sábado, 12 de noviembre de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 10, 2ª Parte. Antiochia ad Maeandrum.

Tras dejar Laodicea conducimos hasta las inmediaciones de Denizli, la capital provincial, tomando ahí la carretera D-320 en dirección oeste. Avanzamos a buen ritmo por dicha vía, heredera de la importantísima calzada que, con cabecera en Éfeso, se adentraba en el interior de Anatolia, pasando por Laodicea ad Lycum (lo vimos en el post anterior), camino de Siria, del Éufrates y, más allá, de las remotas tierras del interior de Asia. Hoy en día la antigua ruta no tiene tanta importancia como antaño si bien continua siendo una vía relevante, con dos carriles en cada dirección, bastante cómoda por tanto de transitar.

Nuestro siguiente hito es la antigua ciudad de Antioquía del Meandro, que fuera fundada como Antiocheia y llamada Antiochia ad Maeandrum en tiempos del Imperio romano. Para llegar a él hay que salirse de la D-320 en el desvío que lleva a la localidad de Kuyucak, a unos 65 kilómetros de Denizli y seguir las poco claras indicaciones que hay por allí. No obstante hay que advertir que dichas indicaciones son totalmente insuficientes para localizar el yacimiento: localizado en la cumbre de una monótona colina perdida en el interior de una zona despoblada así como cubierta de arboleda poco espesa. Si nosotros lo conseguimos es porque tenemos bastante desarrollado el olfato arqueológico, de lo contrario nos lo hubiéramos pasado con toda seguridad. Quien quiera saber la manera exacta de llegar que nos lo diga e intentaremos ayudarlo.

Se trata de un asentamiento muy poco conocido, tanto por estar totalmente sin excavar como por no figurar apenas en las crónicas clásicas. Sabemos que fue fundada por el monarca seleúcida Antíoco I (281-261 a.C.), quien la puso su nombre y el de su madre (Antíoca). Estéfano de Bizancio cuenta que no fue una fundación exnovo ya que en el lugar ya existía una ciudad llamada Pithópolis. Plinio el Viejo relata lo mismo aunque cambiando este último nombre por Cranaos. 

Geográficamente era una ciudad de Caria aunque próxima a la frontera con Frigia. Prosperó razonablemente gracias a su ubicación en el curso medio del río Meandro, muy pocos kilómetros al sur de la anteriormente mencionada ruta Este – Oeste que comunicaba Éfeso (y el Egeo) con el interior de Asia Menor y el resto del oriente mediterráneo. También le vino muy bien la gran fertilidad de la comarca circundante (bien regada por las aguas del Meandro y de su afluente el Orsino) y el hecho de que fuera construido en sus inmediaciones un puente sobre el Meandro: muy utilizado durante los largos siglos en que se alzara en pie y que por tanto atraía a la ciudad toda clase de comerciantes, funcionarios imperiales, militares, artesanos y demás usuarios. 

En el año 189 a.C. el cónsul romano Cneo Manlio Vulsón pasó por la ciudad, camino del este, en el marco de su campaña contra los pueblos gálatas del interior de Anatolia narrada por el historiador Tito Livio.

paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval

paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval

paramentos de mampostería correspondientes a la muralla

Antiochia ad Maeandrum
Fotos 1, 2, 3 y 4.- Diferentes paramentos de mampostería correspondientes a la muralla medieval de Antioquía del Meandro.

El geógrafo e historiador griego Estrabón (65 a.C. – 24 d.C.) describe a Antioquía como una ciudad de “mediano tamaño”, poseedora de un dilatado territorio extendido por ambas orillas del río Meandro donde se producía una variedad de higos especialmente sabrosa conocida como “antioquena”. También cita al puente sobre el río, prueba de que ya estaba construido a comienzos del siglo I d.C., y al filósofo Diotrefes, maestro del retórico Hibreas, el más importante de su tiempo, como nacido en la ciudad una generación atrás. 

Restos del foso que otrora poseyera la muralla de la ciudad medieval.
Foto 5.- Restos del foso que otrora poseyera la muralla de la ciudad medieval.

Un antioqueno famoso no por su vida, que nos es desconocida, sino por la universalidad de una de sus obras es el escultor Alejandro de Antioquía. El hallazgo en 2003 de un pedestal con su nombre, identificándolo como el autor de la estatua que sobre aquél se alzaba lo catapultó a la primera página de las revistas científicas del momento. Y es que esa estatua no era otra que la celebérrima Venus de Milo, considerada la más perfecta estatua de la antigüedad clásica que ha llegado hasta nuestros tiempos. 

Trajano visitó Antioquía a comienzos del año 113, camino de la frontera oriental del Imperio donde había de atacar a los partos del rey Osroes. Es la única visita imperial recibida por la ciudad que tengamos constancia. Más o menos por esta fecha la ciudad alcanzaba el cénit de su esplendor. Recuerdo de aquellos tiempos son las acuñaciones numismáticas labradas en Antioquía, las cuales se extendieron, con considerables hiatos, desde el reinado de Augusto hasta el de Galieno. Exclusivamente bronces, son emisiones caracterizadas por su tosco diseño aunque hay excepciones francamente vistosas. Hoy en día los tipos comunes de la ceca resultan algo escasos lo que indica que sus volúmenes de acuñación nunca fueron muy elevados, aspecto éste coherente con los moderados tamaño y prosperidad de la ciudad. En la siguiente figura (fig. 1) podemos contemplar cuatro interesantes monedas acuñadas en Antioquía. La primera (arriba-izquierda) es un AE15 a nombre de Lucio Vero, con una figura masculina no identificada en reverso, el cual luce el peculiar estilo tosco de las emisiones antioquenas “convencionales”. La segunda (arriba-derecha) corresponde a una de las primeras acuñaciones de la ciudad, con Augusto en anverso y su mujer Livia en reverso. La tercera (abajo-izquierda) es un magnífico AE35 acuñado a nombre de Gordiano III el cual representa un templo tetraestilo en el reverso con la Fortuna (Tiqué) en su interior. Este templo aparece en otras emisiones de la ciudad lo que indica que debió existir realmente. La cuarta (abajo-derecha) es un AE31 acuñado entre el 150 y el 250 d.C.  donde aparece el busto de Antioco I, el fundador de la ciudad, en el anverso.

Monedas de bronce acuñadas en Antioquía del Meandro
Figura 1.- Monedas de bronce acuñadas en Antioquía del Meandro entre el siglo I y el III d.C.

Pero si estas emisiones resultan ciertamente atractivas palidecen en comparación con las emisiones más interesantes por excelencia de Antioquía: aquéllas en cuyo reverso aparece representado el orgullo, el motor económico y la joya arquitectónica de la ciudad, todo en uno: el puente sobre el río Meandro. Como vemos en los preciosos ejemplares de la figura 2 (el de la izquierda de tiempos de Galieno, el de la derecha a nombre de Trajano Decio) se trataba de un puente de sillería, con seis arcos de medio punto y barandilla en forma de reja metálica (esto se aprecia claramente en la moneda de Decio). En uno de sus arranques había un arco conmemorativo con un gran vano central y dos laterales menores: algo muy típico de las obras pontificias romanas de mejor factura, lo que nos indica que este puente era una de ellas, razón por la que la ciudad estaba tan orgullosa de él como para dedicarle estas soberbias piezas de 32 mm de diámetro. La figura principal que aparece recostada sobre el tablero del puente es una alegoría del río Meandro en forma de dios fluvial.

acuñadas en Antioquía del Meandro
Figura 2.- Bronces antioquenos con el puente sobre el río Meandro representado en el reverso.

Lo ignoramos prácticamente todo acerca del devenir de la ciudad durante los siglos tardoimperiales y bizantinos tempranos. Conocemos los nombres de algunos de sus obispos: Eusebio (325 d.C.), Dionisio (451), Georgio (692) y Teófanes (879). Su mera existencia indica que la ciudad no sólo no desapareció prontamente sino que conservó, a lo largo de los siglos, el pulso urbano suficiente como para retener la condición de sede episcopal activa.

La siguiente aparición en la historia de Antioquía del Meandro nos lleva hasta el año 1211 cuando un ejército invasor turco es derrotado por los bizantinos del imperio de Nicea en las cercanías de la ciudad, resultando muerto el sultán selyúcida en la batalla. La victoria permitió asegurar provisionalmente el flanco oriental del imperio griego mas, no contentos con ello, desde Nicea se intentó prevenir futuras incursiones ordenando fortificar las principales rutas de penetración hacia la costa del Egeo desde la meseta central de Anatolia: gobernada por el poderoso sultanato selyúcida del Rum. La gran plaza fuerte de Tripolis ad Maeandrum, ya conocida por el seguidor de este blog, fue la encargada de custodiar la calzada del norte que pasando por Sardis conducía hasta el gran puerto de Esmirna. En cuanto a la calzada del sur, la que conducía a Éfeso, fue protegida por  una segunda ciudad fortificada erigida en la mitad oriental del emplazamiento de Antioquía del Meandro. No sabemos si la ciudad seguía habitada o no en este momento. Es posible que sí, si bien con un pulso urbano muy degradado. El caso es que a partir de ese momento, y durante el tiempo que la nueva fortaleza retuvo el carácter de baluarte de Nicea frente al expansionismo turco, Antioquía estuvo poblada y guarnecida, no faltando dineros, víveres, hombres ni armas. Arrolladas las defensas bizantinas a comienzos del siglo XIV la gran fortaleza, ya sin valor estratégico, será abandonada y con ella Antioquía, ésta vez para siempre. Aquél fue el fin de la muchas veces centenaria ciudad…

Antiochia ad Maeandrum

Muralla Meridional del castillo medieval
Fotos 6 y 7.- Muralla Meridional del castillo medieval de Antioquía del Meandro.

Aparcamos el coche en un hueco al lado de la carretera, allá en la base de cierta colina llamada Yeniser en lengua turca, solar de la antigua Antioquía del Meandro. La subida hay que hacerla campo a través, directamente por la ladera de la colina. No resulta difícil pues la arboleda es poco espesa pero sí un poco exigente desde el punto de vista físico.

Detalle del aparejo de mampostería, típicamente plenomedieval,
Foto 8.- Detalle del aparejo de mampostería, típicamente plenomedieval, empleado en la fábrica del castillo de Antioquía.

Lo primero que encontramos, algunos metros por debajo de coronar la falda de la colina, son los restos, bastante arruinados, de una muralla de mampostería aglomerada con mortero de cal. Su factura medieval es evidente; por más que intentamos distinguir alguna huella helenística o romana en ella no encontramos absolutamente nada. Un estudio posterior de los restos nos permitió deducir que se trataba de los restos de la muralla de la ciudad medieval. Las fotos 1, 2, 3 y 4 corresponden a otros tantos paramentos de esta obra defensiva. Al parecer disponía de un foso, razonablemente reconocible en el sector de la foto 5.

La muralla meridional del castillo con los restos del foso delante de ella.
Foto 9.- La muralla meridional del castillo con los restos del foso delante de ella.

Alcanzada la cumbre de la colina se alza ante nosotros un potente muro de idéntica factura, si acaso algo más cuidada, a los que acabamos de ver (fotos 6 y 7). Su pertenencia a un mismo plan constructivo es obvia. Está bien conservado, lo que permite confirmar sin lugar a dudas su factura medieval basándonos en el tipo de mampostería --tosca, con profusión de ripios de ladrillo-- y mortero --relativamente pobre en cal-- utilizados (foto 8). Tuvo su propio foso, evidente en la foto 9.

Antiochia ad Maeandrum

Dos vistas de la muralla occidental del
Fotos 10 y 11.- Dos vistas de la muralla occidental del castillo de Antioquía.

El muro gira casi perpendicularmente hacia el norte (fotos 10 y 11). A estas alturas no cabe duda que lo que estamos viendo es un castillo, similar a muchos de los que pueblan la geografía española. De ser español habría que datarlo, por su tipología, en el pleno Medioevo –siglos XII y XIII--. Al parecer sucede lo mismo en lo que a la castellología bizantina se refiere, ya que se trata de la fortaleza principal de la ciudad amurallada erigida en la primera mitad del siglo XIII por el imperio de Nicea. En realidad esta semejanza tampoco es algo que deba sorprender al entendido ya que el diseño castral en los reinos cristianos peninsulares plenomedievales estaba muy influenciado por las tipologías de las fortificaciones andalusíes contemporáneas y anteriores, las cuales a su vez tomaron sus modelos de las fortificaciones bizantinas del norte de África y éstas de sus compatriotas de Asia Menor y oriente próximo. El paralelismo resultante es, por tanto, completamente coherente e incluso esperable.


Elementos mitad estructurales, mitad defensivos del castillo.
Fotos 12 y 13.- Elementos mitad estructurales, mitad defensivos del castillo. Arriba, retranqueo en el muro a fin de generar una pseudo-torre, abajo curva en el muralla con idéntico objetivo.

Nuestro castillo parece tener planta cuadrada. Posee unos muros bastante gruesos y de sólida factura, motivo de que hayan perdurado en aceptable buen estado a pesar de llevar abandonados cientos de años. El gran muro que hemos descrito en los párrafos anteriores corresponde en realidad con el primer recinto o recinto externo del castillo. No parece conservar restos de elementos de flanqueo mayores, tipo torres o cubos, sólo se observan algún que otro retranqueo (foto 12) y paramento curvo (foto 13) más de tipo estructural que otra cosa, en nuestra opinión, pero que habría podido ser utilizado también como elemento de flanqueo.

Frente oriental del castillo de Antioquía.
Foto 14.- Frente oriental del castillo de Antioquía. Abajo, el recinto externo, arriba el interno.
   
El segundo recinto o recinto interno (también llamado recinto principal) se encuentra en buen estado de conservación: muy enterrado pero bastante intacto debajo de la potente capa de tierra y escombros. Como obligan las leyes de la castellología se alza hasta una altura bastante mayor que la del externo a fin de dominarlo tácticamente. El espacio entre ambos, denominado liza, es bastante estrecho y hoy en día se encuentra totalmente colmatado por los escombros producto de los derrumbes. En la foto 14 podemos apreciar, abajo, el recinto externo y, arriba, bastante soterrado pero aún reconocible, el interno. 

 Ruinas de una de las torres de flanqueo
Foto 15.- Ruinas de una de las torres de flanqueo que protegían el recinto interno del castillo.

Este recinto interno sí dispuso de torres de flanqueo: a intervalos regulares en los tramos del cuadrado y en las esquinas. Las primeras se encuentran bastante derrumbadas y/o soterradas hasta el punto de que si advertimos su presencia es por el ejemplar de la foto 15 (visible también en la foto 14): no muy bien preservado pero fácilmente reconocible. En cuanto a las torres esquineras, la de la esquina Noroeste fue sin duda un poderoso bastión, poseyendo todavía una buena porción de su pretérito empaque. La podemos ver en la foto 16, a la derecha, vigilando de cerca el frente septentrional del recinto interno (izquierda de la foto). En su base, reutilizados en una esquina, se hallan algunas piezas de mármol de clara factura clásica, incluido un poderoso sillar. La vieja Antioquía del Meandro dejó su huella, de alguna manera, en su sucesora medieval.

Torreón de gran tamaño localizado en la esquina NO del castillo.
Foto 16.- Torreón de gran tamaño localizado en la esquina NO del castillo.

La muralla del recinto interno asoma tímidamente por encima de los escombros (foto 17). Lo suficiente para notar que está bastante bien conservada. Su interior se encuentra ocupado por algunos restos de edificaciones semiocultos bajo el abigarrado caos de cascotes que lo ocupa todo (foto 18). Destacan las ruinas de una dependencia otrora abovedada (conserva breves restos de la bóveda) que posiblemente hizo las veces de almacén de la fortaleza (foto 19).

La muralla del recinto interno sobresaliendo
Foto 17.- La muralla del recinto interno sobresaliendo de entre los escombros a pocos metros del torreón de la foto anterior.

Tras visitar el castillo paseamos un rato por la cumbre aneja en pos de los restos que pudieran quedar de la Antioquía del Meandro clásica. Es un lugar difícil de explorar ya que está por doquier salpicado de montículos (restos de estructuras derrumbadas y enterradas) y un infinito número de cascotes. Al cabo, nos rendimos sin haber encontrado todavía nada aunque nos consta que se conservan los restos de un teatro y un estadio muy degradados, algún escueto muro de sillería y poco más. Según los relatos de los viajeros en el siglo XIX todavía podían verse bastantes vestigios de la Antioquía clásica pero lo que es hoy muy poco por no decir nada. Está claro que hace falta una buena intervención arqueológica en este yacimiento.

Interior del recinto interno del castillo,
Foto 18.- Interior del recinto interno del castillo, cubierto de cascotes y algunos restos de dependencias.

Retornamos tranquilamente al coche descendiendo por la falda de la colina. Atrás queda la vieja fortaleza bizantina custodiando la ciudad muerta. El silencio, roto solamente muy de tarde en tarde, ha vuelto a adueñarse de Antioquía de Meandro…

Ruinas de una dependencia abovedada,
Foto 19.- Ruinas de una dependencia abovedada, probable almacén, localizada en el interior del recinto interno.