sábado, 30 de junio de 2012

La ciudad hispanorromana de CARTEIA y su ceca monetal. 1ª Parte.

Con este nombre fue conocida una de las ciudades más prósperas de la Hispania romana, cuyos restos, todavía dignos de su pasada grandeza, podemos contemplar en el yacimiento del Cortijo del Rocadillo, término municipal de San Roque en la provincia de Cádiz.

Las excavaciones datan los orígenes de Carteia como asentamiento en el siglo VII a.C, cuando los navegantes fenicios se instalan en el llamado cerro del Prado, dos kilómetros al oeste del cortijo del Rocadillo. Habría que esperar  trescientos años para ver a los cartagineses o púnicos, sucesores genéticos de aquellos fenicios que fundaran la ciudad, trasladarla a su actual emplazamiento. Acababa de nacer la Carteia clásica, topónimo éste de evidente origen oriental al comenzar por el radical qart- con el que en lengua feno-púnica se hace referencia al concepto de ciudad (el ejemplo más preclaro de esto es la grandiosa Cartago). En cualquier caso no está de más recordar que el sabio griego Estrabón nos dice que Carteia era llamada Herakleia “en la antigüedad”, si bien esto parece corresponder a una suerte de fábula, basada tanto en el gran prestigio de la ciudad, cuya antigüedad era considerada casi legendaria por sus contemporáneos (hasta el extremo de llegar a identificarla con la mítica Tartessos ya en época romana), como en el hecho de que el semidiós Hércules siempre fue muy venerado por sus moradores.


Muralla romana de Carteia. A la derecha se observan las ruinas, muy deterioradas, de una torre de flanqueo rectangular.

La Carteia púnica constituiría desde un principio uno de los puntos claves del dominio cartaginés en el sur de Hispania. Engrandecida y fortificada por los norteafricanos, su magnífico puerto serviría de base naval a la escuadra  metropolitana durante la segunda guerra púnica (219 – 201 a.C.). A esta época de esplendor (siglo IV a.C.) corresponden los restos de la muralla cartaginesa de la ciudad, excavados en la zona del foro de la ciudad romana. En realidad se trata de un sistema defensivo ejecutado en dos fases no consecutivas. La primera corresponde a una muralla de mampostería de 3,5 metros de espesor y 1,5 metros de altura conservada (seis hiladas). En su momento dispondría de varias torres cuadrangulares, de las cuales sólo ha quedado el arranque perpendicular de una de ellas. Posteriormente se construiría una segunda muralla, paralela a ésta así como retrasada 2,5 metros hacia el interior de la ciudad. Labrada en mampostería con alternancia de sillares irregulares y ripios, fue unida a la primera por medio de una sucesión de muros tirantes de similar factura. El resultado fue una muralla de casamatas de tradición helenística, en la que cada casamata –de cuatro metros de lado aproximadamente-- aparecía enlosada y con su correspondiente terraza defensiva almenada. Éstas casamatas podían ser rápidamente rellenadas de tierra y cascotes en caso de ataque, incrementando poderosamente el espesor de muralla total.

Las excavaciones también han permitido el estudio de una puerta de la muralla púnica, concretamente la situada en el frente meridional del asentamiento, junto a las estructuras descritas antes descritas. Lo primero que llama la atención es su carácter monumental, atestiguado por la espléndida fábrica de sillería almohadillada que podemos observar, en la que no faltan algunas piezas engatilladas, no reutilizadas. Este paramento discurre perpendicularmente al lienzo principal de muralla, adelantándose al mismo a manera de torreón de flanqueo del vano de acceso. No obstante, el estudio de la topografía del terreno ha llevado a los investigadores a desestimar esta posibilidad y a inclinarse por la hipótesis de una rampa de acceso quebrada por un codo de 90º (de ahí el muro de sillares perpendicular a la muralla) a fin de dificultar la entrada al atacante.

Carteia sería ocupada por los romanos antes del término de la segunda guerra púnica. Así nos lo hace saber indirectamente Tito Livio al narrar cierto choque librado en 206 a.C. entre la escuadra romana de Lelio, procedente de Carteia, y la cartaginesa al mando de Aderbal que había zarpado de Cádiz, a la sazón el principal bastión púnico en Hispania. La flota romana estaba compuesta por un quinquerreme y siete trirremes. La púnica por ocho trirremes e igual número de quinquerremes. Un equilibrio de fuerzas casi matemático que acabaría inclinándose del bando latino por un estrecho margen.

Sección longitudinal de la muralla romana de Carteia, con la curva que caracteriza este tramo excavado. Se aprecian el paramento interno, el externo y el núcleo central.

Los romanos respetarían, en principio, tanto la organización social como la estructura urbana de la antigua ciudad púnica. Durante los primeras décadas de dominio latino Carteia sería una ciudad estipendiaria obligada a tributar como tantas otras en Hispania. Sin embargo los sucesivos matrimonios de soldados romanos con mujeres de la zona, iniciados a poco de verificarse la conquista, van a terminar por modificar radicalmente esta situación. En efecto, en el año 171 a.C. un gran grupo de 4000 descendientes de los soldados casados con hispanas, todos ellos residentes en Carteia y su zona de influencia, envía una representación al senado romano con el fin de solicitar una mejora en el estatuto jurídico de la ciudad que les libre del oneroso destino del conquistado. Como respuesta obtienen el ascenso de su ciudad a colonia latina, la primera que registra la Historia fuera de la península Itálica. Según Tito Livio la urbe tomó entonces el hermoso nombre de Colonia Libertinorum Carteia. Alcanzado tan alto privilegio, que jurídicamente la igualaba a la misma Roma, Carteia se sitúa a la cabeza de las ciudades de Hispania. No tardará entonces la prosperidad e instalarse en su centenario solar, como ya lo hiciera en época púnica, monumentalizándolo y engrandeciéndolo. Así, a mediados del siglo II a.C. se construye un gran templo en la zona nuclear de la ciudad. Este lugar de culto, localizado durante las excavaciones, posee el honor de ser la edificación romana más antigua de entre todas las conservadas a lo largo y ancho de la península Ibérica. Por esta época se realizarán también algunas modificaciones menores en la estructura urbana de la ciudad y se ampliaría, según las necesidades, su perímetro amurallado hasta englobar un área en torno a las 27 hectáreas, lo que en último término provocaría modificaciones en el ordenamiento del dispositivo defensivo preexistente, entre las que debemos destacar la condena de la antigua puerta meridional, de factura púnica como dijimos, que ya nunca más se volvería a abrir. A este momento histórico concreto corresponden los restos de la muralla que han perdurado hasta nuestros días en diferentes lugares del yacimiento (hoy en día bastante soterrados y cubiertos de vegetación) y muy especialmente en el sector de la torre de vigilancia medieval (cristiana, de finales del siglo XIV), cuya base por cierto se apoya directamente sobre los restos de la fortificación romana. Se trata de un grueso lienzo de muralla de 3,5 metros de espesor y 1,5 metros de alzado conservado que dibuja una curva relativamente pronunciada a fin de ceñirse al perímetro amesetado del cortijo del Rocadillo. Está excavado por lo que puede estudiarse cómodamente. Así, se aprecia rápidamente su factura romana dado que emplea el mortero de cal como aglomerante murario. Su estructura sigue los principios básicos del emplecton romano, esto es una fábrica de doble hoja con paramento externo e interno y núcleo central, todo ello ligado con mortero de cal. Tanto el paramento externo como el interno están levantados en un correcto sillarejo bien labrado aunque no exento del uso de algunos ripios para regularizar las hiladas, de las cuales se conservan 3 en el caso del paramento interno y 6 en el externo. En este último caso las seis hiladas se dividen en 4 hiladas superiores y otras dos inferiores ya que la parte inferior del paramento muestra un escalón al objeto de hacer más estable la estructura. El núcleo central esta compuesto de una mezcla heterogénea de mortero de cal, tierra y mampuestos sin desbastar. Próxima a la atalaya medieval observamos que este núcleo aparece mucho más cuidado hasta el punto de emplearse sillarejos similares a los de los paramentos exteriores. Esto parece indicar la presencia de una antigua puerta en este lado de la muralla, al parecer de acceso simple y que pudiera estar flanqueada por un torreón anejo, cuyo cuerpo, sin duda bastante deteriorado por el paso de los siglos, herederá la actual atalaya, en su gran mayoría de factura medieval. El flanqueo de la antigua muralla urbana de Carteia se realizaba vía el empleo de torres cuadrangulares ubicadas a intervalos regulares. Los restos de una de estas torres se encuentran en el extremo del lienzo de muralla excavado, si bien en un estado bastante avanzado de arrasamiento, apenas suficiente para reconocer su planta, un rectángulo de 3 metros de lado mayor por dos de lado menor. La base, desde luego, era maciza. Posiblemente los tercios superiores también lo fueran aunque no podemos estar seguros pues no se han conservado. Su factura es idéntica a la del lienzo anejo y obviamente coetánea.

Paramento externo de la muralla romana. Escalón de apoyo en la base y alargado sillarejo bien labrado con algunos ripios.

Carteia se encuadraría en el bando pompeyano durante la guerra civil romana (60 – 43 a.C.) entre César y Pompeyo. Parece ser que esto se debió, entre otras razones de tipo socio-económico comunes al resto de la región, a la alta presencia, detectada arqueológicamente, de emigrantes centroitálicos en la ciudad, de clara filiación pompeyana allá en su tierra natal. Las consecuencias de esta decisión serán muy negativas para la ciudad: las tropas de Julio César la toman y saquean tras la batalla de Munda (17 de marzo del 45 a.C.), en que se quebrara la espina dorsal del poder militar de Pompeyo en Hispania, y la subsiguiente conquista de Córduba, su principal bastión en esta tierra que pisamos. Con todo, Carteia volvería a manos del partido pompeyano, representado en España por la persona de Sexto Pompeyo, hijo menor de Pompeyo. En ellas permanecería hasta el final del conflicto.

Tras el paréntesis de peligro y destrucción causado por la Guerra Civil, Carteia conoce un nuevo periodo de esplendor. Es la época de Augusto, el primer emperador de Roma, y espléndidas realizaciones como el nuevo foro, el teatro, las termas o suntuosas domi privadas vienen a sumarse a las ya existentes para conformar uno de los conjuntos arquitectónicos más desarrollados de la Hispania de su tiempo. Pero la orgullosa ciudad no sólo se embellece sino que también se extiende, rellenando de vida el perímetro amurallado púnico y sus eventuales ampliaciones/reformas republicanas. Grande y hermosa, Carteia se erige en cabeza administrativa de la región y punto de control del comercio en el área del estrecho de Gibraltar durante toda el periodo altoimperial. Tan floreciente situación económica puede ser todavía fácilmente rastreada con sólo examinar el abundante numerario –semises, cuadrantes y sextantes—acuñado en los talleres de la ciudad desde mediados del siglo II a.C. hasta el reinado de Tiberio. No resulta de extrañar, pues, que autores como Plinio el Viejo, Estrabón, Ptolomeo, Pomponio Mela, Marciano o Tito Livio se acordaran unánimemente de recordar a Carteia en sus inmortales escritos como tampoco debe sorprendernos la inserción de la ciudad en el corazón del entramado vial de la época, más concretamente en la ruta número VI del itinerario de Atnonino, entre Málaga y Cádiz, donde figura como mansio entre las estaciones de porto Alba y Barbariana, y también en el anónimo de Rávena (dos veces, con los curiosos nombres de Garteia y Cartetia respectivamente).

Paramento de sillería engatillada y almohadillada correspondiente al sector de la antigua puerta meridional de la ciudad cartaginesa.

El devenir de Carteia como centro urbano de primer orden se prolongaría durante largos siglos, sin que la crisis del siglo III ni el desfallecer generalizado del mundo urbano propio del Bajo Imperio lograran colapsar dramáticamente sus instituciones. Semejante prosperidad, nada frecuente en la época, se relaciona con el mantenimiento de la actividad comercial del puerto de la ciudad a lo largo de los siglos III, IV y V en que tanto se enmoheciera el brillante nombre de Roma, a la sazón complementada con los beneficios emanados de la industria de salazón de pescados (detectada arqueológicamente), todo ello a pesar del posible daño causado por las invasiones bárbaras del siglo III, las correrías piratas de los mauri norteafricanos y muy especialmente la invasión de la provincia romana de la Bética (hacia el 409) por parte de los vándalos silingos; episodio histórico éste que afectara particularmente a la comarca del campo de Gibraltar y que no concluyera hasta el 415, fecha de la batalla del monte Calpe –el actual Gibraltar-, muy cerca por tanto de Carteia, descrita por Sidonio Apollinar como un enfrentamiento a muerte entre los silingios y los visigodos enviados por Roma para hacer frente a la invasión germánica, a la postre saldado con la practica aniquilación de los primeros. Sí que es cierto, no obstante, que semejantes perturbaciones habían provocado que la Carteia bajoimperial distara bastante, en cuanto a magnificencia se refiere, de la altoimperial. De hecho la arqueología ha constatado la progresiva decadencia del sector público de la ciudad –sobre todo del área del foro--, con diferencia el más monumental del entramado urbano.

Ruinas de la zona alta de Carteia, donde se alzaran el conjunto arquitectónico del foro republicano e imperial.

Desaparecida la autoridad romana, Carteia vive un periodo de grave incertidumbre política bajo el precario dominio visigodo de la primera mitad del siglo VI. Mas la ciudad, amparada en su vigoroso comercio, aguanta. Algunos hallazgos arqueológicos no del todo determinantes indican la entrada de Carteia en el ámbito de los dominios bizantinos en Hispania (mediados del siglo VI). Por aquel entonces ya no vive nadie en el área alta de la ciudad ni se detecta el menor signo de vigor municipal en el desierto enlosado del antiguo foro, amortizado como necrópolis, ni tampoco en el suntuoso conjunto arquitectónico asociado. El centenario templo republicano sí que se usa todavía, aunque reformado, como basílica cristiana en derredor de la cual se entierra a los fallecidos en sencillas tumbas delimitadas con lajas de piedra. Fuera de la zona alta, constatamos que el teatro también está fuera de uso –desde hace mucho tiempo—y que las termas altoimperiales han sido reutilizadas como talleres de la industria de salazón. De hecho, toda la población de Carteia se concentra en sus inmediaciones, allá en la parte baja del cortijo de Rocadillo, muy cerca de los muelles y del mar. De sobra saben aquellas buenas gentes que el comercio que se realiza por medio de sus veteranas dársenas, envejecidas por la impasible acción del oleaje y el paso de innumerables embarcaciones, es su único medio de subsistencia por lo que quieren estar cerca, para cuidarlo, protegerlo y mimarlo.

Entorno del antiguo templo levantado durante el periodo republicano de la ciudad, que fuere reutilizado como basílica en época tardo-antigua. En primer plano se observan las tumbas de los siglos VI y VII localizadas durante las excavaciones.

Los bizantinos serían expulsados de Hispania en tiempos del rey visigodo Suintila (621-631). Es posible que Carteia fuera tomada a viva fuerza por las huestes toledanas, con los consiguientes desmanes y que, esto es más probable, su muralla fuera dañada en mayor o menor medida, al igual que otras muchas fortificaciones del literal controlado por los bizantinos, a fin de que no pudieran volver a fortificarse tras ellas. Fuera como fuere, la ciudad continuó viva bajo el dominio visigodo. Así transcurriría el resto del siglo VII y los primeros años del siglo VIII hasta los días de la invasión musulmana (año 711) en que las crónicas nos cuentan como Carteia fue la primera plaza de Hispania en ser tomada por los bereberes de Tarik ben Ziyad a los pocos días de su desembarco en tierras peninsulares. Previamente la ciudad ya había sufrido algunos perjuicios a resultas de las primeras tentativas musulmanas (años 709 y 710) al norte del estrecho, destinadas a explorar el territorio de cara a una futura invasión, cuando fuera incendiada una de sus iglesias durante una incursión de saqueo.

La islamización de Carteia, nombrada en las crónicas islámicas como hisn Cartayanna, comenzaría nada más incorporarse al mundo islámico. Prueba de ello es la conversión en mezquita de uno de los templos cristianos de la ciudad. Estamos, pues, ante el edificio religioso musulmán más antiguo de Europa. Sin embargo, la antiquísima Carteia, por entonces milenaria, no superaría el reto de la Edad Media. Superada por las vecinas Algeciras, Gibraltar y Tarifa, adonde los soberanos Omeyas trasladaran las competencias de la antigua urbe hispanorromana, languidecería por espacio de algún tiempo hasta su definitiva desaparición como entidad urbana en algún momento inconcreto del alto Medioevo, si bien aún en esos momentos debió quedar cierta clase de poblamiento residual tal y como atestiguan las fortificaciones medievales erigidas en el cortijo del Rocadillo y sus inmediaciones a lo largo de los siglos.

Ruinas del teatro romano de Carteia, erigido en los comienzos del alto imperio.