domingo, 11 de diciembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 3ª Parte. Nysa.

La autovía prosigue hacia el oeste, camino del mar Egeo. Treinta kilómetros calzada adelante llegamos al desvío que manda a la localidad de Sultanhisar. Lo tomamos y, siguiendo la cartelería existente, dejamos atrás la ciudad y enfilamos la carretera local que conduce, monte arriba, a las ruinas de la antigua ciudad de Nysa (Nisa en castellano).

Fragmento de la galería porticada que rodeaba la palestra del Gimnasio de Nysa

Muro posterior de la anterior palestra
Foto 1 (arriba).- Fragmento de la galería porticada que rodeaba la palestra del Gimnasio de Nysa. Foto 2 (abajo).- Muro posterior de la anterior palestra.

Nisa fue fundada en la ladera de una montaña conocida por los antiguos como Mesogis. La zona se encuentra poblada de arbolado en la actualidad, principalmente pinos. Geográficamente era una ciudad de Caria si bien muy cercana a la frontera de ésta con Lidia. El río Meandro transcurre cerca de ella, en el valle, razón por la que no es raro que se la nombre Nisa del Meandro, sobre todo en la bibliografía en lengua inglesa (Nysa on the Maeander).

Grupo de tiendas de cronología romana
Foto 3.- Grupo de tiendas de cronología romana.

Estrabón apunta que el primer nombre de la ciudad fue Atimbra, el cual recibiera de su fundador el espartano Atimbo. Éste tenía dos hermanos: Hidrelo y Atímbrado que también fundaron sendas ciudades. Como quiera que los tres nuevos asentamientos contaban con muy pocos habitantes y no terminaban de desarrollarse, se decidió reunir los habitantes de los tres en Atimbra, acto conocido en el mundo griego con el nombre de sinecismo. De esta forma se dio lugar a una ciudad con mayor capacidad de expansión que, esta vez sí, logró afianzarse y prosperar. Su dios tutelar era Dionisio.

Muro de aterrazamiento provisto de arquerías ciegas
Foto 4.- Muro de aterrazamiento del terreno provisto de tres arquerías ciegas.

Atimbra sería refundada por el monarca seleúcida Antíoco I (281-261 b.C.) con el nombre de su mujer, Nysa. El interés de este soberano y de su antecesor Seleuco I puede intuirse en la carta que ambos le dirigieran a los athymbrianoi en el año 281 a.C., la refundación de la ciudad se produciría no mucho después, reinando ya Antíoco en solitario. Los nombres Atimbra y Nisa convivirían durante la mayor parte del siglo III b.C., imponiéndose el último hacia el cambio de siglo. 

Depósito acuario del Ninfeo de Nisa
Foto 5.- Depósito acuario del Ninfeo de Nisa.

Es poco lo que se sabe de los períodos helenístico y romano de la ciudad a nivel histórico ya que apenas aparece mencionada en los textos antiguos. La mayor parte del conocimiento actual procede, pues, de fuentes arqueológicas y numismáticas. Sólo Estrabón (65 a.C. – 23 d.C.) dedicó algo más que una mención a Nisa sin duda porque la conocía bien al hacer realizado parte de sus estudios juveniles en la ciudad. Volveremos sobre este tema más tarde, cuando abordemos la descripción física del yacimiento.

Ruinas del puente sobre la quebrada del arroyo Eudón
Foto 6.- Ruinas del gran puente sobre la quebrada del arroyo Eudón que comunicaba las dos mitades de Nisa.

El emplazamiento de Nisa, muy cercano a la gran ruta comercial que con cabecera en Efeso unía la costa del Egeo con el interior de Anatolia y, más allá, el cercano oriente, las tierras mesopotámicas y el interior de Asia, debió proporcionarle múltiples opciones de enriquecimiento. La presencia de abundante tierra fértil en la llanura aledaña, generosamente regada por las aguas del río Meandro, también debió contribuir positivamente a su desarrollo. Se puede por ello afirmar que durante los periodos seleúcida y atálida Nisa prosperó en gran medida, bondad ésta que continuaría bajo dominio romano a partir del 133 a.C. Evidencia fidedigna de esto último son los tetradracmas cistofóricos que fueron emitidos por la ceca de la ciudad entre este último año y el 67 a.C., cuya alta calidad de acuñación apunta a una economía sólida y ávida de prestigio. Morfológicamente son idénticos a los de Pérgamo (cita mística, guirnalda, serpientes, etc), incluyendo el nombre (o la inicial) del magistrado monetal correspondiente y sustituyendo la marca de ceca pergamena por la local: NUSA ó NYCA (NYSA). Las monedas de la figura 1 constituyen dos excelentes especímenes de estas acuñaciones.

Figura 1.- Tetradracmas Cistofóricos acuñados en Nisa en el periodo 133-67 a.C.

A finales del siglo I a.C. Nisa era una ciudad rica y culta, cuya riqueza era empleada tanto en la construcción de soberbios edificios públicos como en el sostenimiento de una afamada institución académica especializada en el estudio de los textos homéricos y de la poesía épica griega en general. Esta institución poseía su propia escuela de formación de eruditos, entre los cuales podemos mencionar al retórico Aristodemo el joven, el instructor de Estrabón, y a su primo de igual nombre que hiciera lo propio con Pompeyo el grande en su juventud.

Foto 7.- Ruinas del Estadio de Nisa.

El siglo II d.C. es el del apogeo de la ciudad, adquiriendo su paisaje un desarrollo urbano ciertamente elevado, sin nada que envidiar a la gran mayoría de las ciudades importantes del Imperio romano. Este esplendor se prolongaría en gran medida durante el siglo siguiente, no empezando a declinar hasta comienzos del siglo IV al igual que el resto de ciudades de Asia Menor. Fue una larga época de febril actividad comercial  cuyo recuerdo ha llegado hasta nosotros en la forma de una nutrida serie de emisiones monetales. Bronces en su totalidad con la excepción de los cistóforos mencionados anteriormente, estas acuñaciones abarcan desde el último tercio del siglo II a.C. al reinado del emperador Galieno a mediados del siglo III d.C. Su iconografía es concordante con la de las ciudades vecinas: bustos imperiales en anverso y motivos religiosos en reverso así como elementos agrícolas, conmemorativos, etc. El estilo es razonablemente cuidado y su escasez moderada lo que indica que fueron acuñadas en volúmenes importantes. En la figura 2 podemos contemplar cuatro monedas niseanas correspondientes a otras tantas emisiones. Comentémoslas un poco:

Figura 2.- Monedas de bronce acuñadas en Nisa entre los siglos II a.C. y II d.C.

La primera (arriba-izquierda) es un AE12 acuñado en las décadas finales del siglo II a.C. Se trata de una emisión estilísticamente muy griega, de tipo autónomo, en la que se rinde homenaje a las divinidades tutelares de la ciudad. Así, vemos a Dionisio, del que se decía había sido educado por las musas en la propia Nisa, de pie en el reverso, y los bustos de Hades y su esposa Kore (Plutón y Perséfones para los romanos) en el anverso, los cuales eran adorados en un santuario localizado a 3 kilómetros al oeste de Nisa. El ejemplar situado arriba a la derecha es un AE18 en el que aparecen los bustos de Claudio y Agripina la Menor en el anverso y la pareja Hades-Kore en el reverso, representados en el momento en que Hades rapta a Kore y se la lleva a su mundo subterráneo en una biga. Este motivo de reverso se repetirá varias veces en los reinados posteriores, pudiéndosele considerar el más representativo de la numismática niseana. La tercera moneda (abajo – izquierda) es un AE17 del tiempo de Antonino Pío y muestra la célebre cabeza torreada de la diosa Fortuna (Tiqué) en anverso y un manojo de espigas en el reverso alusivo a la feracidad de la comarca señoreada por la ciudad de Nisa. Por último la cuarta pieza (abajo-derecha) es un gran AE35 de tipo fuertemente imperial, en el que aparecen Marco Aurelio y Lucio Vero dándose la mano en el anverso y el dios Men, la divinidad principal del panteón anatólico –esto es, no griego--, en el reverso.

Nisa túnel de canalización del arroyo Eudón
Foto 8.- Estructuras de sujeción (arriba) y túnel de canalización del arroyo Eudón (abajo).

Apenas se sabe nada del devenir de Nisa en los siglos bajoimperiales y bizantinos más allá de que fue sede episcopal sufragánea del metropolitano de Éfeso, conociéndose los nombres de seis de sus obispos: el más temprano, Teodoto, activo en el año 431 y el más reciente, Miguel, en el 879. Dado que la sede episcopal perduró en el tiempo, se puede afirmar que la ciudad conservó cierta vitalidad durante siglos. La existencia de algunos fragmentos de muralla de cronología bizantina indeterminada nos pone tras la pista de un intento por parte de Constantinopla de asegurar la ciudad o al menos parte de ella. Las excavaciones arqueológicas sitúan el comienzo del fin de la ciudad en el siglo XIII con ocasión de la conquista selyúcida del territorio y la fundación de Sultanhisar, escasos kilómetros al sur, adonde empezará a trasladarse la población de la moribunda Nisa. El golpe de gracia vendrá en 1402: fecha del saqueo de la ciudad por parte de las tropas timúridas de Tamerlán, seguido de su abandono definitivo.

Foto 9.- Calzada de una calle de Nisa.

La llegada al yacimiento de Nisa trae a nuestra memoria la breve descripción de la ciudad proporcionada por Estrabón en su célebre obra “Geografía”, la cual encaja casi a la perfección con lo que se puede observar hoy en día, veinte siglos después. Éste es el texto de estrabón:
Nisa está situada cerca del (monte) Mesogis, descansando en su mayor parte contra la ladera de la montaña. Es como una ciudad doble ya que una torrentera la divide en dos partes formando un valle, una parte del cual tiene un puente sobre él, conectando las dos ciudades; la otra está adornada con un anfiteatro; debajo de este último hay  un pasaje cubierto por el cual las aguas de los torrentes fluyen fuera de la vista.
Cerca del teatro se sitúan dos alturas; Debajo de una se encuentra el gimnasio para los jóvenes; Debajo de la otra está el foro y un lugar de reunión para las personas mayores. Al sur, debajo de la ciudad, se extiende una llanura, como en Tralles. (Estrabón, XIV, 1, 43).

Foto 10.- Zócalo de un templo de orden dórico.

En efecto, se observan claramente los profundos barrancos excavados por el tan furioso como discontinuo paso de la torrentera estacional nombrada Eudon en los textos antiguos, dividiendo el terreno en dos grandes espacios separados: las dos ciudades a las que alude el geógrafo griego. También se distinguen las ruinas, en mejor o peor estado, de las distintas estructuras urbanas señaladas en el texto y también de algunas más que no conociera Estrabón por haber sido erigidas con posterioridad a su tiempo. Vamos a utilizar el plano de la figura 3 para no perdernos a la hora de conocer todos estos vestigios del pasado…

Figura 3.- Plano del yacimiento de Nisa.

Comenzaremos nuestra visita por la esquina suroccidental del yacimiento, allá donde se encuentra el punto señalado con el número 12 en el plano. Éste corresponde a las ruinas de un complejo baños-gimnasio, identificable con el gimnasio “para jóvenes” señalado por Estrabón en su descripción de Nisa. El complejo permanece sin excavar, siendo visible en superficie una fachada de mampostería atravesada por tres arcos (foto 1): probablemente un fragmento de la galería porticada que rodeaba la palestra del gimnasio. Uno de los arcos está en buen estado, pudiendo estudiarse su técnica constructiva: una gruesa rosca de ladrillo colocada con cimbra, encargada de sostener el arco, a la que se la adosa por el trasdós una segunda rosca, de tipo más decorativo que estructural, ejecutada con mampuestos alargados dispuestos a modo de dovelas. También se conserva un tramo del muro posterior de la palestra tal y como se puede observar en la foto 2.


Foto 11 (arriba).- Vista general de la gran biblioteca de Nisa. Foto 12 (abajo).- Detalle del muro oriental de la misma, con los anaqueles dispuestos para colocar los rollos.

La carretera que estamos siguiendo discurre paralela a la profunda quebrada tallada por el curso del arroyo Eudon a lo largo de miles de años. Unos pocos metros hacia el norte encontramos a nuestra izquierda los restos de un grupo de tiendas (foto 3 – punto 11 del mapa) con su habitual planta rectangular abierta hacia la calle por un único vano. Algo más allá, en el mismo lado de la calzada que las tiendas anteriores, se alza un bonito muro de aterrazamiento ornamentado con tres arquerías ciegas (foto 4) y los restos de un ninfeo entre los cuales destaca su depósito acuario (foto 5) con dos naves comunicadas por un arco y el mortero impermeabilizante que recubría sus paredes no mal preservado.

Foto 13.- Descendiendo hacia el teatro de Nisa desde la altura de la biblioteca.

Nos asomamos al borde de la quebrada que dividía la ciudad de Nisa en dos mitades. Se encuentra densamente poblada de vegetación: arbustos espinosos y olivos principalmente. Hacia el sur (la derecha según miramos) divisamos los restos del puente que “conectaba las dos ciudades” en palabras de Estrabón (foto 6). Están bastante deteriorados, conservándose apenas el estribo oriental, un muñón de mampostería que antaño fuera pila y, lo mejor, el primer arco contando desde el estribo occidental: casi intacto gracias a su cimentación localizada a mayor cota respecto al resto de la estructura del puente, más apartada por tanto del curso de un arroyo muy aficionado a avanzar con furia en tiempo de lluvia. En sus buenos tiempos este punto tuvo alrededor de 100 metros de vano, siendo uno de los más largos que se construyeran en la antigüedad.

 utilizado en la construcción del teatro de Nisa.
Foto 14.- Detalle del aparejo de sillería (opus quadratum) utilizado en la construcción del teatro de Nisa.

El estadio de Nisa, mencionado como “anfiteatro” en el texto de Estrabón, se hallaba al norte de este puente, ocupando con su gran mole, capaz de alojar a 30000 espectadores, un importante sector de la quebrada a su paso por la ciudad. Las inundaciones han hecho desaparecer la mayor parte de su estructura con la excepción de una porción del graderío noroccidental (foto 7 – punto 7 del plano) y la infraestructura sobre la que se apoyaba, a su vez directamente erigida sobre la vertiginosa pendiente de la quebrada. El arroyo Eudon era canalizado debajo de este estadio por medio de un túnel abovedado (“pasaje cubierto” lo llama Estrabón) de 115 metros de largo: obra de gran entidad, la segunda más grande de su tipo que se conoce. Su estado de conservación es bastante bueno, transcurriendo todavía las aguas del Eudón por su interior. Una inscripción fue colocada en una de sus paredes indicando el nombre de su autor; lamentablemente el tiempo se ha encargado de borrarla en gran parte, impidiendo su lectura y por tanto la identificación de tan talentoso arquitecto. En la foto 8 podemos ver, abajo, el emboquille meridional del túnel que acabamos de describir; las dos galerías de arriba corresponden a la estructura de sujeción tanto del estadio como de la terraza superior donde fuera erigido el teatro de la ciudad.


magníficas cáveas
Fotos 15 y 16.- Dos vistas de las magníficas cáveas del teatro niseno.

La carretera prosigue bordeando la quebrada. A la izquierda sale un tramo de escaleras internándose en una altura que ya fuera mencionada por Estrabón en su descripción de Nisa hace 2000 largos años. Una vez arriba, los caminos coinciden con antiguas calzadas enlosadas exhumadas durante las excavaciones del yacimiento (foto 9). Tras un breve paseo siguiendo las indicaciones oportunamente colocadas en los adoquinados cruces salen a nuestro encuentro unas pobres ruinas (foto 10) que han sido identificadas como el zócalo de un templo de orden dórico. Están bastante maltrechas probablemente debido a su relativa pobreza de materiales, siendo además pequeñas en extensión. Resulta evidente que no fue aquel un templo amplio y ostentoso sino modesto y recogido. 

Vomitorio de acceso al teatro.

Interior abovedado del anterior vomitorio.
Foto 17 (arriba).- Vomitorio de acceso al teatro. Foto 18 (abajo).- Interior abovedado del anterior vomitorio.

Unos minutos más de paseo entre olivos nos acercan a una magnífica estructura, cuyo imponente alzado descuella muy por encima de la masa arbórea. Se trata de las ruinas de un magnífico edificio público concebido como biblioteca si bien también se empleó como auditorio y juzgado –foto 11 - punto 8 del plano--. Se sabe que era una biblioteca porque dispone de los característicos anaqueles para rollos (en este caso dieciseis dispuestos en dos pisos) propios de estos edificios, seis de los cuales podemos ver en la foto 12 correspondiente al lado oriental de la misma. También conserva los restos, bastante degradados, de un estrado elevado donde declamaba el orador o se posicionaba el juez según se estuviera empleando el edificio como auditorio o juzgado. 

Arquitrabe ricamente decorado

Pedestal de estatua exhumado en el acceso
Foto 19 (arriba).- Arquitrabe ricamente decorado perteneciente al teatro de Nisa. Foto 20 (abajo).- Pedestal de estatua exhumado en el acceso al teatro niseno.

Tan destacada estructura no aparece en el texto de Estrabón porque es posterior a éste: su construcción ha sido datada alrededor del año 130 d.C., en la época de mayor esplendor de Nisa. El sarcófago del fundador de esta biblioteca fue encontrado en una pequeña explanada delante de aquélla, exhibiéndose actualmente en el museo arqueológico de Aydin. El edificio sería remodelado a finales del siglo IV o comienzos del V, conservando todavía en esa época su función original. Durante la centuria siguiente perdería su carácter público, siendo reutilizadas sus estancias como tiendas, talleres y viviendas en lo que supone un elocuente testimonio de la decadencia de la ciudad. La última reutilización del edificio detectada arqueológicamente corresponde a los primeros años del siglo X cuando su sala principal fuera reconvertida en capilla cristiana y el pórtico delantero en un modesto cementerio. El derrumbe de la bóveda del edificio seguido de su abandono definitivo parece datar de un periodo no muy posterior a éste.


basílica comercial de Nisa.
Fotos 21 y 22.- Estructuras abovedadas pertenecientes a tiendas dispuestas en el muro exterior de la basílica comercial de Nisa.

Continuamos nuestra visita siguiendo las indicaciones que conducen al teatro de la ciudad. Éste se encuentra situado a menor cota que la biblioteca (de hecho su cávea se apoya en la falda de la altura donde se asienta ésta), salvándose el desnivel por medio de una larga escalera. En la foto 13 podemos ver el punto exacto donde la altura desciende hacia el teatro, cuya sublime belleza rellena la escena con auténtica excelencia.

Sala de reuniones
Foto 23.- Sala de reuniones del Bouleterion de Nisa.

El teatro de Nisa (punto 6 del plano) es la estructura mejor conservada de la ciudad y desde luego la más imponente, pudiendo citársele entre las mejores realizaciones de su clase que han llegado hasta nuestros días. El edificio posee un aspecto inconfundiblemente romano, debiendo datar de la segunda mitad del siglo I a.C. Más tardío no porque Estrabón lo cita en su descripción de la ciudad, escrita a comienzos del siglo I d.C. Su estado de conservación es francamente bueno, gracias sin duda a su excelente factura constructiva, comenzando por la poderosa sillería utilizada, dispuesta en una airosa alternancia de líneas horizontales y verticales (foto 14). Tenía capacidad para 12000 espectadores sentados en 35 filas de asientos (fotos 15 y 16) con diazoma central. El acceso se realizaba por medio de sendos vomitorios abovedados erigidos en un soberbio estilo romano clásico (fotos 17 y 18).

Muro oriental de la sala de reuniones
Foto 24.- Muro oriental de la sala de reuniones del Bouleterion.

Hacia el 120 fue provisto de una monumental escena de dos pisos, lujosamente adornada con columnas, arquitrabes (foto 19), monumentales frisos representando el mito de Dionisos y el del matrimonio entre Hades y Kore, esculturas, pedestales labrados (foto 20), etc. Medio siglo después, en el año 178, un fuerte terremoto sacudió la ciudad, dañando seriamente la escena del teatro entre otras estructuras. La reconstrucción comenzaría casi de inmediato, acometiéndose con gran despliegue de medios hasta el punto de que no sólo se restauró todo lo deteriorado sino que aún se le añadió un tercer piso a esta escena igual de magnífico que los anteriores. Todo esto indica la gran pujanza de que gozara la ciudad en aquellos remotos tiempos.

Ruinas de la escena

rica decoración escultórica que poseyera la escena
Foto 25 (arriba).- Ruinas de la escena del Bouleterion. Foto 26 (abajo).- Vestigios de la rica decoración escultórica que otrora poseyera la escena del bouleterion de Nisa.

Dejamos atrás el magnífico teatro de Nisa en dirección este siguiendo el trazado de la carretera: perfectamente ajustado en esta zona al encajonado cauce del arroyo Eudón. Un brusco cambio de dirección de casi 90º nos envía hacia el sur, flanqueados a mano izquierda por una serie de estructuras abovedadas adosadas unas a otras (fotos 21 y 22 – punto 4 del plano) que han sido identificadas como las tiendas localizadas en una de las fachadas exteriores de la gran basílica comercial de la ciudad, por lo demás todavía sin excavar. Poco después cruzamos el valle del Eudón por un puente moderno y nos adentramos en la mitad oriental de la ciudad. Nuevas indicaciones salen a nuestro paso, señalando las estrechas y un tanto descuidadas sendas de tierra que conducen a nuevas maravillas de la Antigüedad clásica. Allá vamos pues.

Ruinas bastante deterioradas del área porticada
Foto 27.- Ruinas bastante deterioradas del área porticada del bouleterion de Nisa.

Lo primero que encontramos tras un corto trayecto es el Bouleterion de Nisa –punto 2 del plano--. En su estado actual es obra del siglo II d.C., habiendo sido financiado por un rico ciudadano niseano llamado Sexto Julio Antonio Pitodoro en cumplimiento de un deseo de su madre. La anterior datación evidencia que este edificio no se trata del Gerontikon, esto es el lugar de reunión de las personas mayores al que hace referencia Estrabón en su texto. Lo que sí debe ocupar es el mismo lugar y probablemente parte de la fábrica de este bouleterion proceda del gerontikon anterior. De hecho la obra de Sexto Julio Antonio Pitodoro consistió fundamentalmente en hermosear la estructura preexistente, añadiéndole una escena de dos pisos, una stoa porticada en su frente meridional y un propilón a modo de entrada monumental. Esto implica que el área de reuniones propiamente dicha, con su cávea semicircular característica, es la parte más antigua del complejo, correspondiendo en mayor o menor porcentaje al antiguo gerontikon.

plateia de Nisa.
Foto 28.- Tramo de calzada perteneciente a la plateia de Nisa.

Nuestro bouleterion está bastante bien conservado, siendo muy agradable de contemplar: algo habitual en el caso de esta estructura en concreto, a menudo hermosa, recogida y, lo mejor para nosotros, respetada por el tiempo y la incuria humana. La sala de reuniones (foto 23), toda ella labrada en mármol, señoreada por una elegante cávea con capacidad para 700 asistentes sentados en doce filas de asientos. se ha preservado casi intacta Significativamente peor conservados están los muros que albergaban dicha cávea, probablemente debido a que fueron construidos en mampostería en vez de sillería (foto 24). Lo mismo sucede con la escena del siglo II d.C., reducida a cuatro pilares prismáticos (foto 25) donde sólo permanecen algunos bloques esculpidos con guirnaldas y cabezas de toro (foto 26) como testimonio de su pretérita belleza. Por último, el área de la stoa porticada y el propilón es la más deteriorada con diferencia,  no habiéndose conservado más que las bases de los muros y los pedestales de las columnas (foto 27 y foto 25, delante).

Antiguas tiendas localizadas
Foto 29.- Antiguas tiendas localizadas en el ágora de Nisa.

Contiguo a las ruinas del bouleterion ha sido exhumado un tramo de la plateia de la ciudad (la calle principal). Destaca su considerable anchura, los restos de enlosado –muy bien cortado—que presenta y sus aceras otrora porticadas, conservándose los pedestales y fragmentos de algunas columnas (foto 28). Siguiéndola hacia el sur la milenaria calzada nos conduce hasta las ruinas del ágora de Nisa (punto 1 del plano), nombrada “foro” –palabra romana—en el texto de Estrabón. Han sido parcialmente excavadas, concentrándose las labores arqueológicas en sus frentes septentrional y oriental. En el primero de éstos ha aparecido una sucesión de dependencias abovedadas (foto 29) con evidente aspecto de tiendas, función ésta plenamente concordante con su ubicación en al ágora. Por su parte el frente oriental ha revelado los restos de una stoa porticada de muy cuidada factura (foto 30), toda ella ejecutada en mármol, con dos hileras de columnas de orden jónico razonablemente bien preservadas hasta el punto de que ha sido posible su recolocación in situ. El enlosado del ágora parece estar bien conservado debajo de la capa de tierra que lo cubre, asomando en puntos como el de la foto 31 donde se excavara un poco más al objeto de exhumar el pequeño altar que vemos en la fotografía.

La Stoa porticada
Foto 30.- La Stoa porticada del Ágora de Nisa.

El ocaso del día, anunciado por un sol desfalleciente desde hace ya un cuarto de hora, nos indica que la visita a Nisa ha terminado. Cierto es que nos ha dado tiempo a verlo todo, incluso vamos a poder enfilar el camino de vuelta con la luz suficiente para deleitarnos un poco más con tan espléndido vestigio del pasado clásico de nuestra Civilización. De vuelta en nuestro vehículo, conducimos camino del aeropuerto de Izmir y del final de nuestro viaje. Han sido diez días intensos, plenos, con sus complicaciones, sus alegrías, sus cansancios, sus descubrimientos, sus sorpresas... Sin lugar a dudas dejarán un recuerdo imborrable en nuestra memoria. Y es que Asia Menor, la gran Asia Menor, no se merece menos. Hasta el año que viene mágica tierra…

Altar situado en las inmediaciones de la anterior stoa,
Foto 31.- Altar situado en las inmediaciones de la anterior stoa, observándose también parte del enlosado de la plaza central del ágora nisena.