Estamos
en la puerta de la muralla de la acrópolis de Pérgamo, pisando las milenarias
losas de la que fuera calzada principal de la ciudad, allá en su cota más alta,
donde finaliza. Miramos por última vez al interior de la acrópolis antes de empezar
a descender por la colina. Durante muchos cientos de metros no haremos otra
cosa que bajar hasta llegar a la base de la colina, donde las últimas ruinas
pergamenas dan paso a los edificios de la moderna Bérgama. Para orientarnos en
nuestra visita extramuros vamos a subir de nuevo el plano de la entrada
anterior (figura 1).
Figura 1.- Plano del yacimiento pergameno (colina fundacional).
Tras
dejar a un lado los restos del Heroon y las estructuras habitacionales que
conocimos en la entrada anterior, nuestros ojos se posan en una amplia
explanada aterrazada que queda a nuestra derecha a una cota sólo ligeramente
inferior a la de la acrópolis. En el centro de esta explanada se alzan los
pobres restos de la que fuera la joya de la corona de la Pérgamo clásica: el
célebre Altar de Zeus. Hoy en día no quedan nada más que algunos peldaños de su
escalinata (foto 1 – punto 13 del plano) y unos pocos restos de muros informes,
poco significativos. Pero cuando los alemanes lo excavaron a finales del siglo
XIX estaba razonablemente bien preservado y tanto les gustó lo que vieron que
consiguieron el permiso de las autoridades otomanas para desmontar pieza a
pieza la estructura y trasladarla a Alemania, pudiendo contemplarla hoy en día
en el museo de Pérgamo de Berlín.
Foto 1.- Escalinata del Altar de Zeus.
El
Altar de Zeus fue construido por el rey Eumenes II para conmemorar las
victorias de su padre, Átalo I, sobre los bárbaros gálatas. Múltiples sillares
de oscura andesita, pulcramente tallados, fueron utilizados durante su
construcción, conformando una estructura muy elegante, de fuerte sabor
helenístico. Finalmente la obra fue embellecida con multitud de paneles
magníficamente esculpidos en altorrelieve, representando la “Gigantomaquia”,
esto es la lucha primigenia entre los dioses del Olimpo, liderados por Zeus, y
las fuerzas del inframundo, comandadas por Caos. Desde muy pronto el Altar de
Zeus fue considerado una obra maestra de la arquitectura de su tiempo,
atrayendo visitantes de todas partes del mundo helénico. Se piensa que el
“Trono de Satán” ubicado en Pérgamo al que se refiere San Juan en su
Apocalipsis (2: 2-16) era precisamente este espacio de adoración al dios
supremo de griegos y romanos (éstos en su versión latina: Júpiter). En la
actualidad los relieves escultóricos del altar de Zeus son considerados la obra
cumbre de la escultura helenística. La magnífica representación artística de la
figura 2 puede servirnos para admirar el aspecto que tuviera el altar de Zeus
en sus mejores tiempos.

Figura 2.- Representación artística del Altar de Zeus. En segundo plano se encuentra el Santuario de Atenea, al fondo podemos ver el Trajaneum y el teatro helenístico.