lunes, 23 de diciembre de 2013

La ciudad de CONSABURA (Consuegra). El paso de Roma por la Carpetania.

Los orígenes de Consabura (actual Consuegra, en Toledo) se remontan al siglo VI a. C., momento en que la arqueología detecta la presencia de un oppidum –poblado fortificado—en la cumbre del Cerro Calderico, hoy ocupado por el célebre castillo de la localidad y sus no menos afamados molinos de viento. 

Perteneciente a la etnia prerromana de los carpetanos, el asentamiento fue conquistado por las tropas romanas en algún momento situado entre el 192 a.C. –fecha de la conquista romana de Toledo por el pretor de la Ulterior M. Fulvio Nobilior—y el 182 a.C. –fecha de la conquista del oppidum de Contrebia Cárbica por el pretor de la Citerior Fulvio Flaco--, con preferencia hacia la primera de estas fechas dada la proximidad geográfica entre Toledo y Consuegra así como la ausencia de accidentes geográficos relevantes entre ambas.

Presa romana de Consuegra/Consabura. Lado de aguas arriba (embalse).

Parece ser que la Consabura carpetana no se entregó de grado a los nuevos señores de la región, toda vez que Plinio el Viejo la cita como Ciudad Estipendiaria, esto es sujeta al pago de un tributo –el stipendium—al pretor romano de la Citerior. Sea como sea, la ausencia de referencias en los textos latinos contemporáneos induce a pensar que bien la plaza se entregó sin excesiva resistencia, bien era demasiado pequeña como para representar un desafío importante a las águilas romanas, digno por tanto de reflejarse en las crónicas.

El carácter de la región carpetana de nexo de unión entre la submeseta norte y por ende las comarcas septentrionales de la península, con los sectores meridional y levantino de ésta, propició la construcción de una completa red de calzadas surcando sus amplias llanuras, en buena lógica concebida por el poder romano tan pronto la Carpetania se consideró razonablemente sujeta y pacificada al término de las guerras celtibéricas. Para el caso de Consabura, son dos las referencias antiguas relativas al paso de vías por sus proximidades, de tal manera que podemos asignarle el carácter de mansio viaria. Probablemente sea éste el motivo, unido al siempre interés estratégico de situar las poblaciones recién sometidas en localizaciones difíciles de defender, de que el asentamiento del cerro Calderico descendiera al llano, justo el lugar donde se asienta la actual Consuegra, en fecha temprana.

Presa romana de Consabura. Contrafuertes en el lado de aguas abajo (trasdós).

La referencia más antigua de las dos a las que aludimos es el Itinerario de Antonio, cuya ruta A Liminio Toletum sitúa Consabura entre las mansiones de Murum (cerca de Villarta de San Juan, Ciudad Real) y Toletum. Por su parte, el Ravenate sitúa Consabura, con el nombre de Consabrom, en una ruta entre Complutum y Castulo, concretamente entre las etapas de Moroin (Muro) y Lebinosa (Lisibosa). Resulta destacable que esta ruta no sería ni mucho menos de nueva fundación, siendo más bien una sucesión de tramos pertenecientes a tres de las rutas antonianas. Esto se aprecia claramente en el tramo Consabura-Murum, perteneciente a la calzada A Liminio Toletum que citáramos anteriormente.

El hecho de que una ruta capaz de conectar las dos submesetas con la Bética --la Castulo-Complutum—tuviera como parada Consabura a diferencia de la época antoniana, donde Consabura sólo era mansio de una ruta menor, nos pone tras la pista de la relativa importancia alcanzada por la ciudad a partir del siglo II d.C. Esto no es de extrañar dado el ascenso de la antaño ciudad estipendiaria a la categoría de Municipio romano, suceso datado en el año 73 d.C. a resultas de la concesión a todas las ciudades de Hispania del Derecho de Latinidad (Ius Latii) rubricada por el emperador Vespasiano. Es en este momento cuando Consabura aparece citada por primera vez en las crónicas latinas, destacándose como una de las tres cabezas de la Carpetania (Toletum y Complutum serían las otras dos), lo que explica perfectamente el “desvío” por la ciudad de una de las vías principales entre el norte y el sur de la península, antaño situada algo más hacía el este.

Presa de Consabura. Contrafuerte de mampostería tosca ligada con mortero de cal. Se encuentra bastante desgastado.

El acceso de Consabura al rango municipal se tradujo en la construcción de una nutrida serie de edificios y obras públicas destinados a equipar la ciudad de acuerdo con su nuevo estatus. Entre los primeros podemos destacar los restos localizados en la llamada “Casa de la Tercia” y sobre todo las ruinas, hoy enterradas, de un magnífico circo con capacidad para 10.000 espectadores nada menos. En cuanto a las obras públicas, resulta destacable el nivel alcanzado por los ingenieros romanos a la hora de resolver el problema del suministro de agua tanto a la ciudad en sí como a las villae agrícolas del entorno. Es así como conservamos los restos de un acueducto a 23 kms al oeste de Consuegra, el llamado acueducto de las Guadalerzas, así como una presa a 4 kilómetros de la ciudad, que recogía el agua del río Amarguillo, afluente del Cigüela.

Esta última estructura es, con diferencia, el monumento romano más importante de Consuegra. Construida en aparejo de mampostería simple unido con mortero de cal --Opus Incertum--, cuenta con un muro pantalla de nada menos que 800 metros de largo, cifra ésta que permita calificarla como la más larga de las presas romanas conservadas en el territorio del antiguo imperio. No obstante, este muro es más bien estrecho –aproximadamente 1,5 metros--, careciendo también de la sucesión de capas efectuadas en distinto aparejo propia de las presas mayores, lo que  nos informa de la concepción limitada del monumento a pesar de su enorme longitud.

Presa de Consabura. Coronamiento (actual) en el que se aprecia la homogeneidad de aparejo en toda la sección del muro.

La estabilidad de este muro pantalla, aunque problema siempre capital en una obra de este tipo, no debió constituir un asunto crítico en esta ocasión debido a su baja esbeltez[1], lógica por otra parte en una presa tan larga, donde es evidente que se buscó incrementar la capacidad cúbica del embalse a costa de incrementar su superficie. En realidad, dado el emplazamiento escogido para la presa, en terreno llano y abierto con lo que esto supone de dificultad para retener el agua, así como valiéndose de un río de caudal pequeño pero sujeto a fuertes incrementos estacionales, era ésta la única manera de conseguir un vaso con capacidad suficiente para aprovisionar todos los puntos necesitados de agua. Desde luego, lo que no se podía hacer era incrementar el cubicaje a fuerza de elevar un muro pantalla demasiado fácil de colapsar a la primera avenida seria.

Datada en las primeras décadas del siglo II d.C., la presa de Consabura fue diseñada como una presa de gravedad al igual que la gran mayoría de las presas romanas. En la actualidad ha desaparecido buena parte del espaldón de tierra que, contrarrestando el empuje del agua embalsada, aseguraba la estabilidad del muro pantalla. Lo que sí que se conserva en buen estado es una serie de 15 contrafuertes localizados cerca del estribo izquierdo de la presa así como emplazados en el trasdós del muro (en ambos casos mirando desde el embalse), lo que evidencia su función de refuerzo del muro pantalla frente al empuje del agua (no de elemento contrarrestador del empuje del espaldón a embalse vacío como ocurre en otras presas) en una zona potencialmente crítica como es el cauce natural del río Amarguillo. De hecho, estos contrafuertes se encuentran en las proximidades del punto en el que la presa se quebrara en el pasado, al pie del cual discurre hoy plácidamente la corriente del Amarguillo, por lo que se debe reconocer la idoneidad de su emplazamiento. 

Sección longitudinal del muro pantalla muy fácil de observar en el punto en que éste se rompiera. Se observa el aparejo de Opus Incertum, con los mampuestos de los paramentos algo mejor desbastados que los del núcleo, totalmente informes.

El motor económico del municipio consaburense debió ser la agricultura, nada mala dada la feracidad de los campos de la zona, máxime tras haberse preocupado de compensar la baja pluviosidad de la meseta castellana con la construcción del sistema hidráulico anterior. No obstante, algunos autores apuntan a la existencia de una actividad minera de cierta importancia radicada en las estribaciones septentrionales de los Montes de Toledo y que debía ser dirigida desde Consabura. Esto explicaría detalles anómalos como el gran tamaño del circo: excesivo para un núcleo como Consabura, desde luego nunca muy poblado así como cabeza de una comarca en la misma situación a juzgar por la relativa brevedad de su registro arqueológico, pero no extraño en una ciudad minera, frecuentemente tan rica como ostentosa. Sea como sea, a día de hoy no se ha podido demostrar arqueológicamente esta aseveración, de modo que lo más correcto es situar a la agricultura como motor principal de la economía consaburense.

Aunque carecemos de datos arqueológicos que lo avalen, es muy probable que la crisis del siglo III afectara bastante al municipio consaburense. Así parece indicarlo la escasez de hallazgos arqueológicos correspondientes al bajo imperio romano. Con todo, no parece que la ciudad llegara a deshabitarse nunca, si bien es evidente que perdió gran parte de su influencia en beneficio de Toledo, capital del reino visigodo de Hispania desde el año 567. Por otra parte, no resulta ilógico afirmar que esa cercanía a la capital visigoda, si bien debió causarle el perjuicio antes indicado, también pudo ser la causa de que el lugar no se abandonara como tantos otros en nuestra península. Y es que no en vano Consabura constituía una atalaya perfecta para Toledo, emplazada como estaba en medio del camino que, desde el sureste, conducía hasta la ciudad del Tajo. Desde luego, éste fue el papel que representó tras la invasión musulmana, momento en que quedaban ya muy atrás los mejores años del otrora esplendoroso municipio consaburense...



[1] Aunque es probable que la presa haya sufrido un cierto recorte en su altura en los últimos veinte siglos, lo cierto es que tanto su escasa sección horizontal como el perfil recto, no ataludado, de la vertical permiten asegurar que nunca fue mucho más alta de lo que ahora es.