martes, 12 de junio de 2012

El MONTE ARGEO, la ciudad de EUSEBEIA/CAESAREA DE CAPADOCIA y su representacíón en la numismática. --4ª Parte--

El 8 de abril del año 217 d.C. es asesinado el emperador Antonino “Caracalla”, allá en las inmediaciones de la ciudad siria de Emesa donde se encontraba camino de la gran plaza fronteriza de Carrae, todo ello en el marco de una nueva guerra contra el secular enemigo parto. El instigador del magnicidio había sido el segundo en la escala de mando imperial, el Prefecto del Pretorio Marco Ofelio Macrino, cuyo mérito principal radicaba en haber sabido aprovechar en su beneficio el gran odio que la excesiva figura de Caracalla despertaba en el seno del ejército romano. Fue así como el veterano general se hizo investir con la púrpura imperial, decisión ésta que nunca sería ratificada por el senado romano y cuya prosperidad en el tiempo, al carecer Macrino de legitimidad al trono, dependía en exclusiva de su capacidad para mantener el ascendiente sobre las legiones bajo su mando directo.

El gobierno de Macrino, al igual que el de la mayoría de los usurpadores en la historia de Roma, sería bastante breve: apenas 14 meses. Desde el punto de vista económico este reinado constituiría una mera continuación del anterior, no así en el plano político donde sí que sería un reinado intenso y agitado. Numismáticamente hablando encontramos poca o ninguna variedad en los tipos monetales a lo largo y ancho del Imperio, algo natural habida cuenta la mínima mudanza en la marcha de la economía. En el caso concreto de la ciudad de Caesarea, capital de la provincia de Capadocia, prosigue la acuñación de didracmas y tetradracmas: ahora con el busto de Macrino si bien respetando la iconografía del Monte Argeo sobre Altar surmontado de estrella en los didracmas y la de Monte Argeo básico surmontado de alegoría del dios Helios en los tetradracmas. En cuanto al estilo y arte de las monedas, son lo suficientemente similares a las de Caracalla como para deducir la continuidad en el puesto del personal de la ceca de Caesarea. En las siguientes fotografías podemos ver, primero, un ejemplar de didracma y luego dos de tridracma a nombre de Macrino (en los que, lógicamente, han desaparecido las letras griegas  ANTW --inicial de ANTONINO—en el campo de reverso).


Caesarea, como la gran mayoría de cecas del Imperio, también emitiría moneda a nombre Diadumeniano, el hijo y sucesor de Macrino. Nombrado César en mayo del 217, muy pocos días después el entronamiento de su padre, no sería ascendido a la superior categoría de Augusto hasta mayo del año siguiente en respuesta a la proclamación de Heliogábalo como emperador por parte de la facción del ejército romano hostil a Macrino. La derrota final del ejército de Macrino el 8 de junio a manos de las fuerzas de Heliogábalo supondría la caída en desgracia del padre y el hijo así como su no inmediata (pues intentaron huir) pero sí inevitable ejecución a finales de junio o principios de julio del 218. Debido a que Diadumeniano apenas pasó un mes como Augusto (en una situación muy precaria además, con el régimen de su padre ya fuertemente desprestigiado a la par que debilitado), todas sus monedas fueron acuñadas durante su condición de César lo que explica su busto desnudo o lo que es igual, sin laurea. Por lo demás la emisión caesarense es idéntica a la de su padre: didracmas con Monte Argeo sobre altar y tetradracmas con Monte Argeo básico surmontado por alegoría del dios Helios. Los siguientes ejemplares corresponde a un didracma y a dos tetradracmas respectivamente.


Además de las acuñaciones mayores, en plata de baja ley, Caesarea también emitió moneda fiduiciaria de bronce a nombre de Macrino y Diadumeniano. Monedas siempre bastante escasas –indicio de que las series no debieron ser muy grandes-- predominan los bronces de generoso tamaño –alrededor de 27 mm de diámetro--, de presumible gran valor liberatorio, sobre los de módulo mediano. En ambos casos se suele emplear imaginativamente el tradicional reverso caesarense del Monte Argeo. Así, los módulos medianos incorporan una nueva variante de reverso que habremos de ver más veces en reinados posteriores: Monte Argeo en el interior de un templo dístilo. Esta iconografía supone un obvio intento de enfatizar el carácter sagrado de la “Montaña de Júpiter”. También se emplea otra variante en el que se muestra una reducida representación del Monte Argeo en el interior de un esquemático altar sobre el cual se alzan, enhiestas, cuatro espigas de trigo. Los de las fotografías siguientes constituyen  un par de buenos ejemplares de esta acuñaciones.


Por su parte los módulos grandes emplean también una iconografía destinada a resaltar la sacralidad del afamado Monte Argeo. En ella aparece una representación del Argeo de gran tamaño relativo respecto al campo monetal disponible a la que da acceso una espléndida fachada porticada con cuatro columnas cuyo objetivo es asociar el concepto de “Templo” al citado Monte Argeo. Flanqueando el conjunto observamos dos cistas místicas (ónfalos), elemento éste que ya pudimos encontrar en acuñaciones anteriores de la ciudad y que refuerza aún más el carácter sacro del Argeo (los ónfalos eran unos artefactos pétreos cuya mera colocación en un lugar profano permitía su sacralización, utilizándose también para recalcar la sacralidad de lugares con carácter místico preexistente como es el caso del Monte Argeo). Por si fuera poco el atractivo de esta moneda a fuer de fijarnos solamente en el reverso, también el anverso resulta sumamente interesante toda vez que presenta los bustos enfrentados de Macrino y Diadumeniano, el primero mucho mayor que el segundo en razón de su superioridad jerárquica. Esta representación imperial, aunque no exclusiva de esta ceca, no es nada habitual en la numismática romana por lo que serviría, por sí sola, para diferenciar esta moneda del grueso de las acuñaciones romanas de todos los tiempos. Conozcamos un ejemplar de esta magnífica moneda:


El ascenso al trono de Heliogábalo y su posterior victoria sobre Macrino fue poderosamente favorecida por su condición de descendiente indirecto de Septimio Severo (concretamente era nieto de Julia Maesa, hermana de Julia Domna, la esposa de Septimio Severo), lo que implicaba la restauración de la dinastía Severina: todavía muy prestigiosa a ojos del Ejército y el Senado romanos a pesar de las escasas simpatías despertadas por el que fuera su último miembro, el difícil Caracalla. Lamentablemente las expectativas puestas en el joven emperador no se cumplieron (principalmente por su extravagante y vicioso comportamiento al que no era ajeno su condición de sumo sacerdote del dios Helios), viéndose progresivamente deteriorado su prestigio hasta el extremo de ser asesinado el 11 de marzo de 222 con tan solo 18 años de edad, víctima de una conspiración orquestada por su antaño valedora, Julia Maesa, y el prefecto del pretorio.

En el plano numismático las acuñaciones de tiempos de Heliogábalo son bastante similares a las de sus predecesores desde el punto de vista iconográfico, ligeramente inferiores en el plano artístico (esta decadencia se aprecia especialmente en las acuñaciones orientales) así como de una ley un poco inferior en lo que a plata se refiere. Ciñéndonos ahora a la ceca de Caesarea, lo primero que salta a la vista es la ausencia de acuñaciones en plata tanto en el reinado de Heliogábalo como en el de su sucesor y primo carnal, Alejandro Severo (222-235), algo cuanto menos extraño toda vez que ponía final a una tradición que se remontaba a los tiempos de Tiberio nada menos. Aunque no se conoce con precisión el motivo de este hiato, parece estar relacionado con la fuerte disminución en la amonedación en plata que se detecta en toda la zona de Asia Menor en relación a los volúmenes de tiempos de Septimio Severo y sus hijos. En efecto, la práctica totalidad de los mayores tesoros numismáticos localizados en la actual Turquía exhiben un porcentaje de monedas a nombre de Heliogábalo y Alejandro Severo muy inferior al de sus familiares antecesores. Como, a juzgar por el registro arqueológico, no parece que la región sufriera una crisis por aquellos tiempos, al menos lo suficientemente grave como para reducir el comercio y por tanto el trasiego de monedas de plata, podemos deducir que se acuñó menos plata durante los Severos menores por no ser necesaria al disponerse de un volumen en circulación suficiente para garantizar la estabilidad del comercio y los pertinentes pagos a las tropas. En el caso concreto de Caesarea esta disminución en los índices de acuñación debió alcanzar el extremo, suspendiéndose las emisiones en plata hasta el reinado de Gordiano III, momento en que todos los estudios señalan un fortísimo incremento de las emisiones argenteas tanto en oriente como en la propia Roma.

Caesarea sí que acuñaría bastante bronce durante el reinado de Heliogábalo siendo estas piezas, junto a las de su sucesor Alejandro Severo, las más asequibles hoy en día de entre la nómina de bronces imperiales capadocios. Se trata de monedas de muy correcta factura técnica y un módulo de alrededor de 17 mm las de módulo medio y de entre 24 y 28 mm las grandes, pudiendo llegar a verdaderos medallones de 35 mm. El busto de anverso suele aparecer mirando a derecha (no siempre), figurando las más de las veces laureado aunque hay también monedas radiadas de módulo y grosor similar a las laureadas correspondientes por ello, en principio, a un mismo tipo monetal. Aunque hay varios tipos de reversos, predomina abrumadoramente el del Monte Argeo a su vez con unas cuantas variantes, de entre las cuales, nuevamente por amplia mayoría, destaca la de Monte Argeo sobre altar que se remonta a los primeros grandes bronces comodianos. También podemos encontrar la variante básica de Monte Argeo surmontada por corona de laurel (más propia del bronce que de la plata) e incluso alguna variante extraña aunque no inédita del tipo dios-diosa (en este caso la diosa Tyche) sentada entre dos ónfalos así como sujetando una representación reducida del Monte Argeo (es el caso del medallón de 35 mm). Por último, merece la pena destacar un curioso tipo de reverso, empleado en los bronces medianos, en el que se muestra un busto a derecha de la diosa Tyche coronado por un pequeño Monte Argeo. Este tipo de reverso es propio de la ciudad siria de Emesa, patria chica de Heliogábalo y sus augustas antecesoras –Julia Maesa, Domna y Mamea--, si bien en él la diosa Tyche aparece sin el coronamiento del Argeo: lógicamente empleado en las acuñaciones capadocias para reflejar el origen de la monedas así como diferenciarlas de las emisiones de Emesa. En las siguientes fotografías podemos ver, por orden de arriba a abajo, cuatro ejemplares de la variante común de Monte Argeo sobre altar, el tercero y el cuarto con busto radiado, uno a derecha y otro a izquierda. Seguidamente un hermoso ejemplar de la variante de Monte Argeo básico surmontada por corona de laurel. Después, el medallón de 35 mm con la diosa Tyche sujetando el Monte Argeo y, para finalizar, un ejemplar de módulo mediano con busto de Tyche coronado por Monte Argeo.


Caesarea también emitiría monedas de bronce a nombre de la influyente Julia Maesa (el auténtico poder en la sombra durante el reinado de su nieto). De tamaño grande (26-28 mm) utilizan mayoritariamente el reverso del Monte Argeo sobre el altar. Menos común es el reverso creado en tiempos de Macrino con el Argeo flanqueado por dos ónfalos y su acceso en forma de fachada de templo porticada. Añadir además que aunque predomina el busto simple a derecha, también existen ejemplares con busto sobre creciente al estilo de los antoninianos contemporáneos de esta emperatriz así como paralelizables a nivel iconográfico con los bronces de Heliogábalo con busto radiado. Las siguientes fotos corresponden a un ejemplar de tipo convencional con Argeo sobre altar, otro con reverso de tipo Macrino y un tercero con busto de anverso sobre creciente y Argeo sobre altar en reverso.


Como se dijera anteriormente Caesarea tampoco acuñaría moneda de plata durante los trece años de reinado de Alejandro Severo. Siendo la situación económica similar a la del reinado de Heliogábalo, también las acuñaciones serán muy parecidas lo mismo iconográfica que metrológicamente con las lógicas diferencias de leyendas de anverso y de busto (escasas, por otra parte, en este último aspecto). Como en el reinado anterior vuelve a predominar el reverso de Argeo sobre altar, complementado por el de Argeo básico surmontado por corona de laurel, el del busto de la diosa Tyche coronado por el monte Argeo (módulo mediano) y el del monte Argeo en el interior de templo dístilo, éste último introducido en tiempos de Macrino y que ahora vuelve a hacer acto de presencia. A continuación podemos ver tres ejemplares del tipo principal con Monte Argeo sobre altar, un cuarto con el tipo básico surmontado con corona de laurel, otro más del tipo Tyche coronada y un sexto con la variante de Argeo en el interior de templo dístilo, de un excelente arte por cierto.


Asesinado Alejandro Severo junto a su madre Julia Mamea (19 de marzo de 235), se apropiara de la púrpura imperial un oscuro personaje llamado Maximiano apodado el Tracio en razón de su origen. De origen bárbaro, nulo refinamiento, mínima preparación y un exceso de brutalidad que emanaba por todos los poros de su descomunal físico (más de 2 metros de músculos) ostentaba el rango de general de los ejércitos del limes germano cuando se le presentó la oportunidad de aprovechar el descontento originado del ejército por el recorte en los gastos militares ordenado por el joven emperador para eliminarlo y ocupar su lugar. Se iniciaba así un turbulento reinado de tres años, pleno de dificultades ocasionadas por la feroz hostilidad del senado de Roma para con Maximino, cuyos humildes orígenes y agudo desprecio por la aristocracia romana no podían soportar. Éste fue el comienzo del periodo conocido como la Anarquía Militar caracterizado por la rápida sucesión de emperadores salidos de entre las filas del ejército: por regla general más interesados en atajar los intentos de derrocamiento por parte de sus conmilitones que en buscar el bien común para los habitantes del imperio romano.

En comparación con otros emperadores, las acuñaciones a nombre de Maximino el Tracio en las cecas orientales son bastante reducidas cuando las hay. En el caso de Caesarea de Capadocia la ceca permaneció cerrada durante todo su reinado, no volviéndose a abrir hasta el inicio del reinado de Gordiano III, en 238, lo que implica su inactividad no sólo durante el reinado del Tracio sino también en los efímeros de Balbieno y Pupieno, Gordiano I y Gordiano II.

Aunque los tres primeros años del reinado de Gordiano III fueron relativamente tranquilos, en la primavera de 241 una oleada de ataques bárbaros pone duramente a prueba las fortalezas del limes germano. Al mismo tiempo los persas del monarca Sapor I, enterado o no de los apuros romanos en sus límites septentrionales, violan la línea fronteriza fijada en el cauce del Eufrates e invaden la Mesopotamia romana. Consecuencia inmediata de este verdadero estado de emergencia es un brutal aumento de los gastos militares romanos; toda nueva leva, toda nueva remesa de armamento, parece poca para hacer frente a la terrible amenaza doble que aúlla en las fronteras. El estado romano reaccionará acuñando de forma masiva moneda de plata con la que sufragar tan tremendos gastos, habiendo de reducir también la ley de ésta a fin de obtener mayor cantidad de monedas a partir de la misma cantidad de metal noble. Es por este motivo que el antoniniano acuñado en la ceca de Roma a nombre de Gordiano III es la moneda de plata romana más económica, aún en alta calidad, que existe en el mercado actual.

Siguiendo la estela de la ciudad de Roma y por el mismo motivo, las cecas orientales también conocerán un periodo de fuerte reactivación, volviendo a acuñarse plata en cecas como Antioquía que no lo hacía desde el reinado de Heliogábalo o nuestra Caesarea de Capadocia, inactiva en lo que a plata se refiere desde el reinado de Macrino.

Como en los mejores tiempos de Septimio Severo, ya algo lejanos por aquel entonces, Caesarea acuñará de nuevo la unidad básica oriental en plata, el dracma, acompañada de sus dos múltiplos inmediatos: el didracma y el tridracma. La calidad de las acuñaciones es francamente elevada, con un nivel de detalle muy bien conseguido. El estilo, bastante realista aunque con cierto sabor oriental, recuerda mucho al de las acuñaciones argénteas a nombre de Septimio Severo y familia, de las cuales estas monedas resultan una más que evidente continuación.

La unidad de menor valor, esto es el dracma, empleará en exclusiva el reverso del Monte Argeo en su modalidad más básica con pequeñas variantes: surmontado con estrella, sin surmontar, con las letras griegas BNE en el campo o con un aislado punto a izquierda del campo: marca de valor ésta que nos indica que la moneda equivale a 1 Dracma. Las siguientes monedas corresponden a otros tantos representantes  de las variantes de dracma arriba descritas.


El didracma es iconográficamente idéntico a la variante de dracma con Monte Argeo sin surmontar con la sola excepción de la marca de valor: dos puntos en lugar de uno, situados alternativamente a ambos lados del Argeo. Por otra parte, su peso y diámetro son considerablemente mayores que los del dracma de tal forma que difícilmente hubiera podido confundir el usuario las dos monedas aunque no llevaran marca de valor, lo que no quita que el motivo de su inclusión fuera el de evitar dichas confusiones. A continuación podemos contemplar un trío de didracmas del tipo de los anteriormente descritos.


Como suele ser habitual en las emisiones argénteas de Caesarea corresponde al tridracma (o tetradracma en su caso) el privilegio de exhibir los mejores estilos de diseño y la mayor variedad iconográfica en los reversos. En cualquier caso el hecho es que vuelve a predominar el tipo básico de Monte Argeo bien sin surmontar, bien surmontado con una corona de laurel, con las letras  BNE del campo presentas en unas monedas sí, en otras no. Lo que no aparece en ningún ejemplar es la marca de valor tal vez por no considerarse necesaria en el tipo superior (estamos hablando de una moneda que, de media, superaba en un 70% el peso del didracma y que nadie podría confundir con un didracma, mucho menos con un dracma). Las siguientes fotografías corresponden, primero, a cuatro ejemplares de la variante surmontada con corona de laurel (las tres primeras con las letras BNE y la última sin ella), seguidamente otras tres monedas de la variante sin surmontar, la última con las letras  BNE   en el campo.

Aparte del tipo principal, Caesarea también emite series más reducidas de tridracmas con reversos diferentes aunque con la común presencia del Monte Argeo en ellos. Uno de ellos, el del dios Sol, sentado y con el codo apoyado en una representación reducida del Argeo, ya había aparecido en las emisiones de tiempos de Septimio Severo, perteneciendo por tanto al bagaje histórico-iconográfico de la ceca. El otro resulta algo más novedoso aunque sus elementos sean viejos conocidos del lector. En él encontramos una suerte de cista mística (también puede ser una variante de ónfalos) de cuya boca salen dos ramas de palma sobre las cuales reposa una representación tirando a reducida así como poco detallada del Monte Argeo. Los siguientes ejemplares corresponden a las monedas que acabamos de describir.


Una característica que puede observarse en un porcentaje altísimo de los tridracmas de Gordiano III que se conservan es esa contramarca rectangular, bastante profunda, que puede verse en las monedas de las fotos. Localizada siempre en el reverso, las contramarcas mejor preservadas exhiben un busto femenino en altorrelieve mirando a derecha. ¿Una marca de revalorización?, ¿un distintivo para permitir su uso en algún lugar donde antes no estuviera permitido o por parte de personas que antes no quisieran o no pudieran usar esa moneda?, ¿una señal de desmonetización? El hecho de que la contramarca aparezca lo mismo en monedas circuladas como relativamente nuevas indica que debió realizarse no mucho tiempo después de la acuñación de éstas. En principio esto descarta la hipótesis de la señal de desmonetización, haciendo también muy poco verosímil la de la revalorización (por ejemplo, a tetradracma) con la posible excepción de un escenario de inflación vertiginosa y desatada que no nos consta se produjera en este momento de la historia de Roma. Nos queda, por tanto, la segunda posibilidad: factible en tanto en cuenta se conocen casos anteriores de monedas de tipo local que fueron reselladas por la autoridad competente a fin de emplearlas para afrontar determinados pagos fuera del área de vigencia de esa emisión en concreto donde, sin el resello oficial al que nos estamos refiriendo, la moneda carecía de valor liberatorio al menos teóricamente.

Además de a nombre de Gordiano III, Caesarea acuñaría también moneda de plata a nombre de su mujer, Tranquilina. Estas emisiones, bastante inferiores en volumen a las de Gordiano III a juzgar por el número de ejemplares conservados de cada una, se limitaron exclusivamente a un tipo monetal: el dracma, en su variante de Monte Argeo sin surmontar las más de las veces con la marca de valor “Punto” a la izquierda del campo de reverso. Los siguientes tres ejemplares corresponden, el primero, a la variante básica sin marca de valor, poseyéndolo en el caso de las otras dos monedas.


El reinado de Gordiano III también traería a la ceca de Caesarea la reanudación de sus acuñaciones en bronce. Emitidas tanto a nombre de Gordiano como de Tranquilina predomina, como en reinados anteriores, el reverso del Monte Argeo sobre altar para los módulos crecidos (26 – 28 mm). También se observa la interesante variante de busto de Tyche coronado por Monte Argeo aparecida durante el reinado de Heliogábalo. Como novedad podemos citar un curioso reverso, poco habitual en la numismática oriental del periodo pero no tanto en la occidental, como es el de corona de laurel con leyenda en su interior (en este caso dispuesta en cinco líneas). El omnipresente Monte Argeo de las monedas capadocias aparece en la parte superior del reverso de la moneda, en medio de la primera línea, reducido a una pequeña representación poco detallada. En las siguientes fotografías podemos contemplar cuatro ejemplares del tipo general de Argeo sobre altar, dos a nombre de Gordiano y otros dos a nombre de Tranquilina. Seguidamente observamos un ejemplar del tipo Tyche coronada y por último uno del tipo corona de laurel con leyenda inscrita.


El final del reinado de Gordiano III en 244 supone el fin de las acuñaciones de Caesarea. A pesar de que alguna ceca relativamente cercana como Antioquía continuará sus acuñaciones en plata hasta el reinado conjunto de Treboniano Galo y su hijo Volusiano (tetradracmas), la ceca de Caesarea no volverá a abrir sus puertas. Posiblemente se consideró que bastaba con las emisiones antioquenas para suministrar moneda circulante a toda esa zona de la mitad oriental del Imperio. Posteriormente cesará toda emisión de moneda de tipo local, con caracteres y metrología griega, en las provincias de Siria, Capadocia, Asia, etc, siendo sustituidas por amonedación imperial –fundamentalmente antoninianos—con leyendas en latín. Nuevamente será Antioquía, asistida por algunas cecas cercanas como Samosata, la encargada de producir este numerario. Fuera como fuere, esta claro que para ese momento la ceca de Caesarea hacía tiempo que había dejado de ser una realidad para empezar a convertirse en un recuerdo que hoy podemos evocar contemplando sus maravillosas monedas…