. En el siglo XIII Assos debió quedar como el único puerto operativo en la zona, multiplicando su valor estratégico hasta el extremo de persuadir a los bizantinos de la conveniencia de reforzar las defensas antiguas de la ciudad vía la construcción de una fortaleza de tipo moderno en la acrópolis. No obstante esta precaución se revelaría insuficiente allá por el año 1330: fecha de la conquista otomana de la Tróade y con ella de Assos. Daba comienzo así el periodo musulmán de la ciudad, aún inacabado, caracterizado por una existencia tranquila, valiéndose de su puerto para mantener una modesta al tiempo que acogedora vitalidad urbana que ha perdurado hasta nuestros días.

Foto 11.- Puerta suroccidental de la muralla de Assos, con sus dos poderosos torreones de flanqueo.

Las primeras ruinas que salen a nuestro encuentro a medida que subimos desde el emplazamiento del antiguo puerto de la ciudad son las del Teatro. Construído en la segunda mitad del siglo III b.C., durante el benéfico periodo atálida, es una espléndida obra de arquitectura la cual combina una excelente acústica con una preciosa vista del mar Égeo a no muchos metros de su escena. Fue engrandecido en época romana, excavado a finales del siglo XIX y finalmente restaurado a finales del XX. Para ello se tallaron multitud de bloques de la misma piedra en que está edificada toda la ciudad: esa oscura roca ígnea llamada andesita. El resultado se puede calificar de bastante bueno, equilibrando con inusual precisión el arte de la antigüedad con la pericia arquitectónica moderna. En la foto 2 podemos contemplar una amplia vista de las caveas del teatro de Assos, donde resulta muy fácil distinguir los sillares originales de los restaurados, y los restos excavados de la escena (scaena) de éste. 

Foto 12 (arriba).- Torre norte de la puerta SO de Assos con su cuerpo de guardia anejo y la entrada adintelada a éste. Foto 13 (abajo).- Interior, bastante soterrado, del anterior cuerpo de guardia y bóveda de éste.

En la antigüedad se podía acceder fácilmente desde el teatro al núcleo urbano de la ciudad, situado colina arriba. De hecho Assos se hallaba surcada por multitud de calles empedradas, los restos de las cuales asoman aquí y allá (foto 3), que permitían recorrerla sin problemas a pesar de la difícil orografía de la zona, en pendiente. Sin embargo hoy en día la vegetación crece por doquier, invadiendo el espacio no despejado por la piqueta del arqueólogo. Subir, pues, desde el teatro al ágora de Assos se antoja, en tales condiciones, una labor lo suficientemente fatigosa y aún arriesgada como para aconsejar buscar un acceso mejor. No obstante desde la parte superior de las cáveas es desde donde mejor se pueden apreciar las ruinas de los baños romanos de la ciudad (mitad superior de la foto 4), situadas a mayor cota que el teatro. Este complejo termal fue costeado a finales del siglo I a.C. por Lollia Antiochis: miembro de la familia imperial y una de las ciudadanas más prominente de Assos, quien lo donara a la ciudad. Así nos lo cuenta la inscripción de la figura 3, hoy en día expuesta en el museo de bellas artes de Boston y que se puede traducir de la siguiente manera: “Lollia Antiochis, esposa de Quintus Lollius Philetairos, suma sacerdotisa de los cultos ancestrales y primera entre las mujeres, dedicó el baño y sus anexos a Afrodita, Julia (la hija de Augusto) y al pueblo”.

Figura 3.- Inscripción fundacional de los baños de Assos, de finales del siglo I a.C.

A unos cientos de metros del emplazamiento del teatro, siguiendo la carretera que comunica Behramkale con el puerto antiguo, encontramos los restos de una iglesia conocida, en el plano arqueológico de Assos, como Iglesia Occidental (foto 5). Es de planta basilical típicamente bizantina, con tres naves: una principal absidiada y dos laterales más estrechas. Durante las excavaciones del siglo XIX se encontraron mosaicos de tipo vegetal así como inscripciones. El muro septentrional de la iglesia parece ser que aprovechó un edificio romano anterior, también se reutilizaron capiteles y otros elementos arquitectónicos romanos durante su construcción, datada de forma imprecisa en algún momento de los siglos V y VI.

Foto 14.- Pequeña poterna adintelada en la muralla griega de Assos.

La carretera continúa hasta los aledaños del actual Behramkale. A la derecha según se viene desde el puerto parte un largo tramo de calzada enlosada de cronología clásica que conduce directamente al corazón de Assos. Aparcamos, pues, el coche en un recodo de la pista y nos disponemos a explorar la antigua ciudad grecorromana...

Foto 15.- Escaleras de acceso a los adarves de la muralla de Assos.

Próxima a las fortificaciones occidentales de la ciudad, extendida a ambos lados de la calzada anteriormente mencionada, se encuentra la necrópolis principal de Assos (foto 6). Las ruinas de las estructuras funerarias se alternan con elegantes sarcófagos tallados (foto 7), ornamentados con guirnaldas pétreas, muchos de ellos conservando sus tapas y provistos de inscripciones griegas informando de la identidad de las familias o personas que en su interior fueron sepultados. Cuenta Plinio el Viejo, en su Historia Natural, que los sarcófagos de andesita de Assos eran particularmente efectivos descomponiendo los cadáveres, no quedando más que los dientes en tan solo cuarenta días. No resulta por tanto de extrañar que uno de los principales productos de exportación de la ciudad fueron sus sarcófagos. Al final de la necrópolis, inmediata ya a la muralla, se alza una tumba de tipo romano, labrada en buena sillería así como cubierta por una bóveda de medio cañón (foto 8). Se trata de la tumba del acaudalado ciudadano romano Publio Varo Áquila y ha sido datada en el siglo I d.C.

Foto 16.- Puerta con vano semicircular de la muralla de Assos.

La calzada por la que vamos penetra en la ciudad a través de una monumental puerta fortificada. En realidad no sólo la puerta impresiona: gran parte de la muralla de Assos se encuentra en tan buen estado y fue construida con tanta maestría que es considerado el mejor ejemplar de defensa urbana helenística existente en la actualidad. Sus partes más antiguas, de las que se conservan breves fragmentos, se remotan al siglo VI a.C. y son fácilmente distinguibles por su aparejo de bloques poligonales. El resto data de principios del siglo IV a.C. y se caracteriza por un magnífico paramento isódomo de sillería rectangular perfectamente escuadrada (foto 9).

Foto 17.- Área residencial localizada muy cerca de la entrada SO a la ciudad.

La muralla se encuentra flanqueada a intervalos regulares por torres rectangulares macizas: al menos la planta de abajo, que es la parte conservada (foto 10). Hay alguna que otra torre semicircular también, de idéntica cronología (siglo IV a.C.) a juzgar por su fábrica. La puerta occidental, aquélla por la que nos disponíamos a entrar en la ciudad, consta de un vano, hoy en día abierto, custodiado de cerca por dos recios torreones rectangulares en muy buen estado de conservación, hasta el punto de exhibir uno de ellos la mayor parte de su altura primitiva (foto 11). La planta superior de estos torreones es hueca, conservando las troneras por donde asomaban los proyectiles de las máquinas de torsión, tipo ballesta, con las que se armaban esta clase de fortificaciones. Anejas a ambos torreones se alzan los restos de sendas estructuras solidarias con la muralla y sin duda alguna contemporáneas a ésta que debieron hacer las veces de cuerpo de guardia. La correspondiente a la torre septentrional, en buen estado, presenta acceso adintelado desde el exterior (foto 12) y conserva intacta su bóveda interior (foto 13).

Foto 18 (arriba).- Ruinas del gimnasio helenístico de la ciudad. Tramo de calzada a su vera. Foto 19 (abajo).- Cisterna abovedada construida bajo el gimnasio en época romana.

Alrededor de medio centenar de metros colina arriba la muralla es franqueada por una poterna de pequeño tamaño en perfecto estado de revista (foto 14). La subida a los adarves se verificaba por medio de escaleras adosadas al muro, alguna de las cuales ha llegado hasta nuestros días muy bien conservadas (foto 15). Más arriba todavía, no lejos ya de la base de la acrópolis de la ciudad, encontramos dos puertas más, de tipo secundario, sin torres de flanqueo así como muy bien elaboradas, si duda no contemporáneas a juzgar por las acusadas diferencias estilísticas que presentan. De hecho la puerta de la foto 16, con su arco semicircular, debe ser de una cronología muy posterior al resto de la muralla.

Foto 20.- El ágora de la ciudad de Assos.

Penetramos en el interior de la ciudad. A la derecha se hallan los restos de un área residencial recientemente excavada (foto 17). Un poco más adelante, a la izquierda de la calzada enlosada, se hallan los pobres restos, pues fueron expoliados durante siglos, del gimnasio de Assos (foto 18). Obra helenística del siglo II a.C., en época romana se construyó una cisterna abovedada (foto 19) bajo su solera y una iglesia en su esquina noreste en época bizantina temprana, cuando el gimnasio había caído ya en desuso mucho tiempo atrás.

Foto 21.- Aledaños del ágora de Assos. Delante, restos de viviendas, detrás, a mayor cota, zócalo del templo que daba acceso al área del Ágora.

La calzada prosigue hacia el este más o menos recta. Es ancha, con nervio central (foto 18) y acanaladuras en los bordes. De vez en cuando parten de ella calzadas más estrechas en dirección a las terrazas superiores e inferiores. Por fin, llegamos al núcleo de la ciudad: el Ágora. Se trata de una explanada alargada en dirección O-E (foto 20), buena parte de cuyo espacio tuvo que ser excavado en la dura andesita del cerro. En el extremo occidental de este ágora se alzaba un pequeño templo rectangular, erigido a comienzos del siglo II a.C. y reutilizado posteriormente como capilla en época bizantina temprana, del cual ha quedado su zócalo de sillería (foto 21, parte superior). Más allá, sendas stoas se levantaban en las caras septentrional y meridional del ágora, haciendo las veces de galerías porticadas donde resguardarse del sol del estío o del frío viento invernal mientras se realizaban toda clase de transacciones comerciales. El plano de la figura 4 puede servir para guiarnos por esta zona de la ciudad.

Figura 4.- Plano del complejo edilicio del ágora de Assos.

La stoa meridional tenía cuatro pisos de altura, de los cuales sólo uno, el superior, se alzaba sobre el nivel del ágora debido a la acusada pendiente de la colina en este punto. Cronológicamente se remonta a mediados del siglo III a.C. aunque probablemente fue modificada posteriormente. En la actualidad sólo se conserva parte de su piso inferior, la parte más antigua de la estructura, construida en una magnífica sillería de gran tamaño (foto 22). 

Foto 22.- Stoa meridional del ágora de Assos.

La stoa septentrional (fotos 23 y 24) fue construida a principios del siglo II a.C. siguiendo el diseño de arquitectos enviados por la ciudad de Pérgamo. Poseía dos pisos de altura enteramente porticados a su vez divididos en sendas naves longitudinales separadas por una larga hilera de columnas. Las columnas de los pórticos eran acalanadas, no así las de separación entre naves que eran lisas. En ambos casos, así como en el resto del complejo del ágora, todas las columnas eran de orden dórico, con fuste de andesita y capitel tallado en mármol. Toda la estructura fue edificada en una recia sillería de andesita colocada a soga con abundantes tizones dispuestos a intervalos aproximadamente regulares (foto 25).

Foto 23 (arriba).- Stoa septentrional del ágora de Assos. Foto 24 (abajo).- Extremo oriental de la stoa septentrional.

El complejo del agora contaba en su extremo oriental con un bouleterion (foto 26), esto es el lugar donde se reunía el consejo (boulé) de la ciudad. Sabemos por una inscripción que esta obra corrió a cargo de un ciudadano particular llamado Ladama y su mujer. Las diferencias constructivas entre este bouleterion y las dos stoas sugieren una cronología más temprana del primero, tal vez de finales del siglo IV a.C. Tenía planta cuadrada y se accedía a él por su fachada occidental, porticada. En el interior cuatro columnas lisas sujetaban una cubierta de viguería de madera. Dado que no hay señales de haber albergado asientos de piedra, habituales en esta clase de estructuras, debemos concluir que estaban hechos de madera, motivo por el que no ha quedado vestigio alguno de ellos.

Foto 25.- Paramento de sillería dispuesta a soga con tizones regulares de la stoa septentrional.

La figura 5 nos muestra como era el ágora de Assos en su momento de máximo esplendor, allá por los siglos II y I a.C.

Figura 5.- Representación artística del ágora de Assos en la antigüedad clásica.

Más allá del área del ágora desaparece la calzada que seguíamos y el cerro se torna abrupto, repleto de vegetación y materiales de construcción dispersos sin mucho orden ni concierto. Todo el sector oriental del yacimiento, allá donde se alzaban la mayoría de las viviendas domésticas de la ciudad, se encuentra prácticamente sin excavar por lo que no hay gran cosa que ver. Resolvemos, pues, desandar el camino y regresar al coche. Nuestro siguiente destino es la cumbre del cerro, la acrópolis de Assos, donde se encuentran algunos de las ruinas antiguas más célebres de la ciudad. Vamos allá.

Foto 26.- Bouleterion de la ciudad de Assos.

El camino a la acrópolis discurre por las calles de Behramkale entre casas de piedra y pequeños puestos de recuerdos gestionados por los habitantes de la localidad. Justo al pie de los torreones de la fortaleza tardobizantina ha de pagarse una módica cantidad (5 euros, al cambio, por cabeza) para acceder a la cumbre del cerro. El resto de la visita al yacimiento es gratuita. 

Foto 27.- Torreón de la fortaleza tardo-bizantina erigida en la acrópolis de Assos.

El carácter medieval tardío de la fortaleza de la acrópolis salta a la vista nada más ver los enormes muros de mampostería aglomerada con mortero de cal, la planta curva de los torreones (foto 27) o los aljibes abovedados (foto 28) omnipresentes en los castillos feudales. El recuerdo de los últimos años del cristianismo en esta tierra se encuentra sepultado en el interior de los desvencijados muros de éste, el inmortal castillo de Assos…Y sin embargo si hacen pagar a la gente que quiere llegar a la cumbre del cerro no es precisamente por la presencia del castillo bizantino sino porque, justo en el centro de esta acrópolis, vigilando desde hace muchísimos años el horizonte azul del Egeo, se encuentra una de las más importantes joyas arqueológicas de Turquía: el templo griego de Atenea. 

Foto 28.- Aljibes abovedados de la fortaleza tardo-bizantina de Assos.

El templo de Atenea fue construido en una fecha próxima al año 530 a.C., en época griega arcaica. Se trata del templo griego más antiguo de Anatolia y el único de orden dórico en toda la costa oriental del Egeo que ha llegado hasta nuestros días. En el croquis de la figura 6 podemos estudiar una reconstrucción de su planta. Era de tipo hexástilo, con trece columnas en sus lados largos y dos en la entrada de la cella. En total sumaban 36 columnas, de las cuales han sobrevivido seis más o menos bien conservadas y restos de bastante más. El zócalo de sillería del monumento también se encuentra bastante bien preservado (fotos 30 y 31). Pero lo más destacado del templo son los relieves escultóricos de sus arquitrabes, de estilo marcadamente arcaico y en los cuales aparecen representados los afamados siete trabajos de Hércules. En la actualidad estos relieves se encuentran repartidos entre el museo nacional de Estambul, el del Louvre y el de bellas artes de Boston.

Figura 6.- Croquis del templo arcaico de Atenea en Assos.

Parece ser que el templo se mantuvo en uso hasta el periodo helenístico cuando un terremoto le causara graves daños. Dado que no fue reconstruido, permanecería abandonado durante las épocas romana y bizantina, siendo de hecho parcialmente expoliado durante la construcción de la fortaleza en cuyo interior se localiza.

Foto 29.- Interior del templo de Atenea con el muro de la Cella en primer plano.

Aunque ya era tarde para comer, encontramos en Behramkale un sitio donde sentarnos a picar algo y reponer fuerzas. Casi nos quedamos sin viandas cuando un grupo de diez o doce gatos callejeros se arrimó a nosotros y empezó a demandar comida con insistentes maullidos y algún que otro zarpazo furtivo para arrebatarnos los manjares. Fue una colación animada, desde luego.

Foto 30.- El templo de Atenea de Assos visto desde su esquina SE. 

Dejamos Assos a poco de comenzar la tarde. Aunque intentamos ir costeando, hacia el este, la carretera nos metió por el interior de la ondulada Tróade, no devolviéndonos al mar hasta pasados un buen puñado de kilómetros. Desde ese punto en adelante la costa presentaba una densidad demográfica mucho mayor y la carretera era también más ancha y directa, mejor en definitiva. Todavía nos quedaban algo más de 100 kilómetros de conducción tranquila hasta nuestro siguiente destino: Bérgama: la antigua y mítica Pérgamo. Ya de noche llegamos allí y nos alojamos en un curioso hotel en cuyas instalaciones se entremezclaban caprichosamente la funcionalidad occidental con el estilo retro sazonado de no pocos toques “kitsch”. Curioso cuanto menos aunque no por ello menos confortable. Estuvo bien, la verdad.