miércoles, 14 de diciembre de 2011

Las Monedas de Ercávica.

A la hora de estudiar el numerario ercavicense es preciso distinguir las monedas con tipología ibérica de las acuñadas según parámetros y estilo plenamente romanizados.


Cronológicamente hablando y tal y como sucede siempre en las cecas hispanas, las emisiones con métrica e iconografía celtibéricas son las más antiguas. Debemos considerar, dada las evidencias proporcionadas por las excavaciones acerca de la fundación augustea de la ciudad en su emplazamiento del cerro del Castro de Santaver (ver entrada anterior para más datos), que las emisiones celtibéricas de Ercávica fueron acuñadas en el emplazamiento primitivo de la ciudad, localizado en el paraje conocido como la Muela de Alcocer, seis kilómetros río Guadiela arriba.


Considerablemente breves tanto en cantidad como en espacio temporal, las acuñaciones celtibéricas ercavicences se reducen a dos emisiones de ases (unidades) si bien Leandre Villaronga, en su excelente Corpvs, nos habla acerca de la posible existencia de un semis o mitad.


La primera emisión podemos datarla de forma algo imprecisa en el segundo cuarto del siglo II a.C. Presenta un estilo bastante peculiar, de fuerte gusto indígena, similar al de otras emisiones de idéntica cronología y relativa proximidad. Su considerable tamaño también apunta en la dirección de una datación temprana, obteniendo una media aritmética de 27,5 milímetros de diámetro por 13,5 gramos de peso. En cuanto a sus motivos, encontramos el reverso clásico del jinete lancero con casco y penacho cabalgando a derecha por debajo del cual se observa, sobre línea de exergo, la leyenda de ceca egKuiK, esto es Erkauika en caracteres ibéricos del noreste. El anverso sigue también los patrones clásicos de las monedas de su tiempo y coordenadas geográficas con busto viril a derecha (de muy peculiar estilo) con torque al cuello; arado detrás, delfín delante y letras ibéricas ER también delante así como debajo del citado delfín.

La segunda emisión (datada en el último tercio del siglo II a.C.) es tipológicamente muy similar a la primera, de la que constituye una clara continuación. Su principal rasgo diferenciador es un diámetro y peso significativamente inferiores (24,5 milímetros y 10,4 gramos de media), lo que indica que la ceca sufrió la habitual devaluación inflacionista propia de la numismática ibérica. Esta reducción en el módulo representa por sí sola un argumento definitivo para otorgar a esta emisión una cronología más tardía, si bien podemos enunciar algún otro como el estilo de la emisión: menos indígena así como muy próximo a otras acuñaciones coetáneas (último tercio del siglo II a.C.) También presenta el distintivo adicional, tal vez el más sencillo de reconocer a simple de vista, de no lucir el delfín en el anverso, delante del busto masculino. El ejemplar de la fotografía siguiente pertenece a esta segunda emisión (que dicho sea de paso es algo más abundante que la primera emisión lo que parece indicar un mayor volumen de acuñaciones).



Centrándonos ahora en las emisiones romanizadas de Ercávica, cuya ceca estaría ubicada sin duda alguna en algún lugar del actual yacimiento del cerro del Castro de Santaver, resulta obligado mencionar en primer lugar la completa monografía intitulada “la Ceca de Ercávica”, escrita por Doña Mariví Gomis Justo y publicada por la Asociación Numismática Española (1997). Ni que decir tiene que a día de hoy ésta es, con mucha diferencia, la obra de referencia acerca de la célebre ceca conquense.

Como dijimos en la entrada anterior de este blog, los historiadores coinciden en datar en el reinado de Augusto el ascenso de Ercávica a la categoría de municipio. Entre los variados privilegios que esta distinción conllevaba se encontraba el de acuñar moneda, previa concesión del permiso respectivo por parte de la autoridad romana correspondiente.

La mayoría de los autores han propuesto la acuñación de la primera emisión romanizada de Ercávica como una suerte de “celebración” por el recién adquirido estatus, afinando todavía más la fecha de emisión en el bienio 15-14 a.C. con ocasión de la estancia de Augusto en la península (primero en el frente cántabro y luego en Tarraco, capital de la provincia citerior a la que pertenecía administrativamente la ciudad de Ercávica). Incluso pudiera tratarse de una emisión de tipo fundacional si es que el traslado desde la Ercávica celtibérica se produjo más bruscamente de lo que en principio parece razonable.

Esta primera emisión, consistente en ases y semis, se caracteriza por su alto volumen de acuñación, muy especialmente en el caso de los ases (el semis es mucho menos corriente). En efecto, para el caso concreto del As, Gomis Justo señala hasta 106 cuños diferentes de anverso (102 conocidos y 4 desconocidos) por 142 de reverso (102 conocidos y 40 desconocidos). A una media de 20000 - 30000 ejemplares por cuño (cifras propuestas por algunos autores para una emisión de estas características) nos está hablando de unos volúmenes totales de acuñación entre 2 y 3 millones de piezas. Muy elevados como se ve, comparables incluso al de muchas emisiones de una época tan avanzada como el siglo XX. Como forzosamente, a juzgar por el número de monedas conservadas, esta primera emisión, aunque de gran tamaño, no pudo serlo tanto, se debe concluir que los operarios de la ceca de Ercávica sacaron, por unos motivos u otros, poco rendimiento a los cuños que elaboraron, habiendo de desecharlos por rotura o desgaste mucho antes de haber alcanzado esas 20000-30000 piezas que citábamos. El hecho de que se desconozca un porcentaje bastante elevado de cuños de reverso (a la sazón, el cuño más vulnerable al ser el móvil y por tanto absorber la mayor parte de la fuerza del martillazo) en relación a los identificados es una buena prueba de ello: al haber tenido que ser desechados cuando habían acuñado muy pocas piezas, las leyes probabilísticas del azar han impedido que llegue ninguna de esas pocas piezas hasta nuestros días de ahí que desconozcamos el cuño aunque podamos estar seguros de su existencia tras estudiar la secuencia de cuños.

En el caso del semis, que ya apuntamos es mucho más escaso que el as, sólo se han identificado 9 cuños de anverso y otros tantos de reverso, desconociéndose entre 1 y 2 más por cada cara de la moneda. Aunque ésta diferencia de volumen de acuñación entre ases y semises es mucho más grande de lo normal, resulta habitual que la acuñación de unidades sea siempre considerablemente mayor que la de divisores dada la mucha mayor proyección económica de la moneda mayor (la cual solía ser aceptada fuera del área de influencia de la ciudad) en relación a la menor, que normalmente solía restringirse a la circulación local pues no era aceptada más allá del área de influencia de la ceca en cuestión.

Estilísticamente e iconográficamente semis y unidades resultan prácticamente idénticos, diferenciándose tan sólo, como es natural, en el plano metrológico. Así en el anverso se muestra un busto laureado del emperador Augusto mirando a derecha aunque existe cierta variante, más escasa, en que mira a izquierda. La leyenda DIVI F AVGVSTVS contracción de DIVI FILIVS AVGVSTVS (Augusto, el Hijo del Divino –alusión a Julio César-) completa este anverso: la palabra AVGVSTVS siempre delante del busto y el resto de la leyenda detrás. En cuanto al reverso luce un poderoso toro pasante a derecha, de gran corpulencia y majestuosidad, las más de las veces dibujado con muy buen arte. Por encima del toro leemos la sílaba MVN, contracción de MVNICIPIVM (alusión al rango jurídico de la ciudad, algo muy importante en el sistema jerárquico romano), por debajo, bajo línea de exergo, la palabra ERCAVICA, a la sazón el nombre de la ceca. Existen, en lo que a ases se refiere, muchas variantes del toro de reverso, casi tantas como cuños hay. No obstante, a fin de simplificar el asunto, podemos dividirlas en dos tipos básicos: la de rabo recto (con dos subvariantes de toro grande y toro pequeño) y la de rabo curvo. A juzgar por la evolución de la secuencia de cuños, la serie de rabo recto es anterior a la de rabo curvo, repartiéndose entre ambas los cuños conocidos en una proporción cercana al 50%.

Las siguientes fotografías pertenecen a ases de la primera emisión de la Ercávica romana o romanizada. El primero es un hermoso ejemplar del tipo Rabo Recto – Toro Grande, el segundo correspondería al tipo Rabo Recto – Toro Pequeño. En cuanto a los seis siguientes son magníficos ejemplos del tipo Rabo Curvo, unos de mejor arte que otros en función no ya sólo del estado de conservación sino también de la pericia del artesano responsable del cuño en cuestión.
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Muerto Augusto en el año 14 d.C. asciende al poder su hijo adoptivo Tiberio. Las acuñaciones de Ercávica, como es natural, reflejaron convenientemente esta sucesión. Nuevamente el taller ercavicense producirá ases y semises, los primeros en mayor número que los segundos si bien en una proporción mucho más equilibrada que la de la emisión precedente.


Aunque se sigue produciendo un desajuste bastante grande entre los cuños conocidos y los teóricos en el caso del reverso, lo cierto es que Gomis Justo concluye en su monografía que los operarios del taller de Ercávica se las apañaron para sacarle un mayor rendimiento a sus cuños durante el reinado de Tiberio. Por otra parte, es evidente que esta primera emisión fue mucho menor que la segunda, algo fácilmente explicable por el gran tamaño de aquélla, lo cual alejó definitivamente el fantasma del desabastecimiento monetal, haciendo innecesaria una nueva amonedación masiva.


Iconográficamente los tipos de esta emisión son bastante diferentes a los de la emisión anterior, pudiendo encuadrarse sin problema en la línea de las emisiones coetáneas de las cecas más o menos cercanas, todas ellas ciudades de rango municipal e incluso colonial.

En el anverso de los ases aparece el busto laureado de Tiberio a derecha, con rasgos juveniles, característica esta última prácticamente universal en las acuñaciones hispánicas a nombre de este emperador. Rodeándolo se observa la leyenda típica tiberina: TI CAESAR DIVI AVGVSTI F AVGVSTVS, contracción de TIBERIVS CAESAR DIVI AVGVSTI FILIVS AVGVSTVS, traducible como Tiberio César, Hijo del Divino Augusto, Augusto (éste último Augusto se debe entender no como el nombre propio que caracterizara al emperador Octaviano sino como un título, no siendo totalmente incorrecta al menos desde el punto de vista conceptual su traducción por “Emperador”).

En cuanto al reverso, se sigue conservando el toro pasante a derecha (eso sí, mitrado, a diferencia del toro augusteo así como siguiendo la línea de las acuñaciones coetáneas de cecas cercanas). El icónico animal se sigue representando con claridad no exenta de orgullo si bien carente de la arrogancia propia de la emisión previa. Sobre éste, la leyenda MVN ERCAVICA (en ocasiones reducida a un escueto MVN ERCA) nos recuerda la ciudad artífice de la acuñación. Concentrándonos ahora en las diferencias con la emisión anterior de época de Augusto, debemos citar la aparición por primera vez en las acuñaciones ercavicences de los dos magistrados monetales (en algunas cecas no muy lejanas como Bílbilis o Caesaraugusta figuraban los magistrados monetales ya en las monedas augusteas). Dichos magistrados, también denominados duumviros --de ahí el término II VIR—, se llamaron Cayo Cornelio Floro y Lucio Caelio Alagre a la sazón representados en la moneda que nos ocupa por la leyenda contraída: II VIR C. COR. FLORO L. CAEL. ALAGRE. El ejemplar de la siguiente fotografía es un ejemplo de As de Ercávica a nombre de Tiberio.
Acuñados en tirada reducida, similar a juzgar por el número de cuños conocidos (8 por cada cara) al del semis augusteo, el semis de Tiberio es una moneda muy demandada por los coleccionistas en razón de su gran atractivo visual. El anverso luce un busto similar al del as, laureado a derecha, flanqueado por una leyenda algo más breve: TI CAESAR AVGVSTVS. Pero es sin duda el reverso la parte más interesante de la moneda con la leyenda ERCAVICA en letras muy grandes, dispuesta en dos líneas en el centro del campo monetal y rodeada por una corona votiva de hojas muy gruesas, todo lo cual compone un conjunto francamente vistoso dentro de su simplicidad como rara vez se alcanza a ver en la numismática hispanorromana.

El reinado de Calígula (36 a 41 d.C.) cerrará las acuñaciones ercavicences. No obstante se trata de un broche de oro pues no en vano será ahora cuando describamos alguna que otra moneda del mayor interés numismático.

Las emisiones a nombre de Calígula se dividen en dos grupos: las del año 37 y las del año 38 y posteriores. El primer grupo corresponde únicamente a ases, el segundo incluye ases, semis y sestercios. El motivo de tal diferenciación se debe a las letras de la leyenda de anverso P P, diminutivo de Pater Patriae (Padre de la Patria) las cuales sólo aparecen en las monedas del segundo grupo. Como quiera que al emperador Calígula no le fue concedido ese título hasta el año 38 d.C., es lógico suponer que las monedas que no lo indican son anteriores a ese año y las que lo llevan de ese año o posteriores.

Los ases del primer grupo son en todo similares a los de las acuñaciones de Tiberio, con idéntica tipología aunque con los correspondientes cambios en las leyendas y el busto de anverso que ya no es el de Tiberio sino el más juvenil de Calígula. La leyenda de anverso es C CAESAR AVG GERMANICVS AVGVSTVS, contracción de CAIVS CAESAR AVGVSTVS GERMANICVS AVGVSTVS (el nombre real del emperador era Cayo Germánico siendo Calígula un apodo). Por su parte la leyenda de reverso es II VIR C. TER. SVRA L. LIC. GRACILE (existe una variante con leyenda IIII VIR), identificando a los magistrados monetales del momento: Cayo Terencio Sura y Lucio Licinio Gracile. La siguiente fotografía corresponde a un precioso ejemplar de este primer grupo.


Los ases del segundo grupo poseen reversos idénticos a los del primer grupo. La diferencia se encuentra en el anverso donde el busto mira a la izquierda, siendo la leyenda ligeramente diferente: C CAESAR AVG GERMANICVS P P. Este tipo de as es algo más escaso que el del primer grupo sobre todo en conservaciones elevadas. Sea como sea, el volumen de acuñaciones a nombre de Calígula es bastante menor que las a nombre de Tiberio (19 cuños de anverso –2 desconocidos—y 24 cuños de reverso –7 desconocidos--) y desde luego mucho menor que las a nombre de Augusto.

Existe otro modelo de as del segundo grupo que Gomis Justo califica de dupondio en su monografía pero que, probablemente atendiendo a criterios metrológicos, figura como as en las obras de los principales numismáticos como F. Álvarez Burgos y A. M. Guadán. Personalmente me inclino por esta última opción ya que el peso y diámetro de estas monedas es similar al de los ases tanto del primero como del segundo grupo, de manera que no veo razón para calificarlos de dupondios que como se sabe es un múltiplo (concretamente el doble) del as. Moneda muy escasa (apenas se conocen cuatro cuños de cada cara), presenta un anverso idéntico al del otro as del segundo grupo. El reverso, por el contrario, es muy diferente a la par que atractivo, encontrándose la leyenda MVN ERCAVICA en tres líneas dentro de corona votiva en el centro del campo, todo ello rodeado por la leyenda II VIR C. TER. SVRA L. LIC. GRACILE común a los tres ases a nombre de Calígula que hay.


El semis del segundo grupo es similar al tiberino (incluso en volumen de acuñación: 9 cuños conocidos por cada cara) aunque ciertamente menos espectacular. Presenta en anverso busto laureado de Calígula a derecha, flanqueado por la leyenda abreviada C CAESAR AVG P P. En el reverso, obviamente inspirado en la moneda anteriormente descrita, se lee la leyenda MVN ERCAV en dos líneas  (centro del campo) rodeada por una línea circular alrededor de la cual se dispone la leyenda: II VIR TER. SVRA L. LIC. GRACILE (como se ve se trata de la leyenda habitual ligeramente reducida al suprimir la abreviatura del praenomen del magistrado Cayo Terencio Sura). La siguiente fotografía presenta un ejemplar bastante completo de este escaso tipo.
Cerraremos esta entrada describiendo una de las monedas más interesantes, por lo insólita, de la numismática hispanorromana: el sestercio de Ercávica. Se trata de una moneda rarísima, de la cual apenas se conocen un par de ejemplares, correspondientes a un par de cuños distintos tanto de anverso como de reverso. Se la califica de insólita no precisamente por su originalidad sino todo lo contrario: la moneda es una copia prácticamente exacta de cierto sestercio de Calígula acuñado en Roma en el bienio 37-38, con el emperador mirando a izquierda y sus hermanas Agripina, Drusila y Julia en el reverso (se ven las figuras así como los nombres de las princesas imperiales) así como la fórmula convencional S C (Senato Consulto) en la zona del exergo (ver la foto siguiente para admirar un excelente ejemplar de esta moneda). Pues bien, la única diferencia entre esta moneda y el sestercio ercavicense es que en ésta última aparece sustituido el término S C por la leyenda de ceca MVN ERCAVI. Al igual que la moneda romana, la ercavicense está acuñada en oricalco, lo cual indica que, en efecto, las autoridades de la ciudad hispana tenían intención de acuñar un sestercio, moneda que debía ser acuñada por ley en esta aleación (muy similar al latón actual), más valiosa que el bronce.

Se ignora totalmente porque la ceca de Ercávica no ideó su propio diseño para el sestercio local al estilo de lo realizado en el resto de cecas hispanas que acuñaron este múltiplo. ¿Tal vez una forma de honrar a la familia imperial relacionada con el culto al emperador?, ¿se trataba quizás de una tipo monetal especialmente del gusto del emperador? Posiblemente vaya por ahí la explicación al enigma. Lo que sí es seguro es que durante mucho tiempo sólo se conoció un ejemplar de esta moneda, lo que llevó a más de un estudioso a considerarlo un fraude producto de una adulteración moderna de un sestercio de Calígula normal. Sin embargo el hallazgo reciente durante las excavaciones del yacimiento de Tiermes (Soria), la romana Termes, de un segundo sestercio con la variante MVN ERCAVI (de un cuño diferente al existente) ha servido para eliminar cualquier posible recelo y reconocer que, efectivamente, la ciudad de Ercávica acuñó un sestercio de lo más inusual por una razón que sólo ella conocía.