sábado, 6 de febrero de 2016

Descubriendo Asia Menor. Día 2. Nicea.

Iznik-Nicea amanece bajo un cielo plomizo que amenaza lluvia. El gris de las nubes se contagia a las aguas del lago Ascania, cuya superficie rizada por pequeñas olas genera un rumor sordo y agradable. Este lago, hoy en día también llamado Iznik, aparece mencionado con relativa frecuencia en las crónicas antiguas. Ciertamente es muy grande y majestuoso. Su horizonte se extiende ininterrumpido hacia el oeste sin que se pueda divisar tierra, al norte y al sur sí se divisa la línea de costa pero a muy cumplida distancia. Sobre sus aguas revolotean grandes bandadas de aves. Realmente se asemeja a un océano en miniatura (foto 1). Desde luego resulta comprensible que este accidente natural no haya pasado nunca desapercibido.

Foto 1.- Vista del lago Ascania, actualmente conocido como lago Iznik.

Junto al hotel donde nos hemos alojado, muy cercano al lago, se alzan las ruinas de un par de torres de la muralla romana de Nicea y del paredón que las unía (foto 2). En el pasado se alzaba por aquí una de las puertas de la muralla –así lo recuerda un cartel—, de la cual no quedan hoy en día más que unos pocos sillares in situ. 

Foto 2.- Ruinas de la muralla romana en las inmediaciones de la puerta septentrional del recinto. Destacar la torre cuadrada al fondo.

Tomamos una de las calles que, desde el lago, se dirigen al centro de Iznik. La antigua articulación ortogonal de la ciudad, típicamente helenística y romana, se aprecia claramente en la disposición actual de las calles, la gran mayoría de las cuales se entrecruzan en ángulo recto. 

Foto 3.- Santa Sofía (Hagia Sofia o Aya Sofya) de Nicea.

Nos llama la atención la presencia de perros de gran tamaño por todas partes. Son perros callejeros: delgados pero sin mal aspecto. Muchos caminan solitarios, otros formando pequeñas manadas. Ninguno se comporta de forma agresiva ni amenazadora; evitan a los humanos hasta cierto punto. Es algo extraño de observar para un occidental.

Foto 4.- Zócalo de sillería sobre el que se apoya la iglesia de Santa Sofía.

Enseguida llegamos a un cruce importante de calles donde se abre una gran plaza. Los edificios que nos rodean son de escasa altura y humilde porte. El ambiente es claramente de ciudad de provincias sólo moderadamente próspera. Durante la Edad Antigua y la Edad Media, Nicea fue una ciudad muy grande y populosa, la más importante de Bitinia junto a Nicomedia. Hoy en día sin embargo no supera los 15000 habitantes y sus días de gloria hace siglos que quedaron atrás. 

Foto 5.- Mosaico bizantino del siglo XI.

Resulta llamativo el hecho de que haya gente por todas partes. Serán las 9:30 de la mañana de un día de diario y una gran multitud, la mayoría hombres (de todas las edades), pulula de un lado para otro sin que parezcan estar ocupados en ningún asunto de tipo laboral. “¿Es que aquí nadie trabaja?” pensamos.

Foto 6.- Muralla romana de Nicea. Torre y muro anexo.

En dicha plaza hay un amplio espacio ajardinado en cuyo centro se alza la que fuera iglesia, hoy mezquita, de Santa Sofía (Aya Sofya en griego traducible como “la Sagrada Sabiduría”) –foto 3--. Su planta basilical y estilo arquitectónico son de claro tipo bizantino. Concretamente la iglesia fue erigida en tiempos del emperador Justiniano (A.D. 527-565) algo después de la construcción de su hermana mayor, la maravillosa Santa Sofía de Constantinopla. Tras la conquista otomana de la ciudad en 1331 fue convertida en mezquita y así continuaría durante varios siglos hasta que en 1922 los griegos (paradojas de la historia) la destruirían en el marco de la guerra de independencia turca. Tras una somera restauración (más bien consolidación pues poco más que apuntalar los muros y construir un tejado nuevo se ha hecho) el veterano edificio funcionaría a partir de 1935 como museo y nuevamente como mezquita desde el año 2011 hasta ahora.

Foto 7.- Torre semicircular peraltada. Base construida con  tambores de columna reaprovechados (spolia).

Como en ese momento estaba sonando por megafonía la llamada a la oración y había bastante movimiento de creyentes en los accesos a Santa Sofía decidimos entrar más tarde. De momento nos dedicamos a observar los muros exteriores de la iglesia, fijándonos especialmente en el magnífico zócalo de sillería (foto 4) sobre el que se apoya la iglesia y que a la postre constituye el más claro testimonio de su gran antigüedad. Junto a la fachada occidental de la basílica hay algunos restos excavados de un pequeño ábside de ladrillo y algunos mosaicos de tipo geométrico (foto 5) cubiertos por un robusto enrejado de forja. Estos mosaicos datan del siglo XI cuando la iglesia fuera parcialmente reconstruida tras ser gravemente dañada por un terremoto.

Foto 8.- Muralla de Nicea. En la parte superior de la torre de la izquierda podemos ver los restos de la bóveda que la cubría.

En esta iglesia de Santa Sofía se celebró el segundo concilio ecuménico de Nicea (año 787) concluido con la prohibición del uso de imágenes religiosas en el culto cristiano (iconoclasia). Previamente se había celebrado en Nicea, probablemente en la iglesia que se alzara en el mismo lugar donde hoy se halla Santa Sofía, el primer concilio de Nicea (325): importantísimo en la historia de la Iglesia pues fue en él donde se estableció el carácter divino de Jesucristo (en detrimento de la opinión del presbítero Arrio que lo consideraba no divino aunque superior al resto de los hombres) y se seleccionaron los evangelios de Juan, Lucas, Marcos y Mateo como los únicos aceptables canónicamente, relegando al resto a la condición de apócrifos o “no confirmados”.

Foto 9.- Puerta de acceso al interior de una torre.

Dejamos el emplazamiento de Santa Sofía por la calle ancha que, partiendo de la plaza, se dirige hacia el sur. Se trata del antiguo Cardo Máximo de la antigua Nicea tal y como averiguamos en un plano que hay por la zona. A los lados hay muchas tiendas de productos cerámicos esmaltados con vivos colores entre los que destaca un hermoso tono de azul. Por lo visto la ciudad de Iznik es famosa en Turquía por sus cerámicas; habiendo constituido esta industria el principal motor económico de la ciudad durante toda su época islámica. Es por ello que entramos en un pequeño establecimiento regentado por un amable matrimonio de ancianos y, tras algunas dificultades idiomáticas, compramos varias piezas de cerámica de Nicea a modo de souvenir.

Foto 10.- Tramo de muralla de Nicea visto por su intradós.

Tras un breve paseo llegamos al final del núcleo urbano, donde se alzan las moderadamente bien conservadas murallas. Al otro lado de las fortificaciones nicenas se abre ya la campiña interrumpida por algunos edificios modernos, pocos, entre ellos un instituto de enseñanza secundaria del que están saliendo en ese mismo momento un gran número de adolescentes turcos.

Foto 11.- Éste es uno de los paramentos mejor conservados de la muralla de Nicea, donde se aprecia claramente la disposición de los mampuestos por hiladas y las líneas de 4 hiladas de ladrillo que regularizan el muro a intervalos.

Las murallas de ese sector están en este momento en restauración, a nuestro juicio excesiva, de ésas que cuando acaban ya no se sabe seguro si la estructura en cuestión es antigua o no tanto. Una de las vistosas puertas de la ciudad (la puerta de Lefke) se muestra cubierta de andamios, lonas y demás. Un desastre… Por fortuna el resto del perímetro fortificado aún no ha recibido más que alguna breve intervención por lo que vamos a poder disfrutarlo sin alterar. 

Foto 12.- Calle de Iznik-Nicea contigua a la muralla.

Avanzamos en paralelo a la muralla por su lado de fuera a fin de observar detenidamente los imponentes torreones y muros (foto 6). La gran mayoría de los primeros tienen planta semicircular ligeramente proyectada hacia el exterior (peraltada) con un diámetro de entre 5 y 7 metros. Se trata de un tipo de fortificación típicamente romano con infinitos ejemplos de un extremo al otro del Imperio. Las bases de las torres están fabricadas en sillería de gran tamaño, la mayor parte de ella reaprovechada (spolia), motivo por el que muchas veces no encajan bien las juntas entre bloques y el uso de ripios diversos (mampuestos pequeños, trozos de ladrillo, etc) resulta obligado para uniformizar las superficies. Incluso no son raros de encontrar tambores de columna empleados como bloques –foto 7-- y también fragmentos de cornisa labrados. El alzado de las torres es completamente de ladrillo. Las estructuras mejor conservadas se elevan hasta los 13 metros de altura y conservan todavía, en su tercio superior, la cámara abovedada (foto 8) donde se ubicaban las máquinas lanzadoras de proyectiles con que contaba toda defensa urbana romana. A intervalos regulares las torres presentan accesos por el intradós de su piso inferior (foto 9), destinados tanto a subir a los pisos superiores como a los adarves de los muros. A las torres sin acceso por su parte inferior se debía llegar caminando por los adarves. Algunas torres se encuentran perforadas por dos puntos en sus pisos inferiores permitiendo el franqueo de la muralla; la mayoría se trata de toscas aperturas realizadas en épocas más o menos modernas para facilitar el trasiego de la gente de la ciudad, unas pocas, sin embargo, cubiertas por arcos de ladrillo, deben corresponder a antiguas poternas. Por una de esas poternas pasamos al otro lado de la muralla, esto es el interno.


Fotos 13 y 14.- Puerta occidental de la muralla. Arriba, arco triunfal romano, abajo puerta bizantina.

La observación del intradós de la muralla nos permite examinar largos tramos del muro niceno: más accesible y mejor conservado por este lado que por el otro (figura 10). Se trata de un muro de opus incertum romano, erigido empleando una mampostería bien escogida, de aspecto regular y tamaño mediano. Las hileras de mampuestos están colocadas con pericia formando líneas razonablemente rectas, a la sazón regularizadas cada siete u ocho hiladas (a veces alguna más) por cuatro hiladas de ladrillo (opus testaceum) dispuestos a soga. En los lienzos de muralla mejor conservados y/o más altos podemos contar hasta tres de esos grupos de cuatro hiladas de ladrillo (foto 11). Un adarve de sillería oscura, ligeramente proyectado hacia afuera, corona estos lienzos mejor preservados. El resultado es un muro de elegante aspecto al tiempo que sólido y duradero. 

Foto 15.- Ruinas del teatro romano de Nicea.

La cronología de esta muralla debe datarse entre la visita el emperador Adriano en el año 123, que ordenara la reconstrucción de la ciudad, gravemente dañada por un terremoto muy poco tiempo atrás, y el reinado de Alejandro Severo (222-235) cuyas acuñaciones en la ciudad muestran el circuito amurallado que la rodeaba, prueba de que ya estaba construido. Probablemente la obra sea más del siglo III que del II: así parece indicarlo la fábrica de ladrillo en las torres, la geometría de éstas, las bases de sillería abundantes en spolia (con materiales obtenidos de los edificios arruinados por el terremoto) y las series de 4 hiladas de ladrillo dispuestas a intervalos regulares (recurso arquitectónico característico del imperio oriental tardío y del imperio bizantino).

Foto 16.- Restos de la muralla de Nicea en el sector del lago Ascania.

Inmediatos a la muralla, separadas tan sólo por una carretera asfaltada, vamos viendo las casas de los habitantes de Iznik que en esta zona de la localidad son bastante humildes, llegando algunas hasta el desvencijamiento. Las calles ni siquiera están pavimentadas, incluso nos encontramos gallinas paseando por ellas (foto 12). No obstante se respira una marcada atmósfera de tranquilidad sin que en ningún momento detectemos la menor amenaza u hostilidad hacia nosotros.

Foto 17.- Muralla de Nicea en las proximidades de la puerta de Estambul. De izquierda a derecha: Antemuro medieval, Liza, torre abovedada y muro romanos.

La siguiente parada en nuestro paseo es una bonita puerta romana de sillería cubierta por un arco adovelado de medio punto (foto 13), erigida justo en en el punto donde la calzada procedente del oeste se convertía en el Decúmano Máximo de la ciudad al penetrar en ésta. Esta puerta de sillería, al igual que las otras tres que tuviera Nicea, una en cada salida de la
Foto 18.- Saetera en el antemuro medieval.
ciudad, no son contemporáneas de la muralla que hemos estado describiendo sino significativamente anteriores (ya lo veremos después), siendo construidas inicialmente a manera de arcos triunfales y luego incorporadas al recinto amurallado en el momento de la construcción de éste. De hecho la puerta de sillería de la que estamos hablando forma parte de una entrada fortificada más compleja, constituida por dos puertas consecutivas, de la cual ésta es la puerta interior. La puerta exterior, por su parte (foto 14), aunque concebida al mismo tiempo que el resto de la muralla del siglo III, corresponde en su forma actual, a juzgar por los paramentos observables, a un momento bastante posterior, medieval bizantino, fechable entre la reconquista cristiana de la ciudad en 1097 y la consolidación del llamado Imperio de Nicea en los años centrales del siglo XIII. De esta misma época datan también las torres de flanqueo cilíndricas que protegen esta puerta exterior y los muros que las conectan con ella.

Foto 19.- Torre medieval  bizantina realizada con sillería reutilizada. A su izquierda, muro romano.

Continuamos nuestro recorrido por el perímetro amurallado en dirección norte. Poco antes de llegar al lago Ascania, colindante con una barriada mejor urbanizada, con calles asfaltadas y viviendas mejor construidas y más espaciosas, nos encontramos con la gran mole del teatro romano de Nicea. Aunque parece estar en razonable buen estado de conservación (foto 15) no podemos verlo más que por fuera ya que está prohibido el paso a su interior hasta que concluyan las obras de restauración dentro de dos años según nos informa un amable vigilante.

Foto 20.- Torre medieval de sillería dominando de cerca un ángulo especialmente expuesto en el antemuro medieval.

De vuelta de nuevo en el lago, comemos en una terraza próxima a éste. En las proximidades se alza un trozo bastante grande de muralla, el único de cierta entidad que ha sobrevivido de la parte de fortificación que daba al lago (foto 16). Más adelante la muralla desaparece durante unos pocos centenares de metros. Cuando por fin reaparece no lo hace
Foto 21.- Torre medieval con múltiples
 tambores de columna reutilizados .
sola, sino acompañada por un antemuro o barrera situado a unos pocos metros por delante, dejando un espacio entremedias conocido, en terminología castellológica, como liza (foto 17). Este antemuro presenta una factura claramente medieval (siglos XII-XIII) y, aunque habíamos encontrado restos de él en otras partes del recinto, en ningún lugar se encuentra en tan buen estado como aquí. Incluso se pueden contemplar algunas saeteras bien conservadas (foto 18). Pero no será este antemuro el mejor testimonio de la Nicea medieval, que fuera capital del imperio Bizantino tras la conquista de Constantinopla por los soldados de la Cuarta Cruzada en 1204. No, ciertamente ese honor lo tienen las torres y muros de sillería que podemos encontrar un poco más adelante (foto 19), cuya cronología medieval está fuera de toda duda. Se trata de un sector de muralla prácticamente reconstruido por entero con abundante empleo de spolia (foto 21), complementado con algunas torres de similar factura erigidas en ciertos puntos estratégicos del recinto, normalmente dominando ángulos expuestos del antemuro. Un buen ejemplo de estas últimas es la de la foto 20.

Foto 22.- Puerta de Estambul. Pilares del arco de acceso interno a ésta.

Un corto paseo más y llegamos a la puerta oriental del recinto amurallado, también conocida como puerta de Estambul por levantarse al pie de la calzada que hasta dicha ciudad conducía. Al igual que la puerta occidental no se trata de un acceso simple sino de un complejo fortificado, formado por dos puertas sucesivas. De la primera (foto 22), mirando desde el interior de la muralla, quedan dos gruesos pilares de sillería reaprovechada (hay sillares almohadillados, otros que no, molduras, etc) lo cual nos permite datarlos en la época en que se construyera el circuito de murallas principal. Se supone que estos dos pilares serían el apoyo de un arco, probablemente de ladrillo, hoy desaparecido. En lo alto de dichos pilares podemos ver sendos sillares con una de sus caras talladas en forma de rostro femenino y rostro masculino respectivamente (foto 23). Tanto los ojos como la boca han sido vaciados en ambas tallas, con el resultado de que los rostros recuerdan a las máscaras que usaban los actores en el teatro. Ignoro si el lugar donde se encuentran en la actualidad sea el mismo que en el que fueron ubicadas originalmente. Lo que sí que parece seguro es que formaban parte de la puerta fortificada. La conclusión que se saca en tal caso, basándose en otros ejemplos similares, es que se trata de una representación de dos divinidades guardianas de la ciudad, localizadas en la que sin duda era la puerta principal del recinto amurallado a fin de obtener su protección y amedrentar al enemigo que las viera.

Foto 23.- Cabeza masculina y femenina ubicadas en el complejo fortificado de la puerta de Estambul.

La segunda puerta es un precioso arco triunfal majestuosamente construido en sillería, con bóveda de medio punto muy bien labrada así como flanqueado por dos hornacinas rectangulares cubiertas con su propio arco destinadas a albergar estatuas (foto 24). Una inscripción bastante desgastada nos informa que fue construido en honor de los césares Tito y Vespasiano, detalle éste que nos permite afinar mucho su datación: entre los años 70 y 79 de nuestra Era. Tan hermosa al tiempo que firme estructura se halla plenamente integrada en el sistema defensivo erigido en el siglo III. Así, apoyado tanto sobre este arco triunfal como sobre el arco de la puerta interior se construyó un portón-fortaleza de ladrillo. A juzgar por los restos de este portón-fortaleza conservados por encima del arco triunfal tenía al menos dos pisos de altura sobre dicho arco. Los ingenieros romanos consideraron que el peso de la estructura de ladrillo del portón-fortaleza podía ser excesivo para el arco triunfal, motivo por el que levantaran un arco de descarga en el primer piso, hecho también con ladrillo (foto 25) y que se ha conservado perfectamente. Finalmente, acoplaron un enorme torreón semicircular peraltado a cada lado del arco triunfal, conformando de tal forma una suerte de puerta fortificada realmente potente, digna de la mejor tradición romana.


Fotos 24 y 25. Arco triunfal del siglo I reutilizado como acceso exterior en la puerta de Estambul. En la foto 25 se puede ver el arco de descarga que aliviaba el peso del portón-fortaleza sobre el arco triunfal y también el trasdós de los torreones de flanqueo.

Las acuñaciones de Nicea contemporáneas del emperador Galieno (253-268) resultan particularmente interesantes en relación a lo que estamos hablando, pues no sólo exhiben una representación en perspectiva de la muralla de la ciudad sino que la puerta principal que aparece en las monedas parece reflejar con bastante fidelidad la estructura que acabamos de describir. En efecto, se aprecia el arco claramente el arco de medio punto central y también las dos hornacinas laterales adornadas con sendas figuritas claramente identificables con las estatuas que sin duda alguna se alojaban en ellas. Las arquerías superiores también aparecen representadas aunque de un modo menos ajustado a lo que se puede observar hoy en día. En la foto 26 podemos ver un ejemplar de estas amonedaciones.

Foto 26.- Moneda acuñada en Nicea en tiempos del emperador Galieno donde se observa una representación de la muralla de la ciudad.

Cercano esta puerta se hallaba el foro de Nicea, allá donde confluían el Cardo y el Decúmano máximo de la ciudad. Hoy en día se encuentra allí el museo arqueológico de Iznik que, al igual que el teatro, estaba cerrado por obras. Solamente pudimos contemplar y con bastante incomodidad algunos preciosos sarcófagos depositados en las inmediaciones de la verja que delimita el recinto del museo (foto 27).

Foto 27.- Espléndida tumba romana depositada en el jardín del museo arqueológico de Iznik.

Anochecía ya sobre la vieja Nicea cuando decidimos dar por terminada la visita e ir hacia donde teníamos aparcado el coche para continuar con nuestro viaje. Por casualidad pasamos de nuevo por la plaza de Aya Sofya y, comprobando que la iglesia estaba abierta y con muy poca gente en su interior, nos animamos a entrar en el sagrado recinto. El edificio ofrece poco que ver por dentro, se nota que fue muy dañado en 1922 y que la restauración efectuada ha sido de corto alcance (foto 28). Lo que sí merece la pena reflejar es la profunda calma que se respira entre esas paredes de ladrillo desvencijadas. El lugar sigue cargado de una magia, de un poder, de un sentimiento, de una fuerza, de un algo, difícil de explicar pero muy fácil de sentir. Rezamos en voz muy silente, para no provocar, un Padrenuestro. Por mucho que a día de hoy se la utilice como mezquita, Santa Sofía de Nicea siempre será una iglesia para los que creemos en Cristo y ella no dudará en confirmarte esa impresión haciéndote sentir más cerca de Dios cuando musites con devoción el Padrenuestro o cualquier otra oración cristiana. Estoy convencido de ello.

Foto 28.- Interior de la iglesia de Santa Sofía de Nicea. Se aprecia bien su planta basilical.

Ya noche cerrada salimos de Iznik y conducimos durante una hora larga hasta llegar a Bursa, donde íbamos a alojarnos esa noche. Por fortuna el GPS no se comportó mal esta vez y logramos orientarnos con éxito en una gran metrópoli de nada menos que 3 millones de habitantes…